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Sobre el derecho al olvido

Incluyo una nota del colega y amigo Eduardo Bertoni (Universidad de Palermo) y una columna de Jonathan Zittrain, de Harvard sobre la reciente decisión del Tribunal de Justicia para la Unión Europea en torno al llamado “derecho al olvido”.

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El problema del control personal sobre información privada, aunque importante, debe darse ante mecanismos vigorosos para garantizar el derecho a acceso a información y a la libertad de expresión. En ese sentido, la decisión plantea el riesgo de que intermediarios privados realicen este balance de derechos equivocadamente (especialmente ante incentivos legales provocados por esta decisión para bajar material).

En palabras de Zittrain:

In the wake of the decision by the European Court of Justice, search engine companies now face a potential avalanche of requests for redaction. And whatever the merits of the court’s decision, Europe cannot expect to export its new approach to countries like the United States. (Even in Europe, search engine users will no doubt cultivate the same Internet “workarounds” that Chinese citizens use to see what their government doesn’t want them to see.)

Y en las de Eduardo:

el Tribunal de Justicia de la UE “privatiza” el análisis del contenido de ciertas informaciones. Deja en manos de los buscadores la decisión acerca de si una información es o no es de interés público. Sería preferible que tamaña decisión quede en manos de decisiones judiciales porque el riesgo, cuando no es así, es enorme: para evitarse problemas, los buscadores -sobre todo los que, aunque menos usados, cuentan con menos recursos- podrían tomar como política no hacer un análisis minucioso y ante un pedido de un particular directamente obedecerlo. Si ello ocurre, el daño a nuestro derecho al acceso a la información será enorme, porque ya no podremos conocer informaciones que puedan ser de interés público. Y, lo más problemático, es que la decisión sobre qué podemos conocer en el mundo digital y gracias a Internet quedará, en definitiva, en manos privadas.

Lean a Eduardo y a Zittrain!

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