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Cierre de puertas del Supremo

Hace un tiempo vaticinábamos un “Acceso controlado”al Tribunal Supremo. Hoy al parecer nos enfrentamos al “Cierre de sus puertas”.

En estos tiempos, vemos que no solo se cierran los hemiciclos para ‘lo político’, sino que se cierran las puertas para ‘lo jurídico’ y ‘los derechos’. ¿Cuántas puertas más habrá que tocar, cuáles y dónde? Quienes gobiernan y dirigen nuestras instituciones están creando una bomba de tiempo. Todas las puertas se cierran.

Me refiero a la nota que anuncia que el Tribunal Supremo, la institución que fue creada como garante de los derechos de los ciudadanos, nuevamente le cierra las puertas a los individuos y grupos que buscan remedios y persiguen vindicar derechos. En esta ocasión se trata de los y las ciudadanas afectadas precisamente por el proyecto de gobierno que esta administración más mercadea, el Gasoducto. No es poca cosa.

En su momento comentaremos las opiniones. Por ahora, llamo la atención a dos expresiones que me saltan a la vista y me resultan interesantes meramente al ver la nota periodística. La primera es que quien escribe la nota expone: “Y es que los demandantes, que llegaron al Supremo por petición de la Autoridad de Energía Eléctrica y la Junta de Calidad Ambiental, trataron de rebatir argumentos de las agencias fuera del tiempo conocido para hacerlo, alegaron los jueces.” Me llama la atención el uso de la frase “alegaron los jueces“. La frase es iluminadora. Una institución como el poder judicial o, más específicamente, las cortes supremas, suelen “resolver”, “decidir”, “adjudicar” y la ciudadanía le reconoce su pronunciamiento como uno legítimo, por lo tanto, no “alegan”. Cuando en una nota y en la profesión se llega al punto de decir sobre una determinación del Supremo: “alegaron los jueces”, algo anda mal y no necesariamente con quien lo dice, sino algo anda mal desde el poder que se ejerce sin salvaguardar su legitimidad.

Los abogados y abogadas de cada parte, es decir, quienes representan a uno de los intereses en pugna, “alegan”, pero los jueces -bajo el palio y la ficción de la neutralidad- “deciden”. Y deciden “conforme a Derecho”, no alegan. Si los nuestros “alegan”, es porque la percepción de la ciudadanía pone en cuestionamiento su legitimidad. La frase pone en tela de juicio la corrección y legitimación de su pronunciamiento. No es la primera vez que lo decimos.

Creo que, así como nuestras instituciones están en serio desmantelamiento estructural y la ciudadanía ha perdido la confianza en éstas, para gran parte del país el Tribunal Supremo no hará sino “alegar”, con lo que eso significa, si no rescata su legitimidad en el proceso de adjudicación.

El segundo asunto sobre el que llamo la atención, preliminarmente, es esta excelente cita de la Jueza Anabelle Rodríguez, en su opinión disidente: ‘la discreción es el más poderoso instrumento reservado a los jueces… la discreción es una forma de razonabilidad aplicada al discernimiento judicial para llegar a una conclusión justiciera”. Eso. De eso se trata.

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  • mariely

    Pareciera que lo que legítima el poder judicial no es cuestionado por la comunidad. Sin embargo, aquellos que se han empeñado en definir como “personas de inteligencia común” como sí se tratara de fomentar la distinción entre unos y otros, tristemente reconocen el deterioro del lugar donde la justicia se acerca cada vez más a la utopía…