Sobre jueces, juristas y la [necesaria y urgente] crítica a los Tribunales

En una muy lamentable columna en el periódico El Nuevo Día, el colega y compañero Lcdo. Carlos Mondríguez Torres, criticó al presidente de la Comisión de Derechos Civiles del Colegio de Abogados y a la profesora, y autora en este blog, Érika Fontánez Torres, por asumir una en torno a un incidente en que residentes de una urbanización privada solicitaron, y obtuvieron, la paralización por vía judicial de una actividad comercial que era, a la vez, convocada por una organización homosexual.  La crítica, o más bien el cuestionamiento y llamado a la reflexión (¡por más de cinco minutos!), se da porque es en urbanizaciones privilegiadas cerradas, con servidumbres tolerantes sólo a actividades “residenciales”, que se recogen cantidades millonarias en contribuciones para el negocio más lucrativo del país, el negocio político; es en estos recintos de paz familiar, que  las clases de estudiantes (de escuelas privadas, de derecho y medicina) celebran actividades en que recaudan miles de dólares tras cobrar por la admisión. Pero es sólo ante esta actividad por homosexuales y lesbianas que se activa la maquinaria judicial.

Ciertamente, los comentarios vertidos ponen el dedo en una llaga muy cruda. Una llaga de clase y discrimen que, aunque tratemos de tapar el cielo con la mano, sigue infectándose tras su descuido y falta de atención. Es una llaga que, queramos creerlo o no, ya está llena de pus.  Me abstengo de abundar en ese detalle, porque hay otros temas urgentes que hemos tratado en este blog y que, por lo visto, son recurrentes. Me refiero a repetidos llamados por miembros de nuestra profesión para que los abogados nos abstengamos de cuestionar, criticar y, en el proceso, se alega, lacerar la imagen de los tribunales. La versión más reciente la presenta la columna de referencia al decir aquello que me resultó insólito, por no decir absurdo. Dice Mondríguez Torrez:

Los juristas, por disposición de los cánones de ética, debemos abstenernos de cuestionar en la prensa las actuaciones de los jueces, más aun cuando no las conocemos.

Con todo el respeto que se merece el compañero, esa aseveración es esféricamente errada: equivocada desde cualquier punto que se le mire. Los que colaboramos a este blog nos dedicamos, precisamente, a cuestionar, supervisar, comentar y, cuando es necesario, celebrar las actuaciones de los jueces (entre muchas otras cosas). Y para que no quepa duda, e independientemente de veladas intimidaciones con referencias huecas a los cánones de ética, lo seguiremos haciendo tan enérgicamente como nuestro derecho a la libertad de expresión lo permita. Derecho que, aunque nunca es absoluto, es muchísimo más amplio que lo sugerido por la crítica.

Estos intentos de censurar tras la amenaza de la sanción disciplinaria los puso de moda el propio Tribunal Supremo cuando le advirtió, aunque no sancionó, a un anterior Secretario de Justicia por expresar que en Puerto Rico existe una “doble vara” en la administración de la Justicia.  En esa ocasión, reseñada en una entrada anterior, el Tribunal Supremo le “exhortó” al entonces Secretario “a propiciar debates jurídicos de la altura moral e intelectual que se espera de todo abogado, en los que la moderación y la prudencia son la mejor herramienta para evitar ataques injustificados que en el fragor del momento puedan ser dirigidos irreflexivamente al sistema judicial.” En ese momento, en este mismo blog (aquí y aquí) fuimos nosotros los que tuvimos que advertirle al Tribunal con todas nuestras fuerzas que ese comportamiento, el comportamiento de censura, es el que no se puede tolerar en una sociedad democrática.

Asimismo, este tema se ha traído a nuestro espacio de Comentarios. Especialmente en aquella ocasión en que el Tribunal Supremo demostró un pobre manejo de fuentes tras descansar en un folleto legal que los estudiantes asumen como una herramienta cruda para pasar (algunos) exámenes (los famosos “Emanuel”) y no como fuente para pautar el derecho del País. En aquel momento critiqué fuertemente al Tribunal y lo repito aquí:

[El] Emanuel se cita por una razón que debe ser completamente ajena a la práctica judicial: pura, simple y burda mediocridad….

El problema aquí es que la mediocridad (escondida detrás del señor Steven Emanuel) aborrece el razonamiento y cancela de entrada la discusión y deliberación. Pensar da mucho trabajo y el uso de formularios mágicos como el Emanuel ahorra ese esfuerzo. Por eso la mediocridad fomenta la vagancia, y la vagancia nos hace olvidar cómo pensar, tornándonos parásitos de la ignorancia.

Luego que algunos lectores se mostraran ofendidos por esta crítica tan elemental, y sugirieran que no estaba cobijada por la libertad de expresión y sujeta a sanciones disciplinarias, tuve esto que decir (lo cual copio aquí con alguna edición contextual):

Muchos … comentarios se refieren a la manera en que se conduce la critica al Tribunal, y sobre ello hemos discutido también la importancia de mantener una discusión vigorosa del desempeño, no sólo del Tribunal Supremo, sino de todas las instituciones políticas de Puerto Rico. Sí, dije política (no político-partidista, que a veces se confunde). La Judicial es una de las tres ramas del gobierno de Puerto Rico y como alegada garante del imperio de la ley se debe sujetar al proceso político de crítica ciudadana. También comenté algo acerca de eso aquí y cito algo que Érika escribió en ocasión del episodio de la Doble Vara llamando atención al hecho de que, precisamente porque se trata de funcionarios no electos, la vigilancia al Tribunal es apremiante.

La idea del debate serio, respetuoso y deliberativo debe ir dirigida a propiciar más discusión pública y no menos, debe ir dirigida a fomentar la fiscalización de las tres ramas de gobierno por parte de la ciudadanía, debe tener el propósito de generar un mayor ejercicio de libertad de expresión, garantizando la posibilidad de crítica, de intercambio de ideas y la posibilidad de cuestionar a quienes están en posiciones de poder, bien porque son electos, pero mucho más urgente si no lo son.

Lo anterior me lleva a resaltar un asunto vinculado a la crítica al Tribunal: las referencias repetidas a sanciones disciplinarias. Francamente me causa mucha tristeza e indignación conocer que colegas de esta comunidad jurídica han aceptado la autocensura como punto de partida para el debate sobre nuestras instituciones. Me preocupa además que ello tenga el efecto de atemperar la crítica de miembros de esta comunidad a sus instituciones, en particular la judicial. Para que quede claro y miembros de este foro no se sientan coartados, en un sistema democrático como el nuestro, y salvo casos sumamente extremos, no es posible que un tribunal tenga la facultad de sancionar el cuestionamiento a su desempeño. El día que eso ocurra, sencillamente estaríamos en otro Puerto Rico. La legitimidad e imagen de la institución es, hasta cierto punto, secundaria en cuanto a la libertad de expresión concierne. No nos toca a nosotros rehabilitar la imagen de instituciones desgastadas si éstas no ponen de su parte. El respeto y la confianza de la ciudadanía no es gratis, se lo ganan las instituciones a base de su desempeño. El único requisito de deliberación pública es, claro está, el de discusión razonada y seria, de manera que cada cual esté dispuesto a defender sus posturas con argumentos que pueda explicar.

Creo que vale la pena repetir el corazón del planteamiento y la discrepancia fundamental con la columna reseñada: en un sistema democrático como el nuestro, y salvo casos sumamente extremos, no es posible que un tribunal tenga la facultad de sancionar el cuestionamiento a su desempeño.

Si la crítica sobre los asuntos públicos y gubernamentales hiere la sensibilidad de la Rama Judicial, pues sólo podría concluir, con mucha sorpresa y lástima, que se trata de una institución hipersensible e insegura de lo que hace. Su razón, apego a la ley, a la justicia y a los derechos humanos, es la mejor defensa que tiene esa Rama; es lo que le hace ganar el respeto de la población. Si hace bien ese trabajo, no tiene que preocuparse por su imagen y legitimidad. Después de todo, suficiente poder tiene; creo que puede defenderse solita.

Se alega en la columna que esta actitud crítica ciudadana albergada por la tradición vigorosa de libertad de expresión “no es … lo que debe enseñarse a estudiantes que aspiran a convertirse en juristas”. Se equivoca.  Se equivoca mucho. Somos precisamente los juristas los que no callamos y los que identificamos, dentro de la madeja de rebuscadas leyes y doctrinas, los puntos de fisura; allí donde la ley y la justicia se apartan. Es allí donde apremia la intervención de los abogados, tanto en los alegatos judiciales formales como en la esfera pública más amplia.

Hiram Meléndez Juarbe

Hiram es Catedrático de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico donde enseña derecho constitucional, derechos de autor, derecho a la intimidad y tecnología, derecho de ciberespacio, teoría del derecho y seminarios en derecho constitucional y el ciberespacio. Es fundador de la Clínica de Nuevas Tecnologías, Propiedad Intelectual y Sociedad de la Escuela de Derecho así como co-fundador y co-director legal de Creative Commons Puerto Rico. Hiram es egresado de la Escuela de Derecho de la UPR (JD 2000), de Harvard University (LL.M. 2002) y de New York University (LL.M. 2008, JSD 2013). Visita su página académica www.elplandehiram.org. Bio pic por Joichi Ito. Algunos derechos reservados.

5 comentarios sobre “Sobre jueces, juristas y la [necesaria y urgente] crítica a los Tribunales

  • el 06/09/2009 a las 7:54 am
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    Excelente! No entiendo al colega Mondríguez. No recuerdo sus ejecutorias como presidente del CAPR…. ¿nunca criticó una actuación judicial? Si fue así, tuvo mucha suerte en su época o hizo un flaco servicio a sus colegas y a Puerto Rico.

    Hiram, muy bien en que te refirieras a nuestra discusión en CRUNCH TIME. He vuelto a repasarla y me he encontrado con mis posiciones en cuanto al tema que ahora caen como anillo al dedo. Así , las reproduzco aquí:

    “…. Lo anterior no significa que renuncie a mi derecho como abogada y ciudadana a problematizar, cuestionar y criticar las opiniones y sentencias emitidas por los jueces y las juezas del país. En ese sentido, aliento la discusión libre de las ideas, y la refutación apasionada de argumentos con otros argumentos. … otro de los mitos que me gustaría develar como parte de esta discusión es eso de que “lo personal” no debería tener cabida en la resolución de los casos, cuando todas y todos sabemos que lo personal siempre está presente y que, por eso mismo arriba hacía un alegato en favor de invitar a los jueces a dejar las máscaras a un lado y no utilizar una autoridad para disfrazar sus prejuicios. Insistir en lo imposible, es decir, insistir en que los jueces y las juezas supuestamente tengan que ser neutrales, ciegos, libres de pasiones para resolver lo único que tiene como consecuencia es la impunidad. Sí, porque en la medida en que esa sea la exigencia, el juez o la juez procurará resolver sus casos haciendo referencias a otras autoridades y maquillando sus opiniones de un manto de legitimidad que, como efecto, conlleva una limitación a la crítica. Entonces, todo el análisis legal se levanta sobre una premisa, a mi entender, ilusoria: que juez resolvió de X manera no porque pertenece a una clase, raza o género privilegiado sino porque la LEY y la INTEPRETACION JUDICIAL así lo ameritaba. Partir de esa premisa a la hora de evaluar los casos limita la crítica de los mismos. Lamentablemente, por eso sobran los análisis de término de corte exclusivamente positivista. Y, mientras tanto…. Una pareja de hecho heterosexual no puede adoptar a una niña aún cuando supuestamente nuestro derecho de familia se levanta sobre el bienestar de los y las menores, una persona transexual no puede cambiar su certificado de nacimiento exponiéndola de esa manera a la burla, el odio, la intolerancia de la homofobia, y Paseo Caribe es dueño del mar.”

    La columna de Mondríguez refiere a todo lo anterior…. Una podría elegir, como aparente elegir el colega Mondríguez, limitar la critica a la actuación de la jueza en el caso de Santa María a si utilizó bien o mal la normativa relativa a las condiciones restrictivas. Pero existimos otros y otras que no nos limitamos a eso, que vemos más allá, que no creemos en CASUALIDADES, y que nos sentimos convocadas a criticar resultados que nos parecen injustos, ilegítimos y discriminatorios.

  • el 07/09/2009 a las 12:16 pm
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    A Carlos Mondríguez le tengo un enorme aprecio por razones personales. Sin embargo, en este caso debo indicar que también me sorprendió su llamado a no criticar a los jueces. Siempre hay espacio para una afirmación de este tipo si de lo que se trata es de un llamado a la crítica no fundamentada. En ese sentido el planteamiento es sencillo: nadie debe criticar a otros (públicamente) sin fundamentos. Ahora, su planteamiento es tan general que definitivamente debe ser entendido como una apelación a la idea de que la dignidad del tribunal / poder judicial no debe ser lacerada en protección de lo que representa.

    Ante esto debo coincidir con el planteamiento de Hiram respecto a la crítica a la que deben estar sujetos los tres poderes constitucionales. Sí, los tres. Es por ello que cuando surgió el incidente con Roberto José, más que las consideraciones a su persona como abogado susceptible de ser sancionado, me preocupo el que se pretendiera limitar la capacidad de un funcionario ejecutivo para criticar el comportamiento judicial. Si el razonamiento es que el abogado es un funcionario del tribunal y no debe lacerar la legitimidad de la institución, la pregunta es: ¿quién entonces para criticar el foro judicial? ¿La prensa o la ciudadanía? ¿Cuánta información tienen para poder acometer tal empresa? ¿No es acaso la abogada que conoce de primera mano el comportamiento judicial quien está en mejor posición para ello?

    Por cierto, todo esto me recuerda haber escuchado de un colega quien ya no ejerce la profesión y que recientemente se dio de baja ante el TS. ¿La razón? Para poder criticar cuando le toque sin estar sujeto a los procesos disciplinarios.

  • el 12/09/2009 a las 9:39 am
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    Saludos!. En reafirmación de lo que he planteado sobre el tema desde la amonestación a Roberto Sánchez Ramos, reafirmo mis coincidencias plenas con lo expuesto en el post y dejo por aquí esta columna en la que resumo algunos de los planteamientos. salió publicada hoy:

    http://www.elnuevodia.com/voces/614242/

  • el 13/09/2009 a las 10:46 am
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    Me parece que en el fondo se trata de una diferencia generacional. De una parte, los que aún conciben la institución del tribunal como un poder constitucional infalible, y como tal, inmune a la crítica de sus funcionarios. De otra, los que pensamos que la democracia se fortalece con la crítica continua e inteligente, venga de donde venga, y que, a mayor debate, mayor transparencia en la gestión pública que le ha sido delegada a ésta o a cualquier otra rama de gobierno.

    No es casualidad que en este segundo grupo suelen estar los que aprovechan medios alternativos como éste para maximizar su derecho a la libertad de expresión. Y es que el derecho a la libertad de expresión se queda hueco si no se tienen los medios o los foros para hacerlo valer. Es decir, si no se tiene acceso al debate de ideas de manera que se pueda influir efectivamente en la opinión pública, el derecho a libertad de expresión es un mero concepto jurídico carente de sentido práctico. En ese sentido, la revolución informática ha supuesto la superación de un escollo histórico que cada vez está más lejano o ajeno a esta nueva generación de abogados y abogadas. Para estos, la divulgación de información y el debate de opiniones es algo natural, siempre bienvenido. Y en este plano informático, particularmente, las ideas protagonizan y la identidad de los sujetos poco importa. Es la democracia en su expresión más pura.

    En cualquier caso, no se trata de un problema exclusivo de esta jurisdicción. El NY Times publica hoy lo siguiente:

    http://www.nytimes.com/2009/09/13/us/13lawyers.html?_r=1&hp

  • el 27/10/2009 a las 4:37 pm
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    My name is Hiram, I never used an Emanuel to study, ergo, am a genius.

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