El regreso de Darth Vader (Ismael A. Molina Villarino)

Gato Ismael
(gato del autor)

El regreso de Darth Vader y la custodia de las mascotas luego de la separación

El 15 de abril, El Nuevo Día anunció que un pleito por la custodia de unas mascotas se resolvió por acuerdo extrajudicial: el gato Darth Vader regresaría a casa del demandante Abrams, quien aseguraba quererlo como a un hijo y extrañarlo todas las noches. Aunque el acuerdo extrajudicial es sin duda más beneficioso para Darth Vader y para Abrams, la comunidad jurídica (y el país en general) se quedó sin el privilegio de una expresión judicial sobre este interesante asunto. ¿Quién se hubiese quedado con el gato si el acuerdo no hubiese sido posible?

Nuestro Derecho Civil está muy atrasado en esta materia. Mientras el Derecho Penal ha estado a la vanguardia reconociendo la capacidad de los animales no humanos para sentir, prohibiendo así el trato cruel hacia los mismos, nuestro Código Civil no ha logrado tan siquiera clasificarlos satisfactoriamente. Para efectos del Código, los animales son bienes muebles semovientes, o sea, cosas apropiables y animadas que pueden trasladarse por sí solas. ¿Se justifica la diferencia valorativa que se le da a los animales en lo penal y en lo civil?

Aparentemente, Abrams y su expareja no estaban casados. Por lo tanto, eran ambos copropietarios de un bien indivisible. ¿Cómo el Tribunal hubiese resuelto esta controversia? ¿Podía uno de los dos quedarse con el bien y que el otro le abonara parte de los gastos? ¿Podrían ambos encargarse del cuidado del bien a través de una custodia compartida? Aunque consideremos a los animales no humanos como cosas, sabemos que no podemos dividirlos en partes o venderlos para resolver el asunto de la custodia. Así, estas preguntas comienzan a parecer más propias del Derecho de Familia que de los Derechos Reales.

Aunque algunas jurisdicciones tanto en Norteamérica como en Europa han enmendado la ley para descosificar (si se me permite jugar con el lenguaje) a los animales (al menos los domésticos), han sido realmente los tribunales quienes han esculpido este ámbito del Derecho. A pesar de la aún común clasificación de los animales no humanos como cosas o propiedad, los jueces han logrado buscar soluciones sensibles a este tipo de disputa.

En Puerto Rico no tenemos jurisprudencia sobre este particular. Sin embargo, en Francia el asunto ha podido discutirse con relativa profundidad. Diversas decisiones en los tribunales franceses han establecido algunas normas generales: si el animal pertenecía a una de las partes antes de comenzar la relación, el animal sería un bien privativo; si la pareja ya estaba formada, el animal pasaría a quien logre demostrar haber pagado el costo (si alguno) del animal y el cuidado del mismo; si la pareja tiene hijos, el interés de los hijos debe tomarse en cuenta a la hora de otorgar el animal a uno u otro de los cónyuges, y si la pareja no tiene hijos, debe buscarse el lugar que dará mejores condiciones de vida al animal. En España, un tribunal tomó una interesante decisión en la que estableció un sistema de custodia compartida de un perro. Ante la indivisibilidad del bien en pugna (el perro), el tribunal estableció que “permanezca en compañía de uno y de otro mediante periodos sucesivos de seis meses” en cada hogar. En Estados Unidos, generalmente las decisiones han tomado en consideración los siguientes criterios: la posesión del animal, puesto que se trata de un bien mueble; el bienestar del animal; el mejor interés del animal, y el mejor interés de cada parte.

En términos generales, hay dos criterios que entran en conflicto: el subjetivo o sentimental, que privilegia a la parte que tenga mejores lazos emocionales con su mascota, y el objetivo que privilegia a quien pueda probar ser capaz de brindarle mejores condiciones de vida al animal, o haber invertido más en el mismo en el pasado.

Los litigios por la custodia de las mascotas, al igual que ocurre con los hijos, pueden estar manchados por las riñas de la pareja, y no siempre un acuerdo extrajudicial logrará resolver los mismos cuando ambos insisten vehementemente quedarse con la mascota. También puede ocurrir lo contrario, y que ninguno de los dos quiera hacerse cargo de la mascota dada su nueva situación. En estos casos, ¿cómo el Derecho protege al animal, que no es sino una víctima inocente de la ruptura en su hogar? ¿Y si ante una de estas situaciones un tercero decidiese reclamar la custodia porque entiende que el dueño es negligente?

Ante un Código Civil ambiguo en cuanto al espacio que ocupan los animales en el Derecho Patrimonial (¿o en el Derecho de Familia?) y una rama judicial que no ha podido expresarse sobre el tema, cuando Darth Vader vuelva a regresar a nuestros tribunales, y sus súbditos no quieran transigir, el Derecho Comparado podrá guiar nuestro rumbo hasta tanto la legislatura decida actuar.