Penal

Sobre poesía, derecho y deseo de muerte (para el poeta Juan Carlos Rodríguez)

El poeta desea matarlo. No él, sino alguien, algo, mediante algún mecanismo legal avalado por la comunidad de seres vivos. El poeta cita de la filosofía y en la cita se alega no haber encontrado nunca nada contundente en la filosofía en contra de la pena de muerte. En contra de la pena de muerte está la vida y muchos de los vivos. Parte de estar vivo es ver a unos morir; desearles la muerte a otros. El derecho penal moderno (¿cosa viva?) está fundamentado en la idea (¿demasiado poética?) de que el deseo sin más no es razón suficiente para gestionar la muerte de unos u otros. La poesía tiene en común con el derecho la necesidad de seres vivos que la conciban como una necesidad y acaten sus normas. Acatar las normas de la poesía es un acto pleno de libertad: uno lee y escribe cuanto y como quiere, reproduciendo el gesto poético en cantidad y manera. No tanto así con las normas legales, que se acatan (o no) en atención a su manera y la necesidad demostrada de ellas para propiciar la vida en comunidad. Como lo sería ‘’no matar.’’ De aquí que la violación a dicha norma incite el deseo entre algunos poetas y demás sujetos de derecho a matar al que mata para inscribir en su epitafio la necesidad de respetar la vida ajena. Yo, en cambio, deseo del derecho lo mismo que deseo de la poesía: que fomente en mí la necesidad de mantener a aquellas y aquellos a mi alrededor vivos, independiente de sus deseos de vida o muerte para mí. Deseo, además, mirar al derecho desde la poesía, deseoso de que mi deseo de vida para todos y todas se filtre en su registro y cobre forma de garantía sin condición. Para ello existe el mecanismo legal de la palabra (¡cosa viva!), en boca de juristas, poetas y sujetos cualesquiera, por siempre en contra de la pena de muerte. Me puedes citar.

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