Educación Jurídica - TSPR

Crunch Time

El señor Steven Emanuel es un empresario muy astuto. Tras graduarse de Harvard Law School se dedicó a producir repasos cortos y al grano para estudiantes de derecho sobre diversas áreas tales como Contratos, Constitucional, Propiedad Intelectual y Derecho de Evidencia. Los más famosos son los Emanuel Outlines pero también genera CrunchTime, Law in a Flash y Strategies & Tactics. Todos los hemos visto y, por qué no, cuando estudiantes los usamos para ayudarnos a organizar todo el material que atosigamos justo antes de un examen. Organizaditos, coloridos y sencillos. Ahhh. Sensación de orden que brinda tranquilidad espiritual a cualquiera que conoce del caos jusriprudencial que es inherente a lo jurídico. Por supuesto, es todo un engaño. No hay tal cosa como Black Letter Law, ni un grupito de reglitas sencillas que nos resuelvan los problemas jurídicos. Pensar que estos repasos son fórmula mágica para comprender la complejidad del campo, es como creer en el ratoncito. Los Emanuel ignoran realidades sociales, problemas de hermenéutica, el análisis de principios, propósitos y políticas detrás de las leyes (si es que son acequibles), entre otras cosas. Descansar en estos productos comerciales en la práctica de la profesión, en cualquiera de sus dimensiones, simplemente equivale a no practicar la profesión de la abogacía. ¿Verdad? Es obvio, ¿no? Los profesores no descansamos en ello, los abogados no le dicen al cliente “mira, vamos a ganar el caso porque lo dice el Emanuel” y los tribunales no fundamentan sus Opiniones con estos repasitos. En cambio, usamos casos, leyes, tratados, artículos de revista que revelan análisis jurídico serio, etc. No hacerlo sería pura vagancia, ¿me equivoco? Sólo hago referencia a la nota al calce 25 del siguiente caso: Berríos Falcón v. Torres Merced, 30 de abril de 2009, 2009 TSPR 69..

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  • Hola a todos y todas,

    Hay mucho que comentar, pero me limito a lo inmediato:

    1- Muchos comentarios se dirigen a cuestionar la pertinencia de debatir el uso de fuentes por el Tribunal sin atender la sustancia del caso. Son comentarios bienvenidos y es precisamente ese cuestionamiento el que se quiso atender con esta entrada, antes de que la discusión se degenerara. El análisis sustantivo y social de la jurisprudencia del Tribunal Supremo lo hacemos en este Foro todos los días (así como de Leyes y otros elementos que comprenden lo jurídico y la profesión jurídica) y lo llevamos haciendo durante toda nuestra carrera profesional (en artículos y otros foros) independientemente de la composición del Tribunal. Precisamente lo que se quiere resaltar es el efecto singular (independiente de los méritos del caso), el valor simbólico, jurídico y político que tiene la ya famosa cita. Ya se ha discutido este asunto aquí, aquí, aquí y aquí, por lo que no abundo en ello por el momento, aunque seguiré discutiendo el tema en los días por venir tras considerar los comentarios que quedan sobre la mesa.

    2- Muchos otros comentarios se refieren a la manera en que se conduce la critica al Tribunal, y sobre ello hemos discutido también la importancia de mantener una discusión vigorosa del desempeño, no sólo del Tribunal Supremo, sino de todas las instituciones políticas de Puerto Rico. Sí, dije política (no político-partidista, que a veces se confunde). La Judicial es una de las tres ramas del gobierno de Puerto Rico y como alegada garante del imperio de la ley se debe sujetar al proceso político de crítica ciudadana. También comenté algo acerca de eso aquí y cito algo que Érika escribió en ocasión del episodio de la Doble Vara llamando atención al hecho de que, precisamente porque se trata de funcionarios no electos, la vigilancia al Tribunal es apremiante.

    La idea del debate serio, respetuoso y deliberativo debe ir dirigida a propiciar más discusión pública y no menos, debe ir dirigida a fomentar la fiscalización de las tres ramas de gobierno por parte de la ciudadanía, debe tener el propósito de generar un mayor ejercicio de libertad de expresión, garantizando la posibilidad de crítica, de intercambio de ideas y la posibilidad de cuestionar a quienes están en posiciones de poder, bien porque son electos, pero mucho más urgente si no lo son.

    3. Lo anterior me lleva a resaltar un asunto vinculado a la crítica al Tribunal: las referencias repetidas a sanciones disciplinarias. Francamente me causa mucha tristeza e indignación conocer que colegas de esta comunidad jurídica han aceptado la autocensura como punto de partida para el debate sobre nuestras instituciones. Me preocupa además que ello tenga el efecto de atemperar la crítica de miembros de esta comunidad a sus instituciones, en particular la judicial. Para que quede claro y miembros de este foro no se sientan coartados, en un sistema democrático como el nuestro, y salvo casos sumamente extremos, no es posible que un tribunal tenga la facultad de sancionar el cuestionamiento a su desempeño. El día que eso ocurra, sencillamente estaríamos en otro Puerto Rico. La legitimidad e imagen de la institución es, hasta cierto punto, secundaria en cuanto a la libertad de expresión concierne. No nos toca a nosotros rehabilitar la imagen de instituciones desgastadas si éstas no ponen de su parte. El respeto y la confianza de la ciudadanía no es gratis, se lo ganan las instituciones a base de su desempeño. El único requisito de deliberación pública es, claro está, el de discusión razonada y seria, de manera que cada cual esté dispuesto a defender sus posturas con argumentos que pueda explicar. Ello no es impuesto por el Estado, sino por las normas sociales elaboradas con la práctica discursiva de la gente que aquí se congrega. Sin embargo, algunos (o unos pocos con muchos nombres), hablando desde diversas perspectivas, han rebasado el límite por todos y todas aquí reconocido, tal vez para escalar la discusión o descontrolar el debate y así deslegitimar este foro u honestamente pensando que así se es productivo. (Y para que quede claro, el problema aquí no es el anonimato, elemento fundamental a la libertad de expresión. Sin éste muchas verdades quedarían calladas.) Todo ello es muy lamentable, pero el punto aquí no es censurar o acallar estas voces. Todo lo contrario, queremos más voces, más crítica razonada y más conversación sobre lo social y sobre nuestras instituciones jurídicas. Si estas críticas tienen que ser severas, pues así será, como siempre ha sido. Pero está de parte de esta comunidad si se continúa la discusión sobre los temas que tenemos de frente o si se reformula el propósito de este foro.

  • Empiezo por expresar mi desaprobación respecto algunos de los comentarios que se han vertido en este foro. ¡Indignado! y Anónimo para morir deben disculpas por su lenguaje violento y honestamente fuera de lugar. Pero como todo cobarde se esconden tras el anonimato, lo cual me parece lamentable pero enteramente consistente con los vicios del internet en manos de personas desadaptadas. Estos blogs de la Universidad de Puerto Rico jamás se comparan a los blogs de universidades verdaderamente prestigiosas como Harvard, Princeton o Yale. Se equivoca el profesor Hiram Meléndez al afirmar que estas expresiones están protegidas por el derecho a la libre expresión, e incluso la columna entera debía ser borrada por violar lo que considero la moral. Respaldó mi punto citando directamente al juez Frank Murphy:

    The “freedom of speech” protected by the constitution is not absolute at all times and under all circumstances and there are well-defined and narrowly limited classes of speech, the prevention and punishment of which does not raise any constitutional problem, including the lewd and obscene, the profane, the libelous, and the insulting or fighting words which by their very utterance inflict injury or tend to incite an immediate breach of the peace.

    Chaplinsky v. State of New Hampshire, 315 U.S. 568 (1942).

    Pero tranquilo, no gastaré mi tiempo haciendo denuncias aún cuando entiendo que este espacio es un desperdicio de la capacidad intelectual de nuestra juventud. Aquí recurren a la violencia para justificar un punto de vista, a la virulencia, a la intimidación, a la amenaza, que tristeza ver esto sucediendo en Puerto Rico. Sin duda, se sienten instigados por el fanatismo de un profesor que no habla claro en cuanto a su posición respecto al asunto político de mayor relevancia en esta isla. En cambio se escuda tras una novelesca e inventada falla de nuestro Honorable Tribunal Supremo para subliminalmente sugerir un mensaje político. Hiram: Jaime Mercado, Jesica y Yaniris tienen razón, piénsalo. En mis años como abogado y estudiante de Derecho he preferido permanecer silencioso en mucho debate de carácter político, todo con tal de evitar provocar a la gente. No obstante mi posición siempre estuvo clara: creo en el fin de la colonia y en el inexorable reconocimiento de la nación Americana de Puerto Rico como Estado digno y glorioso. Porque somos un pueblo simplemente histórico. Es una cuestión de dignidad y creo que estamos en posición de reclamar nuestros derechos, algo que sucederá si continuamos hacia el progreso y el cambio. El Gobernador Fortuño ha declarado públicamente que defenderemos nuestros estándares a toda costa, sin distinción de partidos. Si no pregúntenle a ciertos legisladores que ensuciaban el prestigio del partido y resultaron en la cárcel. Por eso ruego que los estudiantes dejen el prejuicio injustificado contra los Honorables Mildred Pabón Charneco, Erick V. Kolthoff Caraballo y Rafael L. Martínez Torres. Ellos han logrado mucho más para la judicatura de este Estado que algunos profesores inescrupulosos de la Universidad pública. Termino por hacerles ver que leer a Steven Emanuel le conviene bastante más a un jurista que leer a Puig Brutau, por ser el primero un TRATADISTA con una noción de Derecho positivo que se ajusta bastante bien a nuestra realidad social y, sobre todo, por pertenecer a la tradición líder a nivel mundial en materia intelectual. Los tratadistas merecen la pena ser citados, como por ejemplo recomiendo en asuntos de evidencia a McKormick, o si se insiste en acudir a nuestro modesto legado local, nada de malo hay en citar al valiente profesor Ernesto Chiesa, o en asuntos de derecho administrativo al polémico pero vigente Demetrio Fernández, cuyo nombre invoco sólo para demostrar que soy capaz de admirar las conquistas de académicos pertenecientes a todos los espectros políticos de nuestra tradición americana. Lastimosamente ninguno de ellos se hace aquí presente y no los culpo, no deben ni tener tiempo para entretener este tipo de tonterías. La ausencia de verdaderos académicos aquí se debe, sin duda, a que este espacio, es más, este website completo, es un monumento a la inexperiencia. Pero querido estudiante, no te confundas, estudia y lee los casos y los resúmenes (incluyendo los escritos por Emanuel) y los periódicos y fórmate un opinión justa, y por el amor de Dios, evita creer lo que escriben en este criadero de mal pensantes.

  • El fin de la colonia

    Mi nombre es Jose Miguel Oviedo Caneles.

  • Como había mencionado en una de mis intervenciones, creo que la situación que se generó con la entrada de Crunch Time en que se desvió la discusión mediante ataques personales a los “blogueros” es reflejo de una situación a considerar en la sociedad puertorriqueña. Hoy, por ejemplo, el Lcdo. Sagardía, tildó al legislador Vega Ramos de “enano intelectual”, “pichón de abogado” y “canalla”, mientras se discutía la relación de Víctor Ramos y el Secretario de Justicia en cuanto a unos contratos del Departamento y una solicitud de nuevo juicio en la cual el ex-compañero de Sagardía aparecía como abogado defensor. Sagardía arguyó que los insultos que profirió en contra del legislador “sí enaltecen la imagen” de la secretaría de Justicia, porque sirvieron para defender el departamento que dirige.

    Me parece que eso piensan muchos de nuestros compañeros “blogueros” al tratar de defender la “Santa e Inmaculada” figura del TSPR, que no importa como se llegue al “bien” lo importante es llegar a éste aunque sea a través del “mal”. (Me recuerda un poco la peli de DOUBT) Todavía no me queda claro cómo ofender a alguien que expone un punto fomenta la sana convivencia, el compartir de ideas o sirve de ejercicio académico. Había lanzado esas interrogantes a los compañeros “blogueros” que habían utilizado ese lenguaje tan hostil en contra de Hiram y Érika, pero todavía no he recibido respuesta. Tal vez ahora con los comentarios de Sagardía podamos recuperar esa discusión.

    ¿Por qué no somos capaces de desligar de nuestras discusiones legales y de las discusiones sobre la legitimidad de la institución judicial que nuestro ordenamiento pretende sea imparcial la política partidista? ¿Por qué no podemos entrar a un proceso de confrontación de ideas o de hechos sin ofender a quien cuestiona?

    Espero esta vez recibir respuestas.

    PD – Me cuestiono, a raíz de lo de Sagardía, si es una cuestión partidista el pensar que las ofensas personales enaltecen la discusión de temas importantes.

    Dejo aquí

    la noticia, para beneficio de quienes no se hayan enterado todavía.

  • Jose Miguel Oviedo

    Estoy de acuerdo con la intervención de Aníbal y creo que la primera plana del periódico el Nuevo Día (15/05/2009), así como su principal columna Editorial, ratifican nuestro sentir. Sin embargo, y en aras de ser claro quiero ratificar que ninguno de mis comentarios son de índole personal, viendo que nunca conocí al Profesor Meléndez ni dije nada que pueda ser considerado ofensa. ¡No me cabe la más mínima duda que es un gran tipo! En cambio, hice unas observaciones críticas que resumiré a continuación: 1) El profesor siente que tiene derecho a criticar el desempeño del Honorable Tribunal Supremo, pero tilda cualquier asomo de crítica a su propia gestión como un intento de censura. Eso, en mi libro, es el ejemplo más vulgar de lo que esta misma página llamó en otra ocasión “doble vara”. No se puede publicar una entrada como CRUNCH TIME y pretender que los lectores acepten sumisamente la premisa fallida de la misma. El vendaval de indignación que precipitó su infortunada intervención era de esperarse. Así como el desempeño de los jueces del Tribunal Supremo pueden ser evaluados por el público, procede que el desempeño de los profesores de la Universidad de Puerto Rico se someta al escrutinio del pueblo. En últimas, sus sueldos se los deben al erario. 2) Me parece gravísimo que el profesor esconda su verdadera motivación política, aparentando una FALSA objetividad, cuando es meridianamente claro que su descontento se debe primordialmente al componente ideológico de los jueces, lo cual es innegablemente una consideración POLÍTICO PARTIDISTA. Por lo demás resulta fácil desenmascarar lo que para mi constituye un intento de hacer política de manera subliminal. Aníbal: te has dejado embaucar, no tienes porque aceptar la mentira que constituye afirmar que este tema no se reduce al repudio de la elección hecha por el Gobernador por razón de su inclinación política. Si no querían que se trajera esta temática a colación, no debieron publicar CRUNCH TIME. 3) La página http://www.derechoalderecho.org no cuenta aún con entradas escritas por profesores que se hayan ganado el prestigio de la comunidad jurídica puertorriqueña, ya que son apenas una camada de radicales y/o principiantes cuyo verdadero legado se encuentra, a lo sumo, en ciernes. 4) El contenido de este blog ha rebasado los estándares mínimos de civilismo y no puede ser defendido bajo la invocación del derecho a la libertad de expresión. Por tanto, el Profesor Meléndez haría bien, y de paso empezaría a labrar el largo camino hacia su redención académica, si borra la totalidad del contenido. De hecho, lo invito a cumplir su promesa de “reformular el propósito de este foro.” 5) La juventud resulta perjudicada cuando se le intenta adoctrinar de esta manera, por eso el contenido incendiario de esta columna representa indudablemente una amenaza al orden público, pero más aún, a los valores morales de nuestra isla. Termino por decir que soy yo el que ahora espera respuestas e invito a cualquiera a demostrar en qué manera mis comentario son insultos y no argumentos racionales.

  • José Miguel, como ya te has dado cuenta, he resistido en todo momento los esfuerzos por algunos participantes para que se descarrile la discusión de un asunto tan serio como el desempeño del Tribunal Supremo, hacia una discusión de mis preferencias políticas personales o la de otros profesor@s, o el status de Puerto Rico y temas similares.

    El asunto verdaderamente crucial a este espacio particular (la evaluación de nuestras instituciones) no se debe perder en el esfuerzo deliberado por descarrilar lo que el caso invita a reflexionar (desde todos los puntos de vista, me gusten o no): cómo, si de alguna forma, la cita 25 tiene un impacto sobre la legitimidad de las instituciones judiciales y de sus operadores. Algunos hemos argumentado que tiene un impacto, otros piensan que no y así lo han explicado. Seguiré resistiendo los esfuerzos por evadir el tema no sin antes aclarar lo obvio, que ya se ha reiterado: (1) los profesores en este foro hemos evaluado críticamente, aquí y en todas partes, las decisiones de TODOS los jueces del TSPR desde hace muchos años. Ya hice referencia a mis escritos, sólo resta que los leas (y si quieres discutirlos en los méritos y criticar las posturas que he adelantado, me encantaría; en serio, lo invito y me sentiría muy honrado si se discute) y (2) debes recordar que el Tribunal actúa colegiadamente y que, en este caso específicamente, la composición de la mayoría es diversa y no está formada estrictamente por los jueces específicos que te has sentido en la obligación de traer a colación, sin que nadie les haya mencionado.

    Dicho eso, y todavía en el tema de qué es apropiado discutir y cómo, debo discrepar de dos premisas sobre las que montas varios argumentos.

    Primero, no me parece acertada tu visión de la libertad de expresión y en torno al rol de la deliberación pública en una democracia. Ya has solicitado en dos ocasiones que se cancele este debate. Primero dijiste que “la columna entera debía ser borrada” por violar lo que consideras “la moral” y más reciente dijiste que yo podría redimirme “si borr[o] la totalidad del contenido”. Si no puedes ver por qué, para una sociedad, más discusión es mucho mejor que menos discusión, pues hay mucho más que nos separa filosófica y políticamente, más allá de nuestras diferencias en torno a cómo evaluar al Tribunal. (De paso, después de Chaplinsky ha llovido mucho y la tradición constitucional en Estados Unidos-por eso de centrarme en esa nación-creo que discreparía de tu visión sobre la libertad de expresión).

    Segundo, respeto enormemente tu opinión y la de todas las personas que se han expresado sobre los méritos de este asunto. Creo que eres un ser autónomo, racional y con dignidad, capaz de formular tus ideas y por eso tomo en serio tus planteamientos. Jamás se me ocurriría pensar que tus ideas no son producto de tu reflexión. De la misma manera tampoco sugeriría que las posturas de estudiantes o de otros colegas con las que estoy de acuerdo, fueron inducidas mediante alguna flauta de Hamelín, como si fuesen así manipulables. Si pensara eso no les estaría valorando como lo que son: personas adultas, maduras, con autonomía personal y con criterio propio, como tu también lo eres José Miguel.

    Ahora bien, hay varias preguntas todavía abiertas que planteó Aníbal hace ya un rato. Las reitero en ánimo de echar adelante el debate:

    1. La legitimidad del poder judicial

    2. El abuso del poder judicial de sus prerrogativas al obviar las imposiciones puestas al ejercicio de su poder desde el requisito de los fundamentos legales

    3. La legitimidad de este requisito de justificación legal para decidir un caso

    4. La dedicación que nuestros jueces están poniendo a su labor judicial, en atención no sólo al provecho que devengan de sus posiciones si no desde una perspectiva más deontológica al desatender las normas que limitan el ejercicio de sus prerrogativas

    5. El deber de vigilancia que nosotros como ciudadanos tenemos sobre las instituciones del Estado

    6. El alcance que la crítica a las instituciones judiciales debe tener

  • Anónimo para no morir

    Al cabo de una larga y cuidadosa instancia de reflexión opto por retractarme de algunos comentarios hechos anteriormente en esta columna, particularmente aquellas que puedan haber sido interpretadas como ofensivos. Tildar a ¡Indignado! de “imbécil”, o sugerir que se saca las opiniones de un lugar distinto al cerebro, o repudiar de manera recalcitrante las forma en que nos descalifica (al parecer inofensivamente) llamándonos “ñoños”, como si fuéramos ignorantes o inmaduros quiénes coincidimos en rechazar la actuación del Tribunal Supremo, hablar así estuvo mal. Además, describir mis fantasías (porque no son más que eso, no creo en la violencia física) en cuanto al tipo de trato que considero este individuo se merece para nada ayuda al desarrollo del presente debate que por lo demás encuentro fascinante y de gran provecho para la comunidad Universitaria. No obstante, traigo a colación un hecho que luego de cierta amenaza explícita proferida en mi contra resulta tan obvio como doloroso: desde las épocas del inmemorial maestro Albizu Campos la disidencia en Puerto Rico es perseguida y reprimida violentamente. Todos los que piensan distinto serán como mínimo amedrentados. Prueba de ello es que Hiram Meléndez ha tenido que defenderse ante los que insinúan es merecedor de un In re. No puedo ocultar la tristeza que esto me provoca y además, puedo estar de acuerdo con José Miguel Oviedo en un punto (y uno solamente) y es que detrás de esto hay un tinte político partidista que nadie quiere admitir porque en últimas está vetado el tema. Ni siquiera la academia puede discutirlo abiertamente, por lo que constituye ahora un gran tabú, y de ahí que hasta el profesor haga lo imposible para evitar reconocerlo. La repuesta al porque de todo esto se encuentra aquí mismo, cortesía de ¡Indignado!, ya que todo libre pensador en Puerto Rico sabe que “si hablo claro pues tal vez me matan o arruinan mi vida.” Por eso hice muy bien en autodenominarme Anónimo para no morir. Por lo demás concluyo mi intervención en este foro, y cualquier otro en este portal, ya que los violentos triunfan y prefiero protegerme que estar a merced de quiénes públicamente me señalaran objeto de “cacería.”

  • Para aportar un poco más a la discusión sobre la legitimidad de las fuentes que cita el Poder Judicial y el alcance de la crítica que debemos hacer como ciudadan@s y abogad@s del poder judicial, les dejo este artículo que se publicara hace más de dos años en el NY Times. En éste profesores muy roconocidos y jueces de mucho renombre más arriba del charco discuten sobre el uso de Wikipedia como fuente en las opiniones judiciales.

    Destaco 2 citas:

    Many citations by judges, often in footnotes, are like Judge Posner’s, beside the main judicial point, appear intended to show how hip and contemporary the judge is, reflecting Professor Sunstein’s suspicion, “that law clerks are using Wikipedia a great deal.”

    Stephen Gillers, a professor at New York University Law School, saw this as crucial: “The most critical fact is public acceptance, including the litigants,” he said. “A judge should not use Wikipedia when the public is not prepared to accept it as authority.”

    ¿Estaremos preparados para legitimar el Emanuel o es que los oficiales jurídicos están confiando cada vez más en fuentes que el “PUEBLO” no ha legitimado? ¿Nos habrá querido mostrar el JRP cuán hip o crítico del mismo poder que ejerce puede llegar a hacer o habrá sido un simple descuido que dejó ver la fragilidad sobre los cuáles los poderes políticos de nuestro sistema están cosntruidos?

    Espero leer sus reacciones.

  • Para aportar un poco más a la discusión sobre la legitimidad de las fuentes que cita el Poder Judicial y el alcance de la crítica que debemos hacer como ciudadan@s y abogad@s del poder judicial, les dejo este artículo que se publicara hace más de dos años en el NY Times. En éste profesores muy roconocidos y jueces de mucho renombre más arriba del charco discuten sobre el uso de Wikipedia como fuente en las opiniones judiciales.

    Destaco 2 citas:

    Many citations by judges, often in footnotes, are like Judge Posner’s, beside the main judicial point, appear intended to show how hip and contemporary the judge is, reflecting Professor Sunstein’s suspicion, “that law clerks are using Wikipedia a great deal.”

    Stephen Gillers, a professor at New York University Law School, saw this as crucial: “The most critical fact is public acceptance, including the litigants,” he said. “A judge should not use Wikipedia when the public is not prepared to accept it as authority.”

    ¿Estaremos preparados para legitimar el Emanuel o es que los oficiales jurídicos están confiando cada vez más en fuentes que el “PUEBLO” no ha legitimado? ¿Nos habrá querido mostrar el JRP cuán hip o crítico del mismo poder que ejerce puede llegar a ser o habrá sido un simple descuido que dejó ver la fragilidad sobre los cuáles los poderes políticos de nuestro sistema están construidos?

    Espero leer sus reacciones.

  • Daniel Vázquez

    Bueno, seré breve y me circunscribiré a tres puntos:

    1. La crítica a las instituciones es importantísima en un sistema democrático. Son los abogados quienes mejor están capacitados para criticar constructivamente las instituciones jurídicas, conductas de otros abogados, opiniones de tribunales, o el sistema judicial. Las críticas y sugerencias son necesarias para un buen funcionamiento institucional. Alguien tiene que señalar errores o hacer sugerencias. Esas críticas son valiosas en sí mismas y no son reprochables.

    Y, una crítica constructiva, no tiene porque ser linda ni agradable, siempre y cuando esté fundamentada. Y, puede ser rebatida.

    Las democracias que tendemos a admirar, valoran estos principios –la capacidad y posibilidad de disentir– y los consideran muchas veces parte de sus valores fundacionales. Contrasto esto, con los climas de intolerancia imperantes en nuestro país.

    2. Pero, disentir es diferente a insultar a los demás. Y lo que hizo Hiram fue criticar una decisión: una crítica constructiva. Aquéllos que no estuvieron de acuerdo con él tuvieron la oportunidad de diferir. Pero, atacarlo, insultarlo, además de desagradable, no apoyó sus argumentos, no los fundamentó, y los desacreditó.

    Debemos repudiar los argumentos ad hominem en todas sus variaciones. Es fácil escudarse en el anonimato.

    3. Yo llevo varios años litigando, litigando mucho. Y he visto de todo. Es triste ver que hay tantos abogados en el país que caen en tácticas insultantes hacia sus compañeros y los clientes contrarios, que envían mociones venenosas o faltan a la verdad o no corroboran sus datos antes de lanzar dardos venenosos. Ese tipo de actitudes no sólo nos dañan como profesión, sino que también dañan al país y a nuestras instituciones. Por más mala fama que tenga la profesión, el ciudadano común nos respeta, nos cree. Y es fácil de engañar. Al final esas actitudes hacen quedar mal a quien así se comporta.

  • AbogadoPR

    Me llama la atención que en la cita del Emanuel no mencionara a cuál de ellos se refiere. Me imagino que es el de Evidencia. Además no entiendo por qué escribe: “emanuel law outlines”, en minúscula.

  • Karla

    que verguenza, como dijo AbogadoPR, ni siquieran pueden usar formato bluebook? eso es una chapuceria.

  • Salvador

    Por casualidad encontré esta entrada hoy, y me pareció interesante la discusión. Independientemente de la opinión que a uno pueda merecer esta situación, lo que resulta indiscutible es que el TS ha cambiado no solamente sus normas de citación (Emanuel Law Outlines en Berríos Falcón v. Torres Merced, 2009 TSPR 69, y Wikipedia en Pueblo v. Díaz de León, 2009 TSPR 165), sino también su estilo de redacción. Como evidencia de esto último, les traigo a su atención el tono sarcástico y desdeñoso de la resolución del TS denegando la moción de reconsideración presentada por la Oficina de la Procuradora General en Díaz de León. El tono en sí es fuertísimo, y sorprende más todavía que se haya estado dirigiendo a la OPG, puesto que esa oficina generalmente ha gozado de muy buena relación profesional con el TS.

    En torno a los temas discutidos en este comentario y los anteriores, refiero los lectores a las siguientes fuentes: (1) Gerald Lebovits, Alifya V. Curtin & Lisa Solomon, Ethical Judicial Opinion Writing, 21 Geo. J. Legal Ethics 237 (2008); (2) Lee F. Peoples, The Citation of Wikipedia in Judicial Opinions, 12 Yale J. L. & Tech. 1 (2009-2010); y el clásico estudio del Prof. Merryman, (3) John Henry Merryman, The Authority of Authority, 6 Stan. L. Rev. 613 (1954).

    Un último asunto: En uno de los comentarios anteriores, alguien indicó que títulos de la serie “Emanuel Law Outlines” han sido citados en más de 500 opiniones judiciales en los EE.UU. Para apoyar tal aseveración, el autor del comentario indicó que había buscado en Westlaw. Dado que en asuntos convencionales, el dato empírico es el determinante, decidí intentar corroborar este supuesto dato buscando hoy en Westlaw (específicamente, en la base datos “allcases”). Desafortunadamente, no encontré ni una sola opinión judicial estatal o federal que citara a Emanuel como fuente de derecho. Sí encontré muchas citas a un caso en el cual Emanuel Law Outlines, Inc. era la parte demandante, véase Emanuel Law Outlines, Inc. v. Multi-State Legal Studies, Inc., 899 F. Supp. 1081 (S.D.N.Y. 1995), pero obviamente eso nada tiene que ver con el tema bajo discusión. Reconozco que es concebible que yo haya cometido algún error al buscar en Westlaw; por lo tanto, si alguien me puede facilitar las citas a los casos a los cuales hizo referencia el autor del comentario, se lo agradeceré grandemente.