Legislación

La ley y el principio de la autonomía universitaria

Comienza un nuevo año y con éste una nueva Asamblea Legislativa. Entre los proyectos que he podido revisar, destaca de manera particular el P. del S. 30, mediante el cual se pretende aumentar de 13 a 31 el número de miembros de la Junta de Síndicos de la Universidad de Puerto Rico. Merece varios comentarios.

Primero, el más obvio. En tiempos de estrechez económica y ante el reiterado mensaje del Ejecutivo de buscar un Gobierno más pequeño, el Legislador presenta un proyecto para duplicar el tamaño de una estructura pública, sin identificar las fuentes que financiarán ese incremento monumental de un organismo directivo que no presta un servicio directo a la comunidad. Más sentido tendría, por ejemplo, una legislación que redujera el número de sus miembros de 13 a 11.

Segundo, como cuestión de administración pública, una Junta de 31 miembros es algo cerca de inmanejable. Lejos de facilitar la gestión pública, la complica.

Tercero, este asunto no ha sido evaluado ni recomendado por ninguno de los múltiples organismos académicos de la Universidad de Puerto Rico. Tampoco ha sido recomendado por ninguno de los organismos llamados a auditar la Universidad. Como cuestión de hecho, es contrario a todos los estudios, recomendacioes y esfuerzos de los últimos años, dirigidos todos a reducir la burocracia y el gasto operacional de la Universidad. En cualquier caso, en deferencia a la comunidad universitaria, un cambio de esta naturaleza tiene que surgir de la propia Universidad como una recomendación al Legislador, no a la inversa.

Las Leyes Número 1 y 2 de 20 de enero de 1966 establecen la estructura orgánica de la Universidad de Puerto Rico, fundamentadas ambas en el principio de no intervención política en los asuntos universitarios. Estas leyes implican un pacto social mediante el cual el Estado le reconoce a la Universidad un amplio margen de autonomía administrativa y fiscal. Ese pacto social no es perfecto, pero ha funcionado muy bien para Puerto Rico. Procede entonces fortalecerlo, no debilitarlo..

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