Penal - Procedimiento Crimnal

Encadenada en el encierro que rehabilita (Omayra Torres Sánchez)

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Foto: Chloé Georas

Nota de los Editores: El texto que sigue es una colaboración de Omayra Torres Sánchez, estudiante de la Universidad de Puerto Rico en el proyecto piloto de educación universitaria en el sistema penitenciario de Puerto Rico. Esta reflexión sobre el concepto rehabilitación y su experiencia fue parte de sus trabajos en el curso de Ciencias Sociales impartido por el Prof. Gazir Sued en el complejo carcelario para mujeres en Vega Alta. Agradecemos a Omayra por compartir su reflexión en Derecho al Derecho.

Encadenada en el encierro que rehabilita

Omayra Torres Sánchez

Cárcel de Mujeres de Vega Alta

Las leyes impuestas por cuerpos legislativos para procesar criminalmente a los seres humanos en Puerto Rico son unas de ideología primitiva que evidentemente no van acorde con la vida de ningún ser humano, más allá cuando la sentencia impuesta sobrepasa las expectativas de vida. El proceso llevado a cabo y en el cual se enjuicia y sentencia a un ser humano más allá de ser un proceso rehabilitador es una de venganza y castigo continuo.

El sistema penal de Puerto Rico es uno de carácter violento, vengativo y cruel al cual llaman programa “rehabilitador”, donde tratan de modificar la psiquis de los confinados para domesticar las conductas delictivas para su reinserción a la libre comunidad si es que la sentencia impuesta no es una de por vida. Este proceso es llevado a cabo en condiciones de hacinamiento extremo donde continuamente violentan todos los derechos en especial la dignidad del ser humano, la cual es “inviolable” y así está específicamente en la Carta de Derechos de Puerto Rico, sección II. Esta es de la manera en que se supone que los confinados paguen su deuda social y moral.

La práctica carcelaria en Puerto Rico es una opresiva en donde la palabra “rehabilitación” es simplemente usada de manera simbólica pues no existe tal “rehabilitación”; el sistema es utilizado como un negocio lucrativo para un sector de la sociedad. Más allá de eso, el personal asignado a trabajar directamente como parte de la rehabilitación del confinado busca su bienestar propio obviando así el verdadero objetivo que es “rehabilitar” a cada confinado que forma parte del sistema, lo que convierte a las instituciones penales en almacenes de seres humanos en donde la educación no es la prioridad, en donde los confinados son tratados como esclavos y esto se atribuye a una orden impuesta por el tribunal donde impuso sentencias de trabajo forzado a los confinados, integrando así una modalidad institucional de la esclavitud entre los recursos penales.

Desde mi punto de vista y como parte del sistema correccional y miembro de una población confinada desde el año 2008, he podido vivir de cerca y desde otra perspectiva lo que es el sistema carcelario en Puerto Rico. Comenzando por la sentencia que se me impuso la cual es exageradamente alta -de 130 años- la cual sobrepasa mis expectativas de vida y tomando en cuenta todas las sentencias similares existentes el sistema ha cometido varios atropellos conmigo y con prácticamente toda una población que forma parte del sistema carcelario de Puerto Rico; desde la marginación que tenemos que enfrentar ante una sociedad con pensamientos errados por ser confinados hasta los atropellos continuos en nuestra vida cotidiana.

El sistema carcelario tiene reglamentos establecidos que son utilizados a su conveniencia atándonos más allá de las condiciones de vida que son restringidas por demás. El sistema educativo dentro de una población penal es casi inexistente pues está sujeto a cambios constantes por el sistema de seguridad establecido; cambian a su antojo la forma en que se imparte la educación en dicho sistema, cuando la educación es un derecho y no un privilegio, y eso es de su conocimiento. Pero para el Sistema no es conveniente tener una población educada porque la educación es la mejor arma que puede tener un ser humano. Mientras más educación se adquiera dentro del sistema, más amenazado se ve el negocio de la “rehabilitación”, el cual es muy lucrativo.

En el sistema carcelario existe una actitud que va en contra del bienestar del confinado pues la mayor parte de los oficiales no están debidamente educados para trabajar con dicho sector de la sociedad, proyectándose de una manera inhumana y despectiva por demás, ante un trabajo que requiere tacto pues se trabaja con diversas personas con múltiples personalidades que por lo general han tenido un desarrollo conflictivo a través de su vida. Las condiciones de vida ofrecidas por el sistema en la mayoría de los casos ocurre todo lo opuesto a la “rehabilitación”, sus personalidades cambian negativamente y esto debido al trato inhumano y el abuso constante al que son sometidos pues lo que caracteriza al personal que trabaja con dicha población es su carácter autoritario, ese sentimiento de poder que los embarga y que va por encima hasta del reglamento impuesto por el Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR), violentando una y otra vez el Derecho que se supone cobije al confinado y lo proteja del trato cruel al que es sometido.

El trato cruel consta en varias áreas: en la alimentación, la que se supone que sea una “nutritiva”, es confeccionada de una manera que ni siquiera un animal podría ingerirla; en el área de la salud es desproporcionada y de cierta forma desorganizada pues de cinco (5) citas médicas coordinadas solo puedes asistir a una (1) como mucho pues el sistema es un gran impedimento para que se asista a las mismas. Me surge una gran interrogante: ¿Qué pasa con el dinero que está asignado a esa área médica para que te ofrezcan el servicio? ¿A dónde va el dinero que se desembolsa diariamente para cubrir esas necesidades médicas?, porque de igual forma, aunque al confinado no se le haya ofrecido el servicio, el dinero es cobrado. Entonces ¿quién se beneficia?.

En cuanto a la recreación, la misma constituye un derecho dentro del reglamento establecido por el DCR más sin embargo, la misma es manipulada a la conveniencia de los oficiales, destinando así en la mayoría de las ocasiones al confinado al encierro continuo, al aburrimiento y peor aún, sin ninguna opción o medida que le pueda proveer una distracción positiva al confinado, encadenándolo a un constante ciclo que no resulta beneficioso. Desde otro punto de vista, las custodias de máxima seguridad son prolongados, los términos de tiempo son excesivamente largos, esto debido a un Comité de Reclasificación que no toma en cuenta ni conscientemente el avance del confinado a nivel individual, obstaculizando el Plan Institucional trazado por el mismo sistema. Estando en una custodia de máxima seguridad y habiéndose beneficiado de lo poco otorgado por el DCR, el confinado no puede tener ningún tipo de avance, lo que prolonga una reinserción a la libre comunidad, por lo que las cárceles continúan en hacinamiento.

El sistema penal no te brinda herramientas necesarias para la “rehabilitación” con el único objetivo de seguir el negocio lucrativo. Es de propio conocimiento que se han realizado propuestas para crear talleres los cuales benefician a toda una población correccional, más sin embargo, el sistema obstaculiza todo el proceso, evitando así la llamada “rehabilitación”, en un ciclo vicioso que pasa de generación en generación, creando así un problema social que a fin de cuentas es creado por las leyes absurdas y la visión arcaica y por un sistema penal que vela por sus intereses personales (lucrativos) y no por el bienestar de cada individuo que forma parte del DRC.

En conclusión, el sistema legislativo con una visión arcaica y a través de sus leyes, impone castigos absurdos a través del sistema penal, el cual se esconde detrás de una rehabilitación inexistente que no ayuda a que seres humanos sean incorporados a la sociedad de manera positiva y, peor aún, el mismo sistema legislativo te condena por el resto de vida pues una vez cumples con la deuda moral y social sigues pagando el precio alto de la marginación en el ambiente laboral. Y, me pregunto ¿es rehabilitación o es castigo y venganza?

2015.

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