Constitucional - Derechos Humanos

La orientación sexual como afiliación política: Entrevista a Dwayne Morales Arroyo*

Entre las palabras de la Constitución y los derechos que realmente disfrutamos, hay una distancia enorme. Una de estas frágiles garantías Constitucionales es aquella que protege “el derecho del pueblo a reunirse en asamblea pacífica y a pedir al gobierno la reparación de agravios”. Y es que la facultad de acudir al lugar donde se formulan las normas de derecho que nos rigen, e interactuar con aquellos que elaboran contornos importantes de nuestra libertad, es fundamental a nuestra autodeterminación colectiva e individual.

Para Dwayne Morales Arroyo, un joven gay, universitario y trabajador, esta promesa constitucional de papel se enfrentó al poder arbitrario y discriminatorio del Estado. En marzo del 2011 Dwayne acudió al Capitolio de Puerto Rico con una camisa que, junto a un arcoíris, decía “X mi, X ti, X PR, no homofobia”. Por esa razón el oficial de seguridad a cargo le impidió la entrada. Al mismo tiempo, en el interior del Capitolio se albergaba a la pastora Wanda Rolón quien realizaba una conferencia de prensa en la que literalmente demonizaba a Ricky Martin por su orientación sexual.  Mientras que la religiosa vociferaba dentro de la casa de las leyes su mensaje de que el artista es un “embajador del infierno”, Dwayne tuvo que permanecer fuera por una camisa que evocaba solidaridad, respeto y amor al prójimo.  Amén.

Algunos derechos reservados por theloushe.

Tuve la oportunidad de dialogar recientemente con Dwayne, e intercambiar impresiones con estudiantes de la Clínica de Asistencia legal de la UPR, sección de Discrimen por razón de Orientación Sexual, acompañados por la profesora y directora de esa sección Clínica, Nora Vargas Acosta.  La Clínica le representa en una demanda incoada este año contra el Presidente del Senado, Thomas Rivera Shatz, la Presidenta de la Cámara, Jennifer González y el Superintendente del Capitolio, el Sr. Eliezer Velázquez Quiles.  Ante lo que constituyó una flagrante violación a sus derechos constitucionales de expresión, asociación y al debido proceso de ley, por una práctica de todo punto discriminatoria y antidemocrática, en la demanda se solicita reparación por el daño constitucional infligido al negársele acceso al Capitolio y se impugna la validez constitucional de la normativa utilizada como base para denegar su entrada.  Una de estas “Normas de Seguridad” prohíbe “la entrada de toda persona que vista cualquier tipo de atuendo identificada por unión, federación, asociación o partido político al cual este celebrando cualquier tipo de asociación”.

El día en que Dwayne intentó entrar al Capitolio con su camisa anti-homofobia,  el oficial a cargo le manifestó que no podía pasar porque estaba identificado “como homosexual”, amparándose en las mencionadas “Normas de Seguridad”. Ante lo que sólo puedo maginar fue una mirada en blanco, Dwayne le contestó: “ser gay no es una asociación política ni un partido político, esta es mi orientación sexual.”

Parafraseando a mi colega Rivera Ramos, ese día Dwayne “con el poder había topado”.[1]   Se tropezó con la burda realidad de que todo gobierno, supuesto a depender de la población para ejercer su autoridad legítimamente, está siempre en riesgo de reducirse a una mera colección de individuos caprichosos que ostentan el poder.  Un poder que exige nuestra pasividad y espera que renunciemos a nuestra condición de ciudadanos críticos, activos y reflexivos. Un poder que niega el derecho más básico a reclamar respeto a la identidad de cada cual.

Pero este joven, muy claro y orgulloso de su orientación sexual, no es dado a quedarse callado ante semejante atropello a su dignidad. Nos contó Dwayne que, cuando tenía cerca de once años, luego de 3 meses sin electricidad en su comunidad y escuela tras un fenómeno atmosférico, no dudó en reclamar sus derechos junto a su familia y otros miembros del vecindario.  “Recuerdo mi primer piquete en una urbanización privada allí en Yabucoa que tiende a ser nada más que de vacaciones para personas de la zona metropolitana. No vive nadie allí. Prefirieron poner luz a ese lugar primero, y nos paramos frente a los portones y reclamamos que pongan luz a nosotros en vez de a ese lugar exclusivo.”  Así fue que Dwayne aprendió de pequeño a encarar la injusticia.

Como en todas partes del mundo, el poder al que se enfrenta la comunidad LGBTT enarbola la bandera de la democracia para escudar el atropello. Dwayne presenta su reclamo en los tribunales a penas dos meses antes de bautizarse el espacio frente al Capitolio como “La plaza de la Democracia”. Cambio de nombre que no borra la sangre de estudiantes allí maceteados en los pasados años, ni el recuerdo del abuso y vejamen que sufrió el activista gay ese 23 de marzo de 2011. “Me sorprendió mucho la hipocresía del partido de mayoría”, expresa Dwayne. “Se dan en el pecho por la democracia, la tolerancia, el progreso… pero eso es lo menos que hay en este país. Un país que discrimina por orientación sexual, donde las minorías étnicas y raciales son discriminadas, como la comunidad dominicana que enfrenta distintos atropellos. Son muchas discriminaciones y a veces uno se pregunta cuán verdadera es la democracia en este país.”

La lucha más intensa de Dwayne Morales Arroyo, es la cotidiana.   El próximo semestre comienza maestría en el Recinto de Río Piedras en estudios latinoamericanos, a la vez que trabaja para ganarse el sustento diario. Criado en Yabucoa, de familia pobre, Dwayne es el primero en su hogar que va a la universidad.  Y con el compromiso personal de estudiar y prepararse para contribuir a un mejor país, a penas tiene tiempo para involucrarse formalmente con grupos organizados.   “Yo no me afilio a ninguna organización… porque cuando uno hace un compromiso de estar en una organización… no da el tiempo para todo. Soy pobre y hay que trabajar; literalmente si no trabajo no tengo chavos. No tengo tiempo constante para eso.” Aún así, Dwayne se mantiene políticamente activo en la defensa de los derechos de personas LGBTT, acude al llamado de grupos como el Comité contra el Discrimen y la Homofobia y hace lo que puede para levantar conciencia. “Cada vez que puedo, lo hago”, dice con orgullo.

Para la Clínica de Asistencia Legal el caso presenta una oportunidad importante. Claramente los reclamos en la demanda afectan a todo tipo de actividad o conducta expresiva e inciden sobre toda clase de preferencia que se pueda manifestar públicamente, sea o no en torno a la orientación sexual. Por lo tanto, el pleito trae a colación asuntos cruciales a la población en general. Y es precisamente esta dimensión del reclamo, expresa la Lcda. Vargas Acosta, la que le da cierta trascendencia al caso.   “Una de las cosas que nos pareció importante era eso [la generalidad del reclamo], pero que lo hiciera una persona de la comunidad LGBTT con un issue de la comunidad LGBTT.” Esta universalidad plantea una gran oportunidad para traer el discrimen por orientación sexual al centro de la discusión pública y jurídica.  Ello pues un tema central que arropa a los problemas de discrimen por orientación sexual “es uno de falta de visibilidad”.  Ante esa invisibilidad es importante que “el que está haciendo un planteamiento de expresión es una persona de la comunidad.”  Así, aunque se trata de un asunto que no se limita a la comunidad LGBTT “el caso de alguna forma va a tener que atender el tema de la comunidad LGBTT.” Los tribunales, el gobierno y la población, tendrán que enfrentarse a la realidad de que el discrimen contra personas LGBTT es particularmente duro, y lidiar con el hecho de que, en el proceso, un activista gay está defendiendo los derechos de la población en general.

Inaugurada hace catorce años, la sección de Discrimen por Orientación Sexual de la Clínica de Asistencia Legal de la UPR rompe con el modelo clásico de lo que normalmente se concibe como la práctica de la profesión legal tradicional.  Los estudiantes que nos acompañaron en la conversación, Denisse Ortiz Torres, Juan Nieves González y Carlos Cabán Cuevas, así como el ya abogado y recién egresado de la Clínica, José Colón Ríos, elaboraron cómo el proyecto clínico ofrece servicios legales a la comunidad LGBTT de diversas formas.  Por un lado, realiza estudios jurídicos de cara a la formulación de política pública, como por ejemplo la elaboración de un proyecto de ley para la prohibición de discrimen en el empleo por orientación sexual.  De otro lado, ofrece orientación a la comunidad en general y a la comunidad LGBTT, mediante su participación en foros, actividades, comparecencias en radio y televisión, entre otras.  Además,  asume la representación legal de clientes ofreciendo consejería y, cuando es necesario, litigación en los foros pertinentes, particularmente casos que puedan tener impacto sobre el desarrollo de los derechos civiles de personas LGBTT. Actualmente la clínica tiene varios litigios en curso (adicional al del de Dwayne) que giran en torno al discrimen en el empleo y discrimen por orientación sexual en el contexto escolar.

“No hay solidaridad suficiente y uno se frustra por eso”, explica Dwayne con cierta indignación ante la fría apatía aun en la comunidad LGBTT para con los reclamos de aquellos que, como él, están comprometidos con vindicar sus derechos civiles. “Dentro de la misma comunidad no hay solidaridad porque muchas personas temen luchar abiertamente por no ser discriminados en el empleo, o en su familia. Y muchas personas prefieren aislarse de procesos de lucha.”  Pero esa falta de solidaridad se compensa cuando jóvenes como Dwayne, luchan y a expanden sus comunidades de solidaridad y apoyo. Esta vez Dwayne encontró el apoyo de los estudiantes que pertenecen a la Clínica de Asistencia Legal y de profesionales íntegros y dedicados como la Lcda. Vargas Acosta, quienes hacen un trabajo digno y de calidad en vías de corregir un entorno cultural y jurídico eminentemente injusto con la comunidad LGBTT.


* Publicada en En Rojo, Claridad Junio 2012 bajo el título “Por ti, por mi, por Puerto Rico, No a la homofobia”

[1] Efrén Rivera Ramos, “Acostumbrarse a ser minoría”, El Nuevo Día, 18 de marzo de 2009.

 

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