Constitucional

un gran libro y un gran mensaje

Anoche fue la presentación del libro de nuestro querido profesor José Julián Álvarez González (JJ!) Derecho Constitucional de Puerto Rico y Relaciones Constitucionales con Estados Unidos – Casos y Materiales. Fue un magno evento. La presentación estuvo a cargo del profesor emeritus de Derecho Constitucional David Helfeld y del juez del tribunal federal Juan Torruellas. La sala del Colegio de Abogados de Puerto Rico estuvo llena a capacidad de amigos y amigas, abogados, juristas, jueces y estudiantes. Era palpable la gran alegría y orgullo que todos y todas tenemos por la publicación de este libro.

Se trata de un gran libro, intenso y abarcador, se destaca por su rigurosa inclusión del Derecho constitucional puertorriqueño y estadounidense en el marco de nuestro ordenamiento constitucional, con comentarios sobre la casuística de todos los temas relativos a esta rama del Derecho y a las relaciones constitucionales de PR y EEUU, una edición impecable de los textos obligados que todo y toda jurista debe leer. Además, destacan los índices temarios y de la jurisprudencia y las tablas espectaculares!. Es un libro de rigor, producto de un trabajo académico de primera, de un trabajo y disciplina espectacular como el que hemos constatado y observado por años por parte del profesor Álvarez González.

En lo que a mi concierne, la publicación de este libro me ha provocado una alegría inmensa, no solo porque veo el fruto de un trabajo dedicado y riguroso de quien fuen mi profesor, a quien admiro y respeto por su dedicación como tal, sino también porque creo que nuestro país se merece un libro de Derecho constitucional como el que nos ha dado el profesor Álvarez González. Este libro, que todas y todos debemos tener, es una pieza indispensable en nuestro trabajo como abogados y abogadas y como académicos del Derecho, pero es, sobre todo, para Puerto Rico, un gran herramienta para nuestra democracia. Habremos de usarla. Muchas felicidades José Julián!.

Pero hay más! Una asiste a estos eventos contenta porque sabe la alegría que significa el acto, pero siempre están esas ocasiones especiales que hacen que una sienta aún más alegría porque surgen cosas que le llenan de orgullo y sirven de ejemplo y energía para los y las que estamos en la audiencia. Y es que al pronunciar sus palabras de agradecimiento luego de la presentación del libro, el profesor decidió que quería dedicarle el libro a una persona más que no figuraba en la dedicatoria del libro y con esta dedicatoria nos reivindicó a todos y todas los que en estos días sentimos que faltan voces que defiendan nuestras instituciones. El profesor, en un acto de gran constitucionalista, asumió la voz de todos y todas y vinculó el nacimiento, desarrollo y publicación de este libro con la defensa firme y vigorosa que tenemos que dar todos y todas por nuestra gran, querida e indispensable institución: La Universidad de Puerto Rico. Les dejo aquí con parte de las palabras del profesor José Julián Álvarez González. salud! (gracias JJ!):

“En la dedicatoria y en el prefacio olvidé reconocer a otra persona enormemente importante en mi vida. Mi relación con esa persona es desde la cuna, literalmente, pues por poco nazco en un laboratorio de química en el Colegio de Mayagüez. Pero esa relación ha sido más intensa en los últimos 28 años. Esa persona tiene 106 años y ha sido figura central en los acontecimientos del país. Sin esa persona, esta obra, y la de tantos otros colegas universitarios, habría sido imposible. Soy afortunado porque hago lo que me gusta y quien me brindó y me continúa brindando la oportunidad de hacerlo es esa persona. Esa persona es . . . la Universidad de Puerto Rico.

Jamás podrá exagerarse la importancia de la Universidad en ofrecer los espacios, el tiempo, los recursos y las oportunidades para el estudio, para la reflexión y, por qué no reconocerlo, hasta para la equivocación. Como este es un libro de casos, quisiera leer unos párrafos que el Tribunal Supremo de Puerto Rico le dedicó en 1982 a la propia idea de la Universidad y a su importancia en toda sociedad moderna. Dijo en parte:

La esencia y razón histórica de [la universidad es] la libertad de discusión….

[L]as universidades fueron desde temprano baluarte de libertad. La queja constante de que deseaban mezclarse con todos los asuntos importantes es una prueba de su influencia coercitiva sobre las arbitrariedades del rey y de los prelados. Solamente a ellas se concedía cierta libertad para expresar su opinión. [S]ólo ese ambiente de libertad y abstracción sustancial de la presión oficial podía producir las figuras que como Bacon, Dante, Petrarca, Wicliffe, Huss y Copérnico engendraron el espíritu moderno.

[P]ara que las salvaguardas civiles no decaigan es imprescindible la crítica ilustrada, acuciosa y constante de parte de esos grupos dedicados al más elevado estudio. Callar sus denuncias puede poner en peligro las libertades que con tanta dificultad se plasmaron en un pasado no muy remoto. Se trata … de proteger esa discusión enérgica de las ideas, que es tan esencial para el cabal desarrollo del hombre, como para la conservación y el sostenimiento del bienestar común en una sociedad que viva en democracia.

Hasta aquí la cita, que tal vez sirva para recordarnos cosas que a veces se olvidan, o peor aún, se reprimen o ni siquiera se conocen.

La Universidad de Puerto Rico tiene muchos defectos, como los universitarios no nos cansamos de repetir. Los universitarios también los tenemos, aunque de eso quizás no digamos tanto como debíamos. Después de todo, la Universidad también es reflejo del país. Pero el espacio de libertad que representa la Universidad, con todos sus defectos estructurales, operacionales y de quienes en ella laboramos, es esencial para el país. Si se recorta ese espacio, si se desdeña la labor que allí se realiza, si se permite que algún negocio educativo privado la mire con ojos codiciosos y aspire a arrebatarle algunos de sus recursos, se le hace un flaco servicio al país. Los que hemos estudiado en ella y luego hemos acudido a otras instituciones universitarias del extranjero, podemos dar fe del valor de la educación que en ella recibimos. Fortalezcamos ese instrumento centenario que muy bien le ha servido al país, para que pueda servirle aún mejor.

Nadie reclama para la institución universitaria el papel destacado en la operación diaria del gobierno que, como evoca el Tribunal Supremo, una vez desempeñó. El reclamo es mucho más modesto, pero igualmente importante. Si sería intolerable la participación constante de la Universidad en la operación diaria del gobierno, otro tanto puede decirse de la participación constante del Estado en el gobierno de la Universidad. La Universidad no es una agencia de gobierno más. Mucho menos debe ser un botín electoral o, como se le llama ahora, un banquete.

Le siguió el aplauso y la ovación de todos los y las presentes.

Pero, a juzgar por acontecimientos recientes, tal parece que se supone que los universitarios deberemos una vez más ejercitar la proverbial cortesía puertorriqueña y desearles “buen provecho” a los comensales potenciales que ya corren desbocados hacia el buffet. Para eso, que perdonen la descortesía, pero conmigo no cuenten”.

Share