Educación Jurídica - Responsabilidad Profesional

Same Same

Guillermo Rebollo-Gil nos envía esta columna/reflexión sobre un tema absolutamente necesario de discutir y que no debemos pasar por alto: los motivos y el acceso al estudio del Derecho, tema de relevancia no solo para la academia y la profesión sino para el país entero porque repercute directamente en su sistema de Justicia y en sus instituciones. Guillermo lanza el reto de pensar y dialogar sostenidamente -aunque incomode- ‘con genuino interés’ sobre los motivos de nuestra presencia en el mundo del Derecho. Aquí va: (pueden accederla también en su blog Empty lots).

Same Same

Cabe preguntarse qué hacer con el estudio del Derecho cuando la conversación gira alrededor de motivos y acceso. Cuando la intención es extender el alcance y con él, las posibilidades de determinado espacio académico para que “los mismos” no sean el todo (ni los muchos).

Los mismos, en este contexto, siendo aquellos/as para quienes la carrera en Derecho más que alternativa viable, es privilegio implícito de clase y por ende, decisión anti-crítica, casual. Lo cual explica porque tantos/as de mis compañeras/os comienzan y terminan su discurso del por qué estudiar Derecho con a) Porque la profesión paga (y/o papi me la paga), b) Porque no puedo ver sangre, c) Porque uno puede hacer lo que quiera con el grado y yo quiero vender casas/ indulgencias/ favores políticos, d) Porque mi padre es juez (personal favorite).

Estas razones son problemáticas no sólo por cuestiones morales, sino porque fallan en provocar un acercamiento a la disciplina que fomente discusiones rigurosas de la materia. Porque las mismas denotan el desinterés craso de quienes poseen tan libre acceso a los medios de conocimiento, que estos son vistos como ritos molestosos, inconvenientes a soportar para asumir el estatus y recibir los beneficios que otorga la profesión.

La pregunta por los motivos entonces aburre, confunde, o resulta impropia para estos futuros practicantes. No obstante, las aulas permanecen repletas con muchachas/os muy bien preparados académicamente sin manera de explicar su presencia allí con claridad, concentración o compromiso.

Hablo de mi por supuesto, y de otros/as. Y no pretendo hacer generalizaciones injustas. Para el que se pique y ya. Eso basta. Pero lo cierto es que procede picarse y discutir el tema con genuino interés y cuestionar nuestra presencia en la Escuela como parte de un diálogo sostenido y coherente sobre los motivos detrás del exceso de acceso para aquellos con tan tristes articulaciones del por qué..

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  • JC Ramirez

    Cuando entré a la Escuela, mi desilusión fue grande. Esa desilusión consistió en que, dentro de mi ingenuidad, esperaba estar rodeado de un estudiantado diverso y heterogéneo, como el que acostumbraba ver durante mi bachillerato, en donde existieran diferentes motivaciones para que estuvieran allí. Sin embargo, eso no sucedió. Me topé con un grupo de jóvenes muy preparados en diversos campos pero muy homogéneos en su trasfondo. Admito que me sentí raro al ver que muchos compañeros tenían de esos apellidos raros y de alta alcurnia, y que el mío era meramente ‘Ramírez’. Vi a compañeros que conocí durante mi bachillerato cambiar su mahón, ‘t-shirt’ y ‘tenis’ por camisas de manga larga, zapatos y pantalones de vestir. De repente me sentí como un extraño dentro del campus universitario que conocí durante mis estudios de bachillerato. Fue esto lo que me llevó a pensar ¿qué sucedió aquí?

    Definitivamente la contestación a mi pregunta se puede encontrar en el acceso la y las motivaciones a entrar en la profesión. Evidentemente, somos minoría los estudiantes que no pertenecemos a alguna ‘Dinastía Jurídica’. Creo que de las motivaciones para entrar a estudiar Derecho hay dos que sobresalen: 1) mi papá/mamá es abogado/a (juez, político/a), y 2) la profesión deja dinero. Es muy cierto que la gran mayoría estudia esto por las razones equivocadas, pero al fin y al cabo coincido en que las razones para entrar a estudiarlo no deben ser impedimento, pues en el futuro las razones para practicar podrían ser verdaderamente válidas. Sin embargo, me choca mucho el perfil del estudiante de Derecho que veo ahora y que estoy seguro ha sido el perfil por décadas.
    A veces la Escuela se torna en una especie de club exclusivo, algo así como el Club de Leones o de Rotarios. Los estudiantes viven de las experiencias de sus predecesores en las Dinastía Jurídica y se alejan de la realidad. De repente se siente uno en una escuela, pero no de Derecho sino Superior, con los ‘cliqs’ y todo. La realidad es que como dice el refrán ‘el que tiene padrino se bautiza’ y cuando se tiene a un buen padrino o se es parte de la Dinastía Jurídica, poco importan las motivaciones, estudiar es meramente un medio para lograr ese fin que es la prominencia económica. Quizás la culpa no es de los estudiantes sino de lo que el viejo Marx llamó la lucha de clases. Ciertamente, si las clases privilegiadas son las que tienen el acceso a una educación postsecundaria no podemos esperar que las razones ni los perfiles de los estudiantes cambien. Es un problema mucho más profundo que el que pensamos y se centra en el acceso a educación de calidad en el país (elemental y secundaria). No debe ser casualidad que la inmensa mayoría de los que estudiamos esta profesión no hemos sido producto de la educación pública. Pero no deja de preocuparme que la Escuela de Derecho del Estado, se asemeje cada vez más al de los llamados guaynabitos.

  • p_nut33

    Al vivir en un sistema capitalista (esto lo digo con vergüenza y no con orgullo) no nos deben sorprender las motivaciones iniciales de nuestros compañeros estudiantes y practicantes. Creo que de igual forma no nos debe sorprender en muchos casos, al igual que sucede en otros campos, que el ser humano elige un determinado curso en su vida por la simple referencia de algún modelo previo sea por vía de un familiar u otra figura de admiración. Tampoco debemos ignorar que el mismo Derecho padece, de no saber lo que quiere ser. Sea por vía del supuesto “derecho natural”, por el mero positivismo o por el mero consuetunidarismo (que dan paso al machismo, la homofobia y el racismo entre otros fenómenos), no es extraño encontrar las opiniones divergentes en cuanto a que debe ser el Derecho. Lo que ha demostrado el derecho con mayor fuerza en los pasados años es simple, como herramienta para fomentar la igualdad y la justicia, se encuentra fatalmente viciado. No hay forma de conciliar el despido de miles de empleados públicos, el arresto y opresión de estudiantes que manifiestan su derecho a la expresión, la indiferencia ante las comunidades y el desprecio al ambiente con conceptos de igualdad y justicia. La textura abierta del derecho es un arma de doble filo. Por ende, ante todo esto, no es sorprendente para mi encontrar estas variadas posturas entre el estudiantado. Ante esto, corresponde al sistema educativo afrontar estas lamentables realidades. El problema no es de Derecho propiamente, sino de los valores de nuestra sociedad. Laissez faire mon amis, Laissez faire.…