Educación Jurídica - Responsabilidad Profesional

¿Quiénes son esas personas vestidas con batas verdes?

Las fotos de los médicos que se trasladaron a la República Dominicana para atender a víctimas del terremoto en Haití, son un duro pero elocuente ejemplo de cómo educamos y graduamos profesionales que ignoran completamente la identidad y los valores que caracterizan su rol profesional.

Como en cualquier profesión, el ejercicio competente de la medicina no depende únicamente del conocimiento científico especializado que estos médicos hayan podido adquirir durante su carrera, o de las destrezas quirúrgicas que hayan logrado desarrollar como residentes para aprender a amputarle la pierna a una paciente. Importantes como son, esas dos dimensiones, por sí solas, no bastan para el ejercicio competente de su profesión. Para el ejercicio plenamente competente, resulta también imprescindible comprender y haberse formado una identidad profesional, cónsona con los valores y expectativas que la comunidad tiene de quienes asumen ese rol profesional.

Es por ello que las fotos nos resultan tan ofensivas, porque nos muestran a médicos capaces de prestar servicios de salud en medio de un jolgorio, sin pizca de solidaridad, que se conducen completamente indiferentes e insensibles al dolor y al sufrimiento de sus pacientes, a quienes minimizan y casi tornan invisibles, reduciendo sus cuerpos a una especie de telón de fondo que rellena la escena de la fotografía.

Y ese cuadro nos defrauda, porque esperamos de ellos otro comportamiento, otro tipo de ejercicio, otro ethos. Y nos ofende y defrauda, por muy bien que se haya realizado la cirugía o cualquiera que fuera el servicio médico que se haya prestado.

Y es que, como intento enfatizar siempre en mis cursos de derecho, especialmente en el de Profesión Jurídica, para ser un profesional de excelencia resulta imprescindible saber incorporar al ejercicio de ese rol, las aptitudes y los valores que caracterizan nuestra identidad profesional.

La formación de esa identidad es responsabilidad principalísima de las escuelas profesionales. Lamentablemente sus currículos no atienden adecuadamente este aspecto tan fundamental de la formación de sus alumnos y alumnas. Las fotos que se han publicado son prueba inequívoca de esa deficiencia. Nos presentan a médicos que no tienen ni remota idea de quiénes son cuando se visten con esas batas verdes que llevan puestas.

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  • Tzeitel

    Estoy de acuerdo con lo que plantea la profesora.
    Sin embargo, creo que más allá del tipo de educación que se les da a los profesionales, estos médicos ejemplifican la cultura y los valores que muchos de nosotros en P.R. compartimos y activamente practicamos. Baile, botella y baraja, a muchos nos encanta proclamar mientras otros alabamos los “parties” de los estudiantes de Derecho y Medicina como los “más brutales”. Entonces, estos doctores, con sus cámaras, poses, grupos de Facebook, tragos y “tripeos”, evidencian la insensibilidad de una “identidad profesional” o reflejan una identidad más generalizada que trasciende la academia?
    No quiero dar la impresión de que no cuestiono en donde quedó el Juramento Hipocrático de estos médicos y específicamente el voto de que “A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.” De hecho, REPUDIO sus actos con VEHEMENCIA! Haber visto imágenes de mujeres y niños reducidos a alimento visual, bajo la categoría siempre denigrante de víctima; que oficiales rindieran su compromiso con la seguridad con tanta facilidad; que médicos, con serrucho en mano y sonrisa en labio, posaran ante la cámara como George Clooney jamás podrá hacer, me indigna de sobre manera!! Sin embargo, más que todo esto, me siento más escandalizada por las similitudes entre las tan criticadas fotos de los médicos jangueadores y las fotos de cualquiera de nosotros jangueando, ya sea en las Fiestas de San Sebastián o, incluso, en una marcha por el pueblo. Podemos criminalizar a estos doctores y convertirlos en un chivo expiatorio más o identificar cómo cada uno de nosotros es parte de eso que hoy criticamos en ellos. Podemos delegarle el cambio a nuestras instituciones o, unirnos individuos, instituciones y sociedad para cambiar esas inquietantes realidades que hemos forjado y que forjaron a los susodichos doctores. Podemos hacer esto y mucho más! La pregunta es ¿lo vamos a hacer?

  • Tzeitel

    Estoy de acuerdo con lo que plantea la profesora.
    Sin embargo, creo que más allá del tipo de educación que se les da a los profesionales, estos médicos ejemplifican la cultura y los valores que muchos de nosotros en P.R. compartimos y activamente practicamos. Baile, botella y baraja, a muchos nos encanta proclamar mientras otros alabamos los “parties” de los estudiantes de Derecho y Medicina como los “más brutales”. Entonces, estos doctores, con sus cámaras, poses, grupos de Facebook, tragos y “tripeos”, evidencian la insensibilidad de una “identidad profesional” o reflejan una identidad más generalizada que trasciende la academia? Así, ante la pregunta “¿Quiénes son esas personas vestidas con batas verdes?” Respondo, NOSOTROS!!!
    No quiero dar la impresión de que no cuestiono en donde quedó el Juramento Hipocrático de estos médicos y específicamente el voto de que “A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.” De hecho, REPUDIO sus actos con VEHEMENCIA! Haber visto imágenes de mujeres y niños reducidos a alimento visual, bajo la categoría siempre denigrante de víctima; que oficiales rindieran su compromiso con la seguridad con tanta facilidad; que médicos, con serrucho en mano y sonrisa en labio, posaran ante la cámara como George Clooney jamás podrá hacer, me indigna de sobre manera!! Sin embargo, más que todo esto, me siento más escandalizada por las similitudes entre las tan criticadas fotos de los médicos jangueadores y las fotos de cualquiera de nosotros jangueando, ya sea en las Fiestas de San Sebastián o, incluso, en una marcha por el pueblo. Podemos criminalizar a estos doctores y convertirlos en un chivo expiatorio más o identificar cómo cada uno de nosotros es parte de eso que hoy criticamos en ellos. Podemos delegarle el cambio a nuestras instituciones o, unirnos individuos, instituciones y sociedad para cambiar esas inquietantes realidades que hemos forjado y que forjaron a los susodichos doctores. Podemos hacer esto y mucho más! La pregunta es ¿lo vamos a hacer?

  • Sebastián

    ^Muy de acuerdo con el mensaje anterior. Nunca olvidaré la primera -¡y última!- “Convención” de las Escuelas de Derecho que fui en mi primer año como estudiante. Recuerdo sentir repugnancia por mi futura profesión y cuestionarme sobre mi selección de carrera, a pesar de que había tenido la vocación para ello desde pequeño. Un gran sector de los estudiantes idealizan el hedonismo del baile, botella y baraja y hasta rechazan cualquier acercamiento profundo hacia el derecho. Las convenciones del Colegio de Abogados tampoco son mucho más serias, pues es muy común ver a abogados borrachísimos en las asambleas y en los happy hours. Tales representaciones repercuten sobre todos los profesionales del país.

    Otra preocupación es la sobresaturación que existe de profesionales -sobre todo de abogados- como consecuencia de la proliferación de estudiantes admitidos en las escuelas de derecho. Me parece que la falta de selectividad de ciertas escuelas profesionales tiene una correlación directa sobre esta cultura en nuestras profesiones. En el día de hoy no hay mercado para tanta gente. Pero nada, eso es otro tema por completo.