Constitucional - Derechos Humanos - Familia

El matrimonio en California y la conversación constitucional

Luego que el Tribunal Supremo de California declarara que, bajo la constitución de este estado, toda persona tenía derecho a contraer matrimonio independiente del sexo de los contrayentes, la ciudadanía californiana aprobó por referendo una enmienda constitucional para proveer que el matrimonio sólo procederá entre personas de sexo opuesto.

Para los que proponemos que el matrimonio debe reconocerse a toda persona, este resultado electoral representa un golpe. Es muy fácil concluir que por contar con el cedazo popular, contrario a la decisión judicial, esta elección es supremamente legítima y, por ende, irrevocable por los tribunales (federales). La democracia, sin embargo, no siempre requiere obediencia ciega a los dictámenes de la mayoría. Fue la mayoría de la población norteamericana la que mantuvo por décadas a ciudadanos bajo un régimen de separación racial y fue esa misma mayoría la que en Puerto Rico aprobó leyes para amordazar la libertad de expresión cuando el movimiento nacionalista brillaba en la isla. La historia se desborda de instancias en que las mayorías abusan y atropellan.

Así, aun cuando la mayoría de la población dispone un mandato claro, estos mandatos deben sujetarse a los principios constitucionales que enmarcan su radio de acción. El respeto a la dignidad humana y el compromiso con la igualdad, así como el respeto a la diferencia, son instancias concretas de valores constitucionales que impiden a las mayorías tomar ciertas decisiones. Los derechos constitucionales son, precisamente, reclamos que tenemos frente al estado y frente a las mayorías pues sin ellos no podríamos instaurar un sistema respetuoso de los valores políticos (libertad, igualdad, dignidad) que sirven de premisa a todo el sistema. Los derechos constitucionales, entonces, impiden que destrocemos la zapata filosófica sobre la que se monta nuestra vida en comunidad.

Ahora bien, si el referendo en California enseña algo es que hay más de una forma de promover derecho transformador. No sólo a través de los tribunales se canalizan las conversaciones constitucionales. La ciudadanía por sí misma tiene formas para encausar sus propuestas, haciéndose responsables de los cambios sociales y partícipes del proceso político. Esta discusión no sólo es saludable, sino necesaria para desarrollar un sentido maduro de auto determinación política… para sentirnos capaces de forjar nuestro destino. El que los Californianos, como sostengo, se hayan equivocado no le resta al hecho de que el proceso político está abierto (en algunos lugares más que en otros) para que mantengamos una conversación seria sobre los asuntos políticos y constitucionales de nuestra era. Ahora bien, esta conversación no puede ni debe excluir a los tribunales pues, si hay una proposición básica a la que debemos estar alerta es que, los pueblos aunque sabios a veces atropellan; y es contra ese atropello que la constitución y los tribunales acuden.

Vamos a ver cómo continúa la conversación en otros lugares del planeta y cómo se involucran los grupos sociales, políticos y las diferentes instituciones del Estado. Lo importante es que la conversación continúe..

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