Constitucional

Religión y discrimen, por ERR

Se publica en el periódico El Nuevo Día la oportuna columna del colega y amigo Efrén Rivera Ramos, Religión y discrimen, la cual se reproduce íntegramente a continuación.

Religión y discrimen

Por Efrén Rivera Ramos

El giro que ha tomado la controversia sobre las enmiendas propuestas a la Ley 54 para extender sus protecciones a todas las personas objeto de violencia de parte de sus parejas, independientemente de su orientación sexual o estado marital, pone de relieve un asunto de la mayor envergadura. ¿Hasta qué punto deben las creencias religiosas o morales utilizarse como justificación para discriminar contra determinados grupos o personas en una sociedad democrática?

La Constitución de Puerto Rico protege la libertad de culto. Bajo su palio toda persona tiene derecho a profesar y manifestar libremente las ideas religiosas de su preferencia. Pero eso es una cosa y otra muy distinta pretender que el estado imponga las creencias religiosas de un grupo al resto de la población. Mucho menos si ello resulta en discrímenes ilegítimos en violación de la garantía constitucional de la igual protección de las leyes. No se puede utilizar la creencia religiosa para obligar al estado a discriminar contra personas o grupos.

Quien ello pretenda olvida, entre otras cosas, que la libertad religiosa y de conciencia protege tanto a los creyentes de las más diversas persuasiones como a los no creyentes. En una decisión rendida el pasado mes de enero, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos expresó este principio de forma elocuente. Refiriéndose al significado del Artículo 9 de la Convención Europea de Derechos Humanos, la Corte expresó lo siguiente:

“La libertad de pensamiento, conciencia y religión es uno de los fundamentos de una ‘sociedad democrática’ dentro del significado de la Convención. En su dimensión religiosa es uno de los elementos más vitales que conforman la identidad de los creyentes y su concepción de la vida, pero es también un activo preciado de los ateos, los agnósticos, los escépticos y los despreocupados. De él depende el pluralismo inseparable de la sociedad democrática que ha sido conquistado a un alto costo a través de los siglos”.

Se enfrentaba el tribunal en esa ocasión precisamente al conflicto entre la creencia religiosa y la obligación de los estados miembros de la Unión Europea de garantizar que no se discrimine contra las personas por su orientación sexual.

Dos ciudadanos ingleses habían acudido al tribunal a plantear que el Reino Unido les había violentado su libertad religiosa al avalar las sanciones disciplinarias que se les impusieron por negarse a prestar servicios a parejas del mismo sexo. Una era una empleada del registro civil que rehusaba llevar a cabo los trámites pertinentes para inscribir las uniones civiles de parejas del mismo sexo permitidas por la ley británica. El otro era un consejero renuente a atender en terapia a parejas del mismo sexo en una entidad que prestaba tales servicios y que tenía una política de no discriminación. Ambos basaban su negativa en su libertad de conciencia religiosa, pues creían sinceramente que Dios había reservado la unión conyugal y las relaciones sexuales íntimas para las parejas heterosexuales.

El tribunal europeo no les dio la razón. Concluyó que el sistema jurídico británico había ejercido bien el margen de apreciación que le reconoce la jurisprudencia europea para trazar el equilibrio necesario entre la libertad religiosa de conciencia y la proscripción del discrimen por orientación sexual. Según la Corte, en los dos casos el objetivo de implantar la política de no discriminación prevalecía sobre la creencia religiosa del empleado. Tomó en consideración que la protección de los derechos y libertades de terceros puede ponerle límites razonables a la manifestación de los creencias religiosas, según reza la propia Convención Europea de Derechos Humanos.

Con esta decisión el Tribunal Europeo fortalece una tendencia creciente en diversos países y regiones.

No está de más que nos miremos en ese espejo. Después de todo, de Europa nos vino a los países americanos la religión cristiana. Para algo debe servir su experiencia de muchos siglos de aciertos y desaciertos a la hora de conjugar el aprecio por la libertad religiosa con el imperativo de tratar a todas las personas con dignidad y respeto.

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