Para Edison Burgos

A Edison no le permitieron besar a su padre al salir de sala ayer. Luego, la jefa de fiscalía federal aseguró que sale de prisión en un ataúd. Entre prohibición y amenaza, relata el periódico, los padres de Madelyn se confundieron en un abrazo con los abogados de Edison. Minutos antes, cuando leyeron el veredicto, el abogado de defensa Steven Potolsky lloró. Afuera, personas con pancartas de No a la Pena de Muerte, sonreían con cada bocinazo de aprobación y apoyo. En Facebook habían muchos signos de exclamación.

Edison merecía besar a su papá. Rosa Emilia merece salir de su puesto cuanto antes. Los padres de Madelyn merecen todos los abrazos.

“Tranquilo, chico, tranquilo” dijo el padre a su hijo sin poder besarlo. ¿Acaso fue esa su última oportunidad?Alguien que me diga si los reos en perpetua tienen derecho a beso. Mas, sin embargo, la incertidumbre no cuenta como castigo. Toda pena supone cumplir un propósito y el que un hombre no pueda besar a su padre no hace nada por la víctima ni por el convicto ni por la comunidad a la cual pertenecían.

Todos somos Edison en tanto todos merecemos tener a alguien a quien besar cuando ese beso será el mejor trato que recibiremos de la humanidad en nuestros años por venir. Todos somos los padres y madres de la víctima y el victimario porque todos estamos sujetos a perder a nuestros seres amados de las maneras más terribles y nefastas. Todos somos Madelyn en tanto no hay razón en el mundo que justifique nuestra muerte a manos de nadie. Porque todos y todas merecemos estar aquí. Hasta Edison. Que conste.

Yo también saldré de aquí en un ataúd, Rosa Emilia, pero deseo con todas mis fuerzas llegar a él de la mano de mis amados y amadas. No le deseo a nadie diferente. Mucho menos a Edison, quien ya ha perdido tanto a manera de incertidumbre y castigo, que un sólo beso haría tan poquito por él. Sin embargo, es lo único que pidió. Y lo merece.

Guillermo Rebollo Gil

Guillermo Rebollo-Gil (San Juan, 1979). Escritor. Profesor adjunto y coordinador del programa de maestría en Justicia Criminal de la Universidad Metropolitana en Cupey. Posee un doctorado en Sociología de la Universidad de Florida y un Juris Doctor de la Universidad de Puerto Rico. Su más reciente libro se titula "Sobre la Destrucción."