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Material Jocoso

Si usted divulga un email en el que otra persona le describe “una fantasía sexual”, incurre en delito menos grave y, además, su nombre será incluido en un “Registro de Ofensores Cibernéticos” a publicarse en las páginas del Departamento de Justicia y del Tribunal Supremo. Al menos así dispone el “Cyber Code of 2010” presentado por la Presidenta de la Cámara Jennifer González el 24 de enero de 2010. (P de la C 2408).

Me abstengo de opinar en detalle acerca de (a) lo innecesario que resulta esta ley en vista de que la mayor parte de los asuntos tratados ya están legislados, regidos por jurisprudencia constitucional o en proyectos de ley sometidos; (b) la muy frecuente práctica de utilizar el problema real de explotación infantil (en el ciberespacio y fuera de éste) para legislar la moral y el pudor sexual (y la contradicción que ello supone para quienes abogan por mínima intervención del gobierno); (c) la risible ignorancia de algunos elementos básicos de nuestro derecho constitucional; (d) la pretensión de regular prácticas en el ciberespacio con la misma lógica que se regula el mundo no virtual, con nada menos que un “código” de conducta, entre otras cosas.

Si de mí dependiera la oposición a este código, probablemente se aprueba en el PR que vivimos. Pero como me imagino que levantará ronchas a sectores económicos implicados (ISPs, compañías de telefonía, escuelas privadas, entre otras), voy a confiar que éstos se encargarán de convencer con su mollerito más de lo que yo pueda convencer con puras palabras. Apunto aquí, sin embargo, algunos temas a modo de aperitivo.

El Código pretende ser abarcador, mas añade muy poco. Trata conducta que ya está tipificada como delito. Repite básicamente el delito de asecho y le llama “cyberstalking”. Atiende el problema de la pornografía infantil que, sin tener que ir corriendo a los libros, sabemos su producción y distribución están prohibidas por el Código Penal. Atiende el problema de la protección de información privada que, como hemos señalado antes, está contemplado por un proyecto de ley aprobado ya por el Senado. Prohíbe el acceso no autorizado a sistemas de computadora utilizando lo que el código llama “métodos de ‘hacker'” (no puedo dejar de sonreír con la frase :)). Prohíbe el robo de identidad, aunque ya esté proscrito. Etcétera, etcétera, etcétera.

En otras ocasiones, habla con total incorrección de temas que no tienen lugar en una ley en PR o en un estado. ¿Cuánto habrán cobrado asesores por escribir un capítulo entero dedicado a los derechos de “copyright” sin saber que ese es campo ocupado por la ley federal, salvo por un espacio minúsculo de derechos morales de autor? Así, el Cyber Code dice que todo contenido publicado en una página de internet “siempre deberá identificarse con el símbolo “©” o con la palabra en inglés ‘Copyright'”. Pues no. Sencillamente, la ley de Copyright de los Estados Unidos no requiere que un trabajo tenga ese símbolo para estar protegido. Además, al estar ocupado el campo expresamente, una jurisdicción o estado están impedidos de tocar el tema de manera alguna. (Y eso, que no comento la versión extrañísima de la doctrina de Fair Use que contiene el proyecto, la cual limita el Fair Use sólo a aquellos casos en que el trabajo esté agotado o no esté disponible comercialmente).

Si sigo no paro. Pero no puedo dejar de comentar algo sobre las disposiciones que tienen que ver con conducta expresiva. Pues resulta que la mayor parte de la conducta en internet es precisamente expresión, por lo que hay que ser sumamente cuidadoso con qué se regula. No porque lo diga yo, sino porque lo dice la Constitución de los Estados Unidos, que es la que importa para nuestra colonia (especialmente ahora que no hay “factura más ancha”, aquella doctrina de antaño que consagraba mayores derechos bajo nuestra constitución). En ese sentido, resultan patentemente inconstitucionales los requisitos para que bibliotecas privadas (que proveen servicios “a la comunidad en general”) tengan filtros para restringir contenido que es perfectamente legítimo observar por adultos. En China eso es posible, pero no en America the Beautiful.  Más aún, y juro que esto no me lo estoy inventado (vean Arts. 2(u), 23), aunque el material obsceno (incorrectamente definido) está prohibido, hay una “salvedad” importante. Hay cierto material “obsceno” que está permitido porque se trata de un contenido que el proyecto favorece (contrario a toda la doctrina de primera enmienda que prohíbe al Estado establecer distinciones por razón de contenido (ver RAV v City of St Paul, que escribió Scalia, que de progresista no tiene un pelo)). Dice el Código que no aplicará la definición de obscenidad cuando se trate de, aguántense…., “material jocoso” (¡!) (definido como aquel que se transmite con la intención de “provocar risa o alegría o realizar sátira o parodia”).

Puedo seguir, pero creo que el punto se hizo. El Cyber Code of 2010 es un instrumento autoreferente: “obsceno”, pero a la vez “material jocoso”.

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