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Entre Amigos

El periódico El Nuevo Día publica hoy un editorial en torno a la crítica situación en el Tribunal Supremo de Puerto Rico  y su más reciente desarrollo (expuesto aquí en días recientes).  Ello se une a la lista de instancias en que la Mayoría incorpora en ese foro, viciosamente, las dinámicas pequeñas del enfermizo tribalismo político puertorriqueño.  Como hemos dicho, esta actitud refleja elocuentemente cuánto se aleja la Nueva Mayoría del ideal democrático que subyace al acto de vestir una toga (y que debe ser distinto al crudo ejercicio del poder político).  Pero que la crítica, en esta ocasión, venga de un periódico oficialista, de corte estadista y con una filosofía económica conservadora es más elocuente aún: imputa a la mayoría ignorancia de la inestabilidad que sus actos provocan para los mismos intereses económicos y políticos que le llevaron allí.

Se reproduce el Editorial sin someterlo a la licencia Creative Commons que normalmente abriga a www.derechoalderecho.org.

Dardos marcados al Tribunal Supremo

14-Marzo-2010 | Editorial de El Nuevo Día

Las reiteradas movidas de los jueces que conforman mayoría en el Tribunal Supremo, y que se perfilan como una estrategia de clara erosión de la esencia del alto foro, preocupan doblemente en un País que necesita reforzar la confianza en sus instituciones.

El más reciente capítulo en este marco de tensión creciente, ha sido la enmienda a la Regla 5 del Reglamento del Tribunal Supremo. En pocas palabras, esa enmienda tiene el propósito de modificar el sistema de asignación de casos entre los jueces del Supremo, introduciendo una importante limitación en las funciones del Juez Presidente.
¿Había necesidad de crear un nuevo conflicto, impulsando de buenas a primeras una enmienda que ni siquiera fue aprobada en consenso por el colectivo?

Cuando decisiones de esta naturaleza en el Supremo se toman simplemente por fuerza de mayoría, no por fuerza de razón; cuando se imponen en forma arbitraria y atropellante, sin un estudio macro del reglamento que las sostengan, lo primero que se pone en entredicho son las intenciones, la tolerancia, la apariencia de balance y el temperamento de sus autores.

Según lo expresado en su voto opositor por el Juez Presidente, Federico Hernández Denton, el sistema de asignación de opiniones que se sigue en nuestro Tribunal Supremo, se basa en un mecanismo de rotación equitativa que por décadas ha funcionado bien. Es el mismo que se usa en la gran mayoría de las jurisdicciones de Estados Unidos. Sólo en el Tribunal Supremo federal, y en apenas cuatro estados, rige el sistema que ahora imponen aquí los jueces de la mayoría. Y, según destaca el Juez Presidente, en esas jurisdicciones y en el Tribunal Supremo federal, la asignación de casos ocurre sólo después que se celebra una vista oral -algo que no es común en Puerto Rico- lo que le da soporte a esa modalidad.

Tecnicismos aparte, y más que la enmienda que nos ocupa en sí, lo que salta a la vista es que, ya sin ningún tapujo ni discreción, los jueces que componen mayoría y que ahora firman la enmienda al Reglamento, han unido sus fuerzas no sólo para desafiar la autoridad, sino para talar directamente funciones del Juez Presidente. Ya lo había dejado claro, en octubre del año pasado, el juez asociado Rafael Torres Martínez, con la desafortunada admisión de que asistíamos al “flujo normal de la marea judicial”. O sea, el mollero político entrando a manera de tromba marina al Tribunal Supremo.

La realidad es que el flujo a que entonces hizo alusión el juez Torres Martínez es cualquier cosa menos normal. Lo normal es que, por encima de afinidades ideológicas y personales, los jueces siempre actúen conforme al derecho, manteniendo su independencia de criterio y el respeto elemental que se les debe a figuras jurídicas contempladas en la Constitución. El Juez Presidente no es tal por un capricho o privilegio personal, sino por razón de una estructura jurídica que lo dota de determinadas facultades.

Lo hemos dicho antes y lo reiteramos ahora: seguir provocando agrias divisiones dentro del Tribunal Supremo, y trasplantar allí los códigos de enfrentamientos y riñas partidistas, afecta no sólo la coherencia e integridad del sistema judicial, sino a la propia idea de la justicia, que es el último bastión de una sociedad, como la nuestra, en crisis.

En ese sentido hay que anteponer madurez y trascendencia histórica.

Este proceso de erosión institucional puede verse como una ráfaga de dardos marcados, dirigida a inmolar los mecanismos de funcionamiento y la legitimidad del Tribunal Supremo ante un pueblo harto del canibalismo político en todos los niveles.

 

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  • Roberto

    ¿El Nuevo Día es “estadista” y “oficialista”? Por Dios, deja de cotorrear disparates que ustedes se inventan como parte del intento de que su politiquería disfrazada de análisis jurídico haga algún sentido. Hace tiempo que END es un periódico de corte nacionalista de cuchifrito y reguetón que tiene como fin intentar socavar la estadidad y así proteger los intereses anti-estadistas (ie, anti-derechos civiles) de la oligarquía nacionalista local.

    Yo no estoy de acuerdo con todas las decisiones de este Trib. Pero tampoco creo en los llantos de hipócritas de los reaccionarios nacionalistas que ahora lloran la pérdida de esa “ilustre” institución que llevaba más de 50 años operando como brazo del PPD; entre otras cosas, inventándose ciudadanías inconsecuentes e inservibles, hablando de una soberanía que no existe en su querida colonia, haciendo malabares para masacrar los procesos electorales y sirviendo de gatillero contra la gestón de cualquier gobierno PNP. Todo ello sólo con el fin de darle respiración artificial al ELA y a la vez mantener contentitos a los melones. Que no quede duda, que si bien algunas de las deciciones de la nueva mayoría son paténtemente políticas, ello no es EN NADA distinto a lo que hacía el TS antes, cuando los ayatolas del PPD dominaban la institución. What goes around, comes around, baby.

    En cuanto a la nueva Regla, me parece adecuada. Las oficinas del TS no son los dominios señoriales de Federico Hernández Denton, y éste no tiene un derecho divino de decirle a Los jueces de la mayoría quién hablará por ellos.

  • Santiago

    Roberto:

    Espero que no seas estudiante de derecho, ni mucho menos que ocupes algún cargo de poder en este país. El comentario que has dejado, desde su propio comienzo, es muestra de la intolerancia y del nivel bajuno al que ha llegado la discusión pública en Puerto Rico. Si eres “estadista” (que, en rigor lingüístico, no lo eres), por qué no te vas a EE. UU. Si la gente se pusiera a trabajar por el país y se dejara de llorar por el “status”, estaríamos mucho mejor. Pero como siempre, tenemos que acostumbrarnos a las nimiedades de la gente que ignora (o no quieren entender) que somos una nación, un pueblo distinto y separado de EE. UU. con aspiraciones propias. Respeto los valores de la democracia estadounidense. Uno de ellos es tolerar la postura del contrario. Se vale replicar con razones, pero no se justifica en lo absoluto atacar desde la cobardía del anonimato a quienes tienen el valor de expresar su parecer sobre la crítica situación del Tribunal Supremo de PUERTO RICO.

  • myrisa

    ¿En que fundamentas tu aserto de que El Nuevo Día es un periódico estadista?

  • Sara

    Roberto:

    Qué triste es despertar ante la realidad de que somos un pueblo ignorante. No se trata de que las decisiones de ahora aunque politizadas son similares a las del pasado. Se trata de que el Tribunal Supremo de Puerto Rico no es, ni se debe convertir en el sicario de algún partido político. Ya el pueblo está harto de las vendettas políticas que nos han llevado a la situación en la cual nos encontramos.

    Pero como bien dijo Gaspar Melchor de Jovellanos: “Los pueblos tiene los gobiernos que merecen”.

  • El opuesto de Hiram

    Santiago, ¿qué tienes tú de democrático? Mandas a largarse y acusas de bajuno al que discrepa de tí. Típico izquierdista intolerante de la Iupi. Mejor empieza a estudiar derecho de verdad y no la propaganda de Hiram.

    Hiram, ¿periódico estadista y oficialista? ¿El Viejo Día? ¡Ja, ja, ja! A la verdad que miras el mundo alrevés.

    Vamos en detalle al editorial de la familia que lo quiere controlar todo pero no puede, los “Somozita Ferré”. Falsedades del editorial de la gaceta de Albi:

    (1) Enmendar un reglamento es una “estrategia de clara erosión de la esencia del alto foro”. FALSO. Es algo normal en todo tribunal.

    (2) La enmienda es el “más reciente capítulo en este marco de tensión creciente”. FALSO. ¿Cuál es la tensión? ¿Qué hubo opiniones disidentes? “Hello”, Albi y Vacas (el editor españoleto). De eso se trata un tribunal colegiado. Lo que para el tabloide puertorriqueño es “tensión”, en realidad es lo más normal en un foro colegiado: no todos los jueces están de acuerdo y expresan suis diferencias dentro del marco que provee la democracia.

    (3) La “enmienda tiene el propósito de modificar el sistema de asignación de casos entre los jueces del Supremo”. FALSO. Albi, el que te preparó esto, ¿leyó la resolución del Supremo? Allí mismo dice que eso queda inalterado. Lo que se enmendó es el sistema para escoger el juez ponente cuando el juez presidente no está en mayoría. Tú mismo lo dices más adelante, editorialista: Lo que se alteró no fue el sistema de asignación de casos, sino el de asignación de opiniones. Eso hace una gran diferencia, compay. Yo no sé en el mundo bizarro de Albi e Hiram o en la FUPI, pero en el mundo real un grupo no le escoge el portavoz al opositor. Y cuando los jueces disienten se dividen en grupos a base de sus posiciones, no a base de partidos políticos; pa’que entiendas cómo funcioina esto, Hiram.

    (4)Por cierto, si el juez presidente vota con la mayoría sigue él escogiendo el ponente. No se cayó el mundo. Así que la enmienda no introduce ninguna “limitación en las funciones del juez presidente”. Eso es FALSO también. Lo que hace es corregir un defecto en el reglamento. ¿Pero qué va entender Vacas de eso?

    (5) La enmienda creó un conflicto porque no se aprobó “en consenso por el colectivo”. Vacas, mi’jo no se llama “colectivo”, se llama “pleno”. Lo que dices es FALSO. Si se requiriera ausencia de objeción para hacer algo en el Supremo nunca se haría nada. Lo que exigen la constitución y el reglamento, así como el sentido común que el editorialista no tiene, es mayoría. Hernández Denton no tiene poder de veto allí, gracias a Dios.

    (6) La enmienda se aprobó “simplemente por fuerza de mayoría, no por fuerza de razón”, en forma “arbitraria” y “atropellante,” sin un “estudio macro”. FALSO. Obviamente esto se lo prepararon al editorialista. La resolución del Supremo tiene una exposición de sus motivos. Menciona estudios sobre la materia y refleja un debate entre los miembros del foro. Eso dista en todo del disparate y el embuste del tabloide de Albi Ferré. Cuando la mayoría decide en contra de lo que piensa Hernández Denton, eso no se llama “atropello”, Albi; eso se llama gobierno democrático.

    (7) Según el editorial, la falsedad anterior, la número 6, demuestra “las intenciones, la tolerancia, la apariencia de balance y el temperamento de sus autores”. FALSO. Lo que pone en entredicho es la seriedad del editorial. ¿Había necesidad de los personalismos? Desde cuándo enmendar un reglamento dando las razones para ello en una resolución formal, dando la oportunidad de disentir a los que discrepen, es falta de temperamento y motivaciones impropias? Me parece evidente que las motivaciones impropias son de quien escribió el editorial y de los dueños del rotativo, que tienen una faena de difamación y politiquería contra los nuevos integrantes del Supremo.

    (8) El sistema anterior de asignación de opiniones es “el mismo que se usa en la gran mayoría de las jurisdicciones de Estados Unidos”. FALSO. Vacas, ¿tú leíste la resolución del Supremo? Allí se cita un estudio y se concluye que el estilo anteriior, en el que el juez presidente asigna el ponente siempre, aunque esté en minoría, rige en sólo 10 estados de la Unión. Vacas, yo sé que tú eres español, pero para tu conocimiento hay 50 estados. Yo no sé en el mundo bizarro de Albi, Vacas, Hiram y la FUPI, pero en el mío 10 de 50 no es una mayoría.

    (9) En las 5 jurisdicciones donde rige el sistema que ahora se “impuso”, “la asignación de casos ocurre sólo después que se celebra una vista oral”. FALSO. Primero, aprobar algo de lo que disiente Hernández Denton, no es una imposición. Es una aprobación por mayoría, como dicta el reglamento, la constitución de la colonia que Albi defiende y la democracia. Segundo, aprende, mi’jo, se trata de la asignación de opiniones, no de la asignación de casos. Tercero, la resolución explica la contraparte que Vacas -perdón, el que le escribió a Vacas esa porquería de editorial- no puso: la asignación del ponente es después de la discusión del caso y eso ocurre con o sin vista oral.

    (10) “Tecnicismos aparte”, lo que “salta a la vista” es que la mayoría decidió “desafiar la autoridad” y “talar directamente la autoridad del juez presidente”. FALSO. Ave María, cómo quieren meter a Fortuño a la trágala en este novelón inventado. Noten la referencia a la “tala”, la misma palabra que este periódico loco usó para referirse a una poda normal de árboles en el jardín de la Casa Blanca del Viejo San Juan. Miren, en argot beisbolístico, lo que dice claramente la resolución del Supremo es que el juez presidente no tiene justificación para escogerle la rotación de pitchers al team contrario. A ver si con esta analogía se comprende que esto es algo técnico, no una intriga política, Albi.

    (11) Aprobar la resolución se llama democracia, no “mollero político”, como burlonamente dice el periódico amarillo del facsímil de Citizen Kane. Esa es otra aseveración FALSA.

    (12) Se dice que los jueces no actuaron conforme a derecho ni con independencia de criterio. FALSO. Esto está traído por los pelos. La resolución está fundamentada en derecho y por el hecho de que Hernández Denton discrepe no se afecta la independencia judicial.

    (13) Se le faltó el respeto al juez presidente. FALSO. No me hagas reir. Mira Vacas, ésta no es la España de Franco. Discrepar del presidente no es una falta de respeto. Léanse el voto del juez Martínez Torres en el caso de Yiyi Motors, el mismo que Vacas -perdón, quien le escribió el editorial- tergiversó pero cuya aclaración en un voto posterior nunca se publicó en El Negro Día Deseducador. Allí verán todas las faltas de respeto de Hernández Denton hacia sus compañeros jueces. Claro, Hiram dirá que son “aseveraciones valientes”, o alguna basofia izquierdosa por el estilo. En mi mundo, no en el mundo bizarro de los Somozitas de la vida periodística puestorriqueña, se llaman insultos los sapos y culebras que anteriormente vomitó el juez presidente.

    (14) Otra severación FALSA es que asignar opiniones es una facultad administrativa del juez presidente. Eso es función de la solución de casos y la enmienda es función de la reglamentación al respecto. Ambas son funciones del pleno (el “colectivo” del majo editorialista) y no del juez presidente. El pleno las rescató formalmente en su resolución. ¡Enhorabuena!

    (15) La mayoría está “provocando agrias divisiones dentro del Tribunal Supremo”. FALSO. ¡Adiós mis cuartos! ¡Los pájaros tirándole a la escopeta! ¿Quién se dividió? Aquí quien discrepó fue el juez presidente. Eso no es malo, como tampoco lo es que el tribunal apruebe una resolución por mayoría de votos de sus miembros. Suspende la campaña de odio, Albi.

    (16) La resolución del Supremo logra “trasplantar allí los códigos de enfrentamientos y riñas partidistas”. FALSO. Será que el juez presidente discrepó por razones de riña partidista. ¡Se me olvidaba! Hernández Denton no se equivoca, porque lo nombraron los populares. Ya saben, estudiantes de Hiram: Según el editorial que endosa su profesor, las resoluciones de los jueces nombrados por gobernadores estadistas son partidistas siempre que Hernández Denton discrepe de ellas. ¡Tremenda lógica! Consejo a los padres que pagan la matrícula de los estudiantes de Hiram: Cotejen el rendimiento de su dinero. Se los recomiendo por la salud intelectual de sus hijos. Les están enseñando lógica bizarra.

    (17) “Este proceso de erosión institucional puede verse como una ráfaga de dardos marcados, dirigida a inmolar los mecanismos de funcionamiento y la legitimidad del Tribunal Supremo ante un pueblo harto del canibalismo político en todos los niveles”. CIERTO. El proceso es la propaganda de odio del tabloide de Guaynabo. Ese es el que ha desatado una “ráfaga de dardos marcados” contra el Tribunal Supremo, para quitarle legitimidad ante el pueblo. Pero como el periodicucho melonero le atribuyó ese proceso propagandístico a los jueces y no a sí mismo, estamos ante otra aseveración FALSA.

    (18) Por último, dice el editorial que la resolución “preocupa doblemente al País”. FALSO. Preocupa doblemente a Hiram, a los jueces en minoría en la resolución, a Santiago, a Sara y a los “colmillús” criollos como los Ferré, quuienes afortunadamente no tienen control sobre los jueces de reciente nombramiento al Supremo. Ninguno de los arriba mencionados son “el País”.

    Esas son las 18 falsedades del editorial de El Nuevo Día. Ciertamente, Hiram, son bien elocuentes.

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