Derechos Humanos - Penal

Amenazas

En abril, un juez federal manifestó lo siguiente en torno a la pena de muerte: “Creo firmemente que la pena de muerte es una forma loca, loca, loca para lidiar con estos casos. Es una pérdida de tiempo.” Las expresiones del juez fueron plasmadas en una pancarta por opositores a la imposición de la pena capital en Puerto Rico. Expusimos la pancarta frente a la corte con orgullo, como si sus palabras fueran indicativas de cierto nivel de oposición y resistencia desde el interior del sistema. Esperanzado, opté por pensar que con “loca” el juez quiso decir descabellada, inmoral, cruel, brutal, discriminatoria e injusta (x3). Por “pérdida de tiempo” entendí que, desde el punto de vista de las ciencias penales, la pena de muerte es inefectiva en tanto y en cuanto no opera como disuasivo para posibles ofensores, y ciertamente da al traste con los imperativos morales y jurídicos de la rehabilitación del ofensor y su eventual reintegración a la comunidad. Según el juez, la pena de muerte le quitaba el sueño. A nosotros y nosotras también. ¿Acaso podríamos hablar de una alianza de abolicionistas insomnes dentro y fuera de los tribunales? Ojalá.

Hoy, sin embargo, pienso que cometí un error en la interpretación. Que por “loca” el juez simplemente quiso decir desacertada, penosa, una muy mala idea. Que por “pérdida de tiempo” se refería no más que a los largos años que transcurren entre la condena y la ejecución de un responsable de delito. Esto porque las expresiones recientes de ese juez me hacen pensar que diferimos brutalmente en materia de justicia. Veamos.

Resulta que un hombre en libertad bajo fianza amenazó al gobernador en su cuenta de Twitter. Resulta que el hombre fue sentenciado por el juez a cumplir seis meses y medio de cárcel. Resulta que el hombre solicitó comenzar a cumplir su condena en enero, cosa de poder compartir con su hija de un mes y tres días de nacida su primera navidad. Resulta que el juez denegó su petición debido a que el hombre era adicto a marihuana e impulsivo y contra él, en su momento, se presentaron cargos de robo. Resulta que el juez justificó su decisión llamándolo “pistolita”, y alegando que el tuit “era una invitación a otros a actuar basado en su amenaza.” Resulta que el juez le auguró muy mal futuro: ”Cambia tu vida porque vas a terminar mal”, le dijo.
Amenazar al gobernador es muy serio. El hombre amenazó con secuestrarlo. Lo amenazó de muerte. Por otro lado, una amenaza puede ser casi cualquier cosa: augurarle a otro un destino funesto, por ejemplo. Hay una diferencia, sin embargo, entre hacerlo por Twitter y hacerlo en corte abierta. Hay amenazas que incluso podrían considerarse más bien penosos exabruptos públicos de parte de individuos que cedieron sus buenas conciencias temporeramente ante la frustración y/o el coraje y escribieron cosas terribles en las redes sociales. Hay exabruptos que, supongo, no se pueden tolerar. Sobre todo aquellos dirigidos a personas comunes y corrientes sin recurso para protegerse. Mas, yo creo firmemente que no permitirle a un hombre pasar las navidades con su niña de un mes y tres días de nacida antes de empezar a cumplir su sentencia es una forma loca, loca, loca de lidiar con estos casos. Quiero decir, casos en que el delito parecería ser en extremo serio, pero que bien mirado, el responsable no representa una amenaza seria para jefes de estado ni para la sociedad en general. Me parece una pérdida de tiempo. Me refiero al tiempo que perderá el hombre en la cárcel. Me refiero al tiempo que la niña pasará con su padre perdido en prisión. Lo pienso y siento gran frustración y coraje y siento que estoy al borde de ceder mi buena conciencia ante mi coraje y mi frustración y acudir al tribunal con una pancarta que diga: “Esto va a terminar muy mal.” Pero opto, en vez, por escribir en las redes sociales. Perdonen el exabrupto.

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