Constitucional

Vistas públicas sobre el derecho a la salud

Por Ismael A. Molina Villarino

La Comisión de Derechos Humanos, Civiles y Constitucionales del Colegio de Abogados y Abogadas de PR celebró vistas públicas durante el fin de semana del 25 y 26 de abril para escuchar ponencias sobre diversos grupos que se expresaron en cuanto al derecho a la salud, los problemas de acceso a servicios que enfrentan algunos sectores de la sociedad y qué sistema debe ser el más adecuado para PR. Una reseña de El Nuevo Día puede leerse en el siguiente enlace.

Aunque muchos consideran este tema un mero cliché, el debate sobre el mismo está lejos de culminar. Los diferentes ponentes denunciaron serios problemas de acceso a servicios y de discrimen en el ofrecimiento de los mismos. Algunos integrantes de la comunidad LGBTTQ tienen necesidades muy particulares en cuanto a servicios médicos, pero los servicios simplemente no están disponibles. Tampoco los hospitales están institucionalmente preparados para atender a todos sus integrantes. Según señaló una delegación de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas, para la comunidad trans es urgente que se establezcan ciertos protocolos en los hospitales, particularmente en los departamentos de emergencia, donde puede llegar un cuerpo inconsciente y el personal puede empezar “a ponerle agujas en donde sea” asumiendo que se trata de un hombre o de una mujer, sin realmente saber.

Muchos ponentes alegaron que algunos médicos niegan servicios a esta comunidad. Sin embargo, la licenciada Bámily López, Presidenta de la Comisión, puso en duda si en toda ocasión en que un médico se niega a ofrecer un servicio se trata de un discrimen por orientación sexual necesariamente. Puede el médico no sentirse apto para trabajar con las necesidades especiales de esa comunidad. ¿Falta de sensibilidad? ¿Falta de adiestramiento?

Algunas soluciones presentadas a estos problemas, como “incluir la perspectiva de género en todos los niveles de ofrecimiento de servicios de salud” o “hacer del sistema de salud uno integrado”, resultan extremadamente ambiguas y vagas. Otras soluciones como “añadir tal o cual curso a los currículos universitarios” son poco más que cosméticas. Finalmente, la creación de protocolos, si abusamos de ella, puede agravar la prestación de servicios de salud al crear un exceso de normas complejas que provoquen que el personal médico se ocupe menos por el cuidado del paciente y más por el cumplimiento con las reglas.

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  • Érika

    Gracias, Ismael, por la reseña. Pregunto genuinamente: ¿Por qué algunos consideran este tema un cliché? No lo había pensado. Es decir, ¿qué sería el cliché? ¿hablar del tema de la salud como “un derecho”? ¿o el hecho de hacer vistas para discutir los problemas por entenderlo “una pérdida de tiempo”? Lo pregunto porque una pensaría que en tanto el tema del acceso (o la falta de) a servicios de salud es tan precario no se me hubiera ocurrido que para algunos la discusión del tema fuera impertinente o clichosa. En todo caso, visto así, valdría la pena preguntarse por las razones para esa actitud.

    • Ismael A. Molina Villarino

      Creo que ambas. En cuanto a la salud como un derecho, citar el artículo 25 de la Declaración de los Derechos Humanos no parece levantar grandes emociones ya. Primero, creo que el discurso de los Derechos Humanos en general ha perdido fuerza en cuanto no ha logrado materializarse. Segundo, los avances tecnológicos en la medicina dominan gran parte del debate sobre salud. Los llamados países civilizados prefieren gastar grandes cantidades de dinero en investigación y tecnología, ignorando la pregunta quizás más básica de si los humanos tienen o no acceso a servicios que ya existen. Me atrevo a pensar que una convención de médicos dedicada al tema del derecho a la salud sería un fracaso, más no una dedicada a cómo ciertas variaciones genéticas aumentan el riesgo de un X tipo cáncer. Y creo que el error está precisamente ahí, en dejar de hacernos la gran pregunta, clasificarla de passé y dedicar nuestros recursos a adelantos que a fin de cuentas beneficiaran a un porciento muy bajo de la población mundial.
      En cuanto a la pérdida de tiempo que puedan representar las vistas públicas, quiero señalar que existe una diferencia considerable entre quienes dirigen estas iniciativas y quienes realmente tienen el poder de implementar los cambios que de ellas surjan. Eso engendra un ritual (que puede repetirse eternamente) en que se hacen vistas públicas, se prepara un informe, el gobierno lo recibe, pone dos o tres parchos y se acabó.

      • Érika

        De acuerdo contigo. A todo eso se le suma que se ha asumido el convencimiento de que las cosas no pueden ser de otra forma, es decir, no parece haber un referente al cual mirar que no sea el de la adhesión de uno a uno con los planes médicos que son quienes dictan el curso a seguir para los diagnósticos, tratamientos, cubiertas, etc. En otras palabras, tanto en la educación como en la salud -y derechos sociales en general- parece haber una resignación de que se trata de asuntos que cada cual se resuelve y no hay aspiración a mejores entendidos y proyectos. El tema del cáncer, por ejemplo, se aborda desde fundaciones, contribuciones individuales para ‘la investigación sobre el cáncer’, caminatas de personalidades para ‘la lucha contra el cáncer’ ( que me parecen más perniciosas que otra cosa: ¡¡¿contra quien y contra qué se lucha?!!); en fin, que no hay una o más narrativas coherentes que puedan describir el problema. Aºun así -y con todo lo crítica y escéptica que suelo ser al discurso de los derechos, creo importante reafirmarlos porque lo otro es la resignación a dejar de verlos como tales y a adaptarse a que se trata de meros bienes de consumo a los que se accede solo a partir de la capacidad de pago. Sigamos.

        • Ismael A. Molina Villarino

          ¡Sí! Estoy de acuerdo. Gracias por haber articulado tan bien y tan sucintamente el tema de las fundaciones y los eventos del cáncer. He podido participar en varios de estos eventos y no pocas veces he regresado más bien desilucionado, pero no había logrado darle forma a mi malestar.