Derechos de autor

Repensando los derechos de autor

Según documentos recientemente divulgados, el Recording Industry Association of America (RIAA) gastó en el 2008 17.6 millones de dólares en pleitos por alegadas violaciones a derechos de autor, para obtener sólo $391,000 en transacciones. Ver nota aquí en TechDirt.

Asimismo, en el período de tres años entre el 2006 y 2008, gastó $64,000,000 y recuperó solamente $1,361,000.

Como elaboro en un escrito a publicarse recientemente en el UPR Business Law Journal (aún no disponible), a veces los abogados pensamos que la única y la mejor alternativa para bregar con presuntos violadores de derecho de autor es caerle encima con todo lo que tenemos. Hay varias razones por las que, en muchos casos, permitir a individuos utilizar obras es beneficioso por el valor que éstos le añaden a las obras; valor que puede ser inteligentemente cultivado con resultados lucrativos (como discuto en ese ensayo, que luego anunciaré). Pero a veces el cálculo es más sencillo. Simplemente cuesta mucho litigar, con relación a los beneficios que se obtienen. Aún desde el punto de vista estrictamente de interés económico, en muchos casos, el paradigma de protección y defensa absoluta del copyright no tiene sentido, como estos números revelan. Y cuando ese es nuestro contexto legal, económico y tecnológico, pues, vale la pena repensarlo todo.

En este sentido, las pérdidas exorbitantes en gastos de litigio hay que verlas a la luz de dos datos significativos:

  1. que las prácticas de uso y distribución de música impugnadas no han disminuido sustancialmente, aún tras las intensas campañas de litigio (y por tanto es dudoso el valor disuasivo de estos procesos judiciales) y
  2. que los daños realmente recibidos por la industria a causa de estas prácticas no son en realidad sustanciales como se alega vociferantemente (ver además conclusión reciente de tribunal federal al respecto).

No es casualidad, pues, que la industria de la música haya abandonado y, en cambio, busquen formas oblicuas a través de intermediarios para velar por intereses propietarios (eso es un tema que actualmente investigo).

Pero además de estas particularidades, los datos nos obligan a pensar en que el sistema actual de derechos de autor está roto, pues los balances que la ley intentó establecer para un mundo análogo y de papel no se sostienen en el entorno digital. En este contexto hay que repensar cómo acomodamos los diversos intereses que la ley intenta conjugar: tanto en la elaboración de política pública, como en la adjudicación y, especialmente como abogados, en la consecución de casos y litigios que, a la larga, no contribuyen mucho a nadie (salvo a la facturación).

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  • Gracias por el post, Hiram. Me beneficio grandemente de tus análisis sobre este tema. Solo una observación, para el cuestionamiento a los derechos de autor prefiero quedarme con tu análisis respecto a que conviene repensar la normativa y el esquema de derechos de autor porque “los datos nos obligan a pensar en que el sistema actual de derechos de autor está roto, pues los balances que la ley intentó establecer para un mundo análogo y de papel no se sostienen en el entorno digital” y lo otro que apuntas a que hay que cuestionar si las restricciones a los derechos de autor no son óbice para dar a conocer la obra, lo que beneficia a los propios autores. Prefiero estos cuestionamientos a los que traes en el post de costo-beneficio, esto último me incomoda un poco porque ¿qué hacemos con un sistema legal que cada vez se hace menos accesible, más costoso, menos efectivo desde el punto de vista económico para que grandes sectores puedan reivindicar derechos? Obviamente, la respuesta no es renunciar derechos, des-reglamentar, sino cuestionar el acceso al sistema de justicia para reivindicarlos. Se que la intención del señalamiento que haces en este contexto no es esa, pero lo traigo como señalamiento general porque la colonización de la toma de decisiones por parte de los análisis costo-beneficio me incomoda bastante como argumento. Eso.

  • Gracias Érika, y estoy de acuerdo contigo. Mi cuestionamiento al ordenamiento de derechos de autor asume múltiples formas; lo central para mí es normativo y entiendo que hay que repensar la manera en que se concibe el monopolio sobre creaciones. Es una cuestión de justicia, la de la distribución de las creaciones culturales; y es una cuestión que tiene que ver con cómo fluyen los elementos de la cultura en una democracia. El planteo de costo-beneficio es un flanco en este debate, que para algunas personas resuena con más fuerza que para otras.