Constitucional

Sonia Sotomayor ante el Senado (columna)

13-JULIO-2009 | EFRÉN RIVERA RAMOS

CATEDRÁTICO DE DERECHO 

Sonia Sotomayor ante el Senado

Sonia Sotomayor, nominada para ocupar un asiento en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, merece un proceso de confirmación justo que atienda lo medular: sus credenciales para el cargo.

El Senado debe fijarse en sus méritos: su formación académica; su experiencia profesional, incluida la judicial; su conocimiento del derecho; su capacidad analítica; su temperamento judicial, integridad y firmeza de carácter y si tiene o no la cautela necesaria para examinar con cuidado y rigor las controversias ante sí. También, por qué no, su filosofía judicial, es decir, qué piensa sobre la función judicial en el sistema en el que se desempeña y cuál es su acercamiento al proceso decisional.

No debería ese cuerpo, sin embargo, regodearse en algunos de los señalamientos vertidos por varios críticos de Sotomayor que sólo demuestran falta de rigor y de fundamentos sólidos para oponerse a su nombramiento.

Algunos de sus detractores, por ejemplo, le temen a su origen, a su experiencia de vida y a la conciencia que expresa de su identidad como mujer puertorriqueña y como integrante de una comunidad étnica y cultural minoritaria en los Estados Unidos. Lejos de descalificarla, esos atributos pueden potenciarla para enriquecer el proceso deliberativo de un tribunal colegiado que tiene la responsabilidad de pautar el derecho que rige la vida de los cientos de millones de personas de los perfiles más diversos que viven en ese país y aun de aquellas que, sin ser residentes, están sujetas a las actuaciones y prácticas de su gobierno.

Otros se han dedicado a sacar fuera de contexto alguna que otra frase suya de algún que otro discurso de los muchos que ha pronunciado durante su extensa carrera profesional. Se trata realmente de algún ruido y poquísimas nueces.

Una crítica reciente se refiere a la posibilidad de que durante su incumbencia en el cuerpo directivo del Puerto Rico Legal Defense and Education Fund, Sotomayor haya apoyado pleitos que alegaban discrimen por motivos étnicos y raciales. ¡Vaya argumento! Según eso nunca debió haberse confirmado a los jueces Thurgood Marshall y Ruth B. Ginsburg, adalides de la lucha jurídica contra el discrimen racial y por sexo, respectivamente, antes de acceder al máximo foro judicial estadounidense. Y ni se diga que los jueces conservadores John Roberts, Antonin Scalia y Clarence Thomas también tuvieron sus clientes favoritos en su momento.

Cierto revuelo ha habido en torno a la decisión reciente del Tribunal Supremo que revocó la determinación de un panel de jueces del que formó parte Sotomayor en un caso relacionado con el discrimen en el empleo. El panel había avalado la decisión de la ciudad de New Haven, Connecticut, de anular un examen de su departamento de bomberos que prácticamente cancelaba las posibilidades de ascenso de todos los candidatos de origen afroamericano y la mayor parte de los hispanos. Los titulares noticiosos daban la impresión de que Sotomayor había cometido algún error jurídico garrafal.

El mensaje desvalorizaba el hecho de que el Tribunal Supremo se dividió cinco a cuatro en ese caso. La opinión disidente que le habría dado la razón al panel que integró Sotomayor, la suscribió la jueza Ruth B. Ginsburg, con el concurso de los Jueces Stephen Breyer, David Souter y John Paul Stevens, juristas de cuya talla, capacidad y prestigio nadie puede dudar.

Además, como ya se ha dicho, el referido panel no hizo sino aplicar los precedentes vigentes en su Circuito y, en todo caso, quienes adoptaron un nuevo criterio de decisión para las situaciones planteadas en ese litigio fueron los cinco jueces que suscribieron la opinión mayoritaria del Supremo.

Nuevamente, se observa en algunos de los críticos de Sotomayor la ausencia del rigor intelectual que a ella parece sobrarle. Por justicia a la nominada y en ánimo de preservar la seriedad y la integridad del proceso de confirmación, ni la comisión que examina su nombramiento ni el Senado en pleno deberían incurrir en el mismo vicio.

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