Derechos Humanos

Con Alexis (seis días de vigilia y un testimonio)

Día Seis

Entre las cosas que uno le podría desear a un asesino, digamos que larga vida y salud no son las primeras que vendrían a la mente y sin embargo, “¡Que viva Alexis!” en toda su especificidad, y muchas cosas buenas, mano. Entre ellas, suerte en prisión. ¿O acaso éxito? ¿Habrá tal cosa como cumplir una cadena perpetua exitosamente? Un éxito sería salir con vida de allí, pero de entrada sabemos que no lo logrará. Entonces, Que Viva el Asesino es un poco Que se Joda también. Mas estoy contento, agradecido de que al menos un miembro del jurado no tomara la vida de Alexis a juego y optara por joderlo lo menos posible, como si su vida, con sin y a pesar del daño que ha causado, no haya dejado de ser un bien a protegerse. Enhorabuena.
“¡Que vivan todos nuestros asesinos!” Quisiera gritarlo a coro desde las afueras de la corte federal, como acto-límite, incomprensible de solidaridad y amor para quienes no lo tienen con nadie. Sería un poquito absurdo, lo sé. Y antipático. Y de seguro, una falta de respeto a las víctimas y sus familiares. Y para nada cónsono con nuestra política criminal actual. Pero sucede que nuestra actualidad está marcada de forma brutal por la victimización de personas a manos del Estado. Y nos toca, creo, armar un lenguaje amatorio para quienes más atentan contra nuestra paz y seguridad pues son ellos los que más vulnerables quedan ante el poder estatal.
Me pregunto si habrá una manera de acogerlos aun rechazándolos: “El que la hace, vivirá. Estará seguro. Tendrá consuelo, si lo quiere. Luego veremos como la paga.”
“Yo quiero a mis asesinos vivos.” Es una aseveración en extremo irresponsable (y pendeja) de mi parte. Lo digo por lo bajo, entre la corte y mi casa. Contento por Alexis. Con él. Aunque jamás podría estarlo.

Día Cinco

Una compañera me comenta la velocidad con que le encaneció el cabello durante la huelga de la universidad. Con otro, hablo brevemente de béisbol, del “equipo nacional” de Aruba, de las guantillas de bateo marca Franklin. A mi lado, dos amigos queridos conversan sobre becas y préstamos para estudios graduados. Hay botellas de agua y Powerade en la neverita del MUS. Un don pregunta si hay cerveza. La contestación es que no. A las 5:23pm nos gritaron desde un carro que nos fuéramos a nuestras casas. A las 5:37 que mataran al sinverguenza. A las 6:10 el contingente del Colegio de Abogados enrolló sus pancartas pues la vigilia había terminado. El resto recogimos a las 6:42.
“No cambiaría esa experiencia por nada en el mundo. Con todo y canas. Con todo y haberme colgado en la reválida la primera vez.” Yo asiento con la imagen de ella en mi cabeza un día en el portón 6.5 cuando la fuerza de choque dio quince, veinte pasos hacia adelante contra los y las estudiantes, y ella con su pelo negro-negrísimo y un escudito de madera pintada, no dio un solo paso hacia atrás. Yo no cambiaría ese recuerdo por nada en el mundo.
A las 6:42 anunciaron receso hasta la mañana siguiente. Según los sondeos de las radioemisoras, Alexis será sentenciado a muerte. O sea, eso quisiera la gente que escucha radio en este País. En este País, la radio se escucha en todas partes. Cuando encendí la radio en el carro, arrancaban los primeros acordes de Sweet Child of Mine. Pensé que era Live and Let Die de Paul McCartney, en voz de Axl. Pero no, era Sweet Child, por suerte. Subí el volumen. Ya casi nadie dedica canciones en la radio ¿o sí? Esta es para Alexis.

Día Cuatro

Hoy es el día internacional de la poesía. Se cumplen además 76 años de la Masacre de Ponce. El juez ayer decretó un receso para hoy. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Hablando claro, ¿cuán nacionalista o poeta podría ser un juez federal? Es casi materia de chiste: un poeta, un nacionalista y un juez federal entran a una barra y apuestan a quién tiene menos sangre en las manos. Gana el juez porque él decide. Todos mis chistes son malos.
Hoy, en lugar de ir a la vigilia, realicé una búsqueda en Internet. Encontré esto:
“La Masacre de La Tómbola es la más sangrienta de las matanzas criminales en la Isla. Solo la supera la Masacre de Ponce, ocurrida el 21 de marzo de 1937. En esa ocasión, 19 personas fueron asesinadas por oficiales de la Policía que querían impedir una marcha de independentistas.”
En el caso de La Tómbola, se trataba de un brete entre primos por una cuestión de drogas. Murieron 9 personas. El primo que suponía morir, sin embargo, no murió. La vida del primo que lo intentó matar depende de un jurado de doce personas a quienes les toca decidir entre la pena de muerte y cadena perpetua. El jurado comenzará a deliberar mañana.
Los nombres de las personas asesinadas en la Masacre de Ponce son:

Cotal Nieves, Juan Delgado
Hernandez del Rosario, María
Jimenez Morales, Luis
Loyola Perez, Ceferino ( Policía)
Maldonado, Georgina
Marquez Telechea, Bolivar
Ortiz Toro, Ramon
Perea, Ulpiano
Pietrantoni, Juan Antonio
Reyes Rivera, Juan
Rivera Lopez, Conrado
Rodriguez Figueras, Ivan G.
Rodriguez Méndez, Jenaro
Rodriguez Rivera, Pedro Juan
Rosario, Obdulio
Sanchez Perez, Eusebio (Policía)
Santos Ortiz, Juan
Torres Gregory, Juan
Vélez Torres, Teodoro

Una de las víctimas de la masacre de La Tómbola fue Daneiska Ríos García, quien murió en el vientre de su madre . En su entierro, los dolientes soltaron al aire globos y palomas.
La Masacre de Ponce, dicen, está grabada en la memoria histórica del País. Esto, por tratarse de una cuestión política. El nombre de Daneiska, no está grabado en ningún documento oficial del Estado. Esto, por haber muerto en su octavo mes de gestación.
El nombre del primo responsable por la masacre es Alexis Candelario Santana. Estaba bien metido, se dice, en bretes de drogas. El suyo es el quinto caso de pena de muerte que toma lugar en el Tribunal Federal de San Juan. El sexto ya está en proceso. Es una cuestión política. Casi materia de chiste, pero no.

Día Tres

El señor en muletas es el papá de Alexis. Su hija es la de la chaqueta marrón. El resto caen bajo la categoría—jodiísima—de ‘familiares.’ Entre ellos, una mujer lleva una rosa roja en una botella de agua Dasani. ¿Mitad llena o mitad vacía? La mera duda ofende.
Nos presentan: “Familia, todos ellos están aquí por Alexis.” Su hija saluda, dice gracias, hace como si fuera a llorar. Al cabo de unos minutos, se montan en un taxi y se van.
Desearle la vida a Alexis Candelario es desear con todas nuestras fuerzas que por los próximos años su padre, su hija y demás familiares tengan la oportunidad de tomar un taxi en sabe dios dónde para que los deje a la entrada de una cárcel federal y al cabo de un rato, tomar otro de vuelta, con optimismo.
Ni tan gran cosa la vida, saben.
Uno quisiera abolirlo todo: las cortes, las cárceles, la pena capital. “Pero es que el tipo está demasiao de cabrón y lo que hizo está más cabrón todavía. Merece un castigo.” [Merecería tal vez que le den por la cabeza con la flor. Que derramen el agua de la botella sobre sus zapatos, indicando el fin del optimismo. Que ningún familiar lo visite nunca más si no quiere. Que el hombre se mude y logre pasar desapercibido en un vecindario nuevo. Que contribuya a la vida de esa comunidad. Que ‘cambie.’]. “Yo lo sé, chico, pero tras que estamos aquí por él…” “Estamos aquí en contra de la pena de muerte. Si fuese por él, yo me iría para mi casa.”
Me pregunto de qué hablarán los familiares de Alexis de camino a sus respectivas casas. Me pregunto por qué habrán venido; si tendrán diferencias de opinión en torno a qué significaba su presencia en la corte hoy. Me pregunto qué hará la mujer con la rosa. En dónde la colocará al llegar. Si le cambiará el agua. Me pregunto por qué una rosa.

Día dos

“¡Que lo liquiden!” Gritó el hombre desde el asiento del conductor de su Chevy… ¿Qué carro es ese? Mi lado detectivesco quería saber. Las primeras tres letras de su tablilla eran CVH. Terminaba en 2. Color gris oscuro. El conductor tenía una camisa blanca de botones, espejuelos. No sé si bajó la ventana justo cuando pasaba frente a los y las manifestantes, o si las traía abajo desde el comienzo de su trayecto. Imagino que para su casa. A las cinco y pico casi todo el mundo se dirige a su casa. Con su mano izquierda sostenía el guía, con la derecha hacía ademan de cortarle el cuello a…Vamo’ a darle. Mi lado macharrán ignaciano me instigaba pero a mi alrededor eran todos reverendos, representantes del concilio de iglesias. It simply was not the crowd. Además, la amenaza de muerte no era para ninguno de nosotros allá afuera. Además, había una cita del profeta Isaías en mi pancarta. Además, del otro lado de la calle, un reverendo tocaba la guitarra y cantaba canciones de una hoja suelta titulada Himnología para la Vida. Además, era una manifestación pacífica. Además, a mí me da mucho miedo pelear.
La amenaza estaba dirigida a Alexis: “¡Que lo liquiden!” Nada del otro mundo. Nada que la jefa de fiscalía federal no hubiese dicho en conferencia de prensa. Peores cosas ya ha dicho sobre Alexis, antes sobre Edison, pronto escucharemos sus comentarios sobre Casey. Y sin embargo, la amenaza del conductor me ofende, por no decir que me duele que un automovilista cualquiera de camino a su casa, gaste sus energías en gritar palabras de riña o de burla contra un grupo de personas envueltas en una manifestación pacífica a favor de un hombre tan marcado por la muerte que cualquier palabra en su contra parecería capaz de rematar el último gran argumento a favor de su vida.
“Más vale que cantes, cabrón.” No se qué lado mío amenazó, y canté.

Día uno

Le extiendo la mano y le deseo éxito a uno de los abogados de defensa en el caso. Luego de “éxito” no se me ocurre que más decir. Sonrío, espero un tiempo prudente y me retiro. El abogado retoma la conversación en la que se encontraba inmerso cuando lo interrumpí.
“Éxito” porque a él le toca hacer su argumento en contra de la pena de muerte en corte, frente a las doce personas que tienen a su haber la capacidad para mandar a ejecutar a alguien. Yo, en cambio, tengo a mi haber un ratito en la tarde del lunes—una ventana de tiempo, le llaman—para pararme en la acera entre conocidos y desconocidos, amados todos, y hacer nuestro argumento frente a automovilistas y transeúntes en la Chardón.
Nos están tocando bocina. Eso significa que es un buen argumento, convence. Se podría decir que ha sido una manifestación “exitosa.” No sé cómo más llamarle. Una gente convoca, otra gente le llega, cada cual agarra la pancarta por alguna esquinita y zas: La Resistencia. La Oposición. Algo Grande, quiero decir. Aunque a decir verdad no hay nada más grande que el dolor del cual habla el hombre más cercano a mí, a media pancarta de distancia. El hombre habla de La Pérdida de su Hija dentro de un contexto de resistencia y oposición. No hay dolor más grande, sin duda. Como no hay duda del honor que uno siente de poder estar parado cerquita de él. No le digo nada porque sería ridículo extenderle la mano y desearle éxito. Mas si pasara en carro, tocaría mi bocina en homenaje para que él y los demás sintieran que la manifestación fue “exitosa.”
Hay palabras, que según pronunciadas, uno las ofrece como un regalo, otras como una concesión. Otras más como súplicas. Yo no hablo—lo que se dice Hablar—con mi hermano hace fácil veinte años pues nuestra historia incluye alguito de dolor. Le extendí la mano y le deseé éxito, porque no hay nada más que decir, con la esperanza de que el jurado escuche los bocinazos.

Testimonio

“Yo me opongo porque me opongo. Hay cosas para las que uno no necesita tener razones, ¿tú me entiendes? Te digo más, yo me opongo por fe. Yo creo que es mejor no matar al matón que matarlo. No porque dizque en la cárcel la va a pasar peor. Al contrario. O sea, a mí no me interesa que el tipo sufra. Eso es todo. Que es un matón y no puede convivir afuera, de acuerdo. Que hay que encerrarlo porque, líder, a esta etapa del juego no nos queda de otra, pues no nos queda de otra. Pero por qué encima de ir preso tiene que sufrir. A cuenta de qué. Yo perdí a mi nena, varón. Yo perdí a mi nena de mano criminal. Y eso no sana. Eso no se sobrepasa. Eso es un dolor que no te digo que te hace compañía toda la vida, porque ese dolor te parte. O sea, yo brego y todo. Trabajo. Vivo, lo que se dice vivir, varón. Pero aquí donde tú me ves, estoy roto. Pero yo no necesito romper al que me rompió, ¿tú me entiendes? Yo no lo necesito ver muerto. Yo necesito no saber nada de él. Yo necesito que lo aparten de mí. Yo necesito saber que ese tipo no le hará más nada a más nadie. Pero sabes qué. Lo necesito vivo. Lo necesito bien, en el sentido de que está encerrao, pero qué sé yo, tiene su salud, tiene en qué matar el tiempo. Qué sé yo. Necesito que sienta que hay algo se rompió por culpa de él. Que yo me rompí cuando me quitó a mi nena. Yo necesito que él sepa que me causó dolor, pero yo no quiero causarle dolor. ¿Tú me entiendes? Y no los podemos dejar, varón. No podemos dejar que la gente aquí se acostumbre a que na más por estar rotos por dentro pueden venir a la corte y mandar a la gente a matar. Yo estoy aquí por eso. Y no tengo las razones. Los argumentos, como le llaman los abogados. Yo tengo fe. La fe, líder, de que aún estando roto, podrido de dolor, estoy aquí.”

(3/18/13- 3/23/13)

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