Penal

Pensamientos peligrosos (Por Gabrielle Thurin)

“His act did not o’ertake his bad intent; 

And must be buried but as an intent 

That perish’d by the way: thoughts are no subjects, 

Intents but merely thoughts.”

-William Shakespeare, “Measure for Measure”, Act V, Scene 1

 

Se conocieron a través de los message boards de las páginas cibernéticas que frecuentaban. Rápidamente se dieron cuenta que compartían varios intereses y empezaron a intercambiar mensajes privados hablando más a fondo sobre sus gustos afines. Hacían chistes, compartían detalles de su vida fuera de la pantalla de la computadora. Discutían cómo y cuándo finalmente se podrían conocer, qué harían, cómo hacerlo. Su amistad era parecida a toda aquella que es posible establecer a través de las redes sociales y la tecnología a nuestro alcance en el siglo XXI, con la salvedad de que los websites a los cuales pertenecían eran de fetiches sexuales alternativos, que esos ‘intereses compartidos’ incluían la mutilación de mujeres y el canibalismo, y que entre los mensajes intercambiados habían planes para el secuestro, violación, asesinato y consumo de varias mujeres que conocían.

El documental Thought Crimes: The Case of the Cannibal Cop, lanzado este verano por HBO, nos presenta el caso de Gilberto Valle, un policía en la ciudad de Nueva York, que fue denunciado por su esposa al ella encontrar esta correspondencia en la computadora de su casa. Valle, casado y padre de una bebé recién nacida, fue arrestado poco después y el caso contra él se hacía cada vez más convincente. Sus búsquedas en Google sobre cómo cocinar carne humana, hacer cloroforma y el hecho que utilizó la base de datos al que tenía acceso como policía para buscar la información personal de varias de las mujeres que había mencionado en sus mensajes, parecían demostrar sin duda alguna que Valle tenía la intención de llevar a cabo sus fantasías. En varios de los intercambios que tuvo con sus cohortes, Valle se ofrecía a secuestrar a las posibles victimas, fijando un precio por cada una, en fechas específicas y llevarlas a una casa de campo que tenía en las afueras de la ciudad. Mencionaba un sótano donde nadie podría escuchar los gritos y un horno tamaño industrial donde podrían cocinarlas.

Sin embargo, pasaron los días mencionados y no hubo secuestros. Gilberto Valle caminaba las calles de Nueva York todos los días en su uniforme de policía sin violar ni comerse a nadie. El detalle gráfico y minucioso de sus mensajes era vil, su contenido horroroso, pero ¿constituían un crimen?

El concepto de thoughtcrime, que le da nombre al documental, surge de la novela distópica 1984 de George Orwell para denominar todo aquel pensamiento que va en contra, cuestiona o duda del Estado y cuya mera presencia en la mente de alguien es un crimen. No se necesita actuar sobre él, ni siquiera se tiene que expresar a otro: el thoughtcrime es toda idea que nunca se nos debe ocurrir. A Gilberto Valle se le ocurrió. Vocalizó sus fantasías sexuales violentas  y les añadió tantos detalles que estas se tornaron, en ojos de los fiscales que buscaban condenarlo en un tribunal, lo suficientemente planificadas para demostrar que Valle en algún momento intentaría hacerlas realidad. Encarcelarlo significaría sacar a un depredador de las calles, neutralizar a una bomba de tiempo, que dada la naturaleza violenta de sus fantasías, podría estallar en cualquier momento. Pero, ¿y el acto que constituye un daño concreto que conlleva la imposición de responsabilidad penal? Gilberto Valle jamás actuó. Jamás intentó secuestrar ni secuestró a nadie. De hecho, Gilberto Valle mintió: mintió sobre su disponibilidad durante las fechas cuando supuestamente se llevarían a cabo los secuestros, mintió sobre algunos detalles personales de las mujeres que las harían accesibles o reconocibles por los demás, mintió sobre el sótano y el horno industrial.

Si bien se puede establecer que éste aún no había cometido ningún delito, lo que podría estar puesto en duda es la “punibilidad de la ‘tentativa’…. que pretende castigar a quien alberga la intención de cometer un delito”. Luis Ernesto Chiesa Aponte, Derecho Penal Sustantivo 204 (2da edición, 2013). Para esto se necesita “constatar si la conducta… constituye un ‘paso sustancial’ (substantial step) hacia la comisión de la ofensa”, distinguiendo entre los actos preparatorios, que no se castigan, y los actos de ejecución, que sí son castigados en grado de tentativa. Íd.  Como bien señala el profesor Chiesa, “no es tarea fácil determinar si la conducta del sujeto constituyó un paso sustancial hacia la consumación de la ofensa. Asimismo, resulta difícil trazar la línea entre actos preparatorios impunes y actos de ejecución punibles. . . [D]icha determinación es, en última instancia, intuitiva y valorativa”. Íd.

Las conversaciones de Valle contenían un grado de detalle que bien podrían constituir un plan de acción, pero ¿es esto prueba suficiente de que Valle y sus amigos actuarían sobre sus fantasías eventual e inevitablemente? ¿Se trataría entonces de actos preparatorios o actos de ejecución? Chiesa escribe, “… se requiere, como elemento objetivo, no solo que dichas acciones u omisiones se dirijan ‘inequívocamente’ a la ejecución de un delito, sino también que lo hagan ‘inmediatamente’”. Íd., pág. 205. El requisito de la inequivocidad requiere un acto manifiestamente criminal y no solamente la intención delictiva, mientras que el estándar de la inmediatez implica que se haya comenzado a realizar el último acto necesario para producir el delito. Íd., pág. 205-06. El delineamiento de estos conceptos es vago y el grado de subjetividad envuelto al decidir si el caso de Valle cumple con estos requisitos para ser acusado de un acto punible en grado de tentativa es evidente.

Este caso nos plantea varias interrogantes: las fantasías de Gilberto Valle y sus compañeros, si bien violentas y tabú, ¿constituyen actos criminales interrumpidos o conversaciones inocuas porque nunca se dieron fuera del mundo de la fantasía cibernética? ¿Puede, y debe, el Estado penalizar a alguien por sus fantasías, que innegablemente hubieran constituido actos criminales si se hubieran llevado a cabo? ¿Se trata de medidas preventivas o del acercamiento a una persecución orwelliana del thoughtcrime?

Nota: El caso de Gilberto Valle se encuentra actualmente en el Segundo Circuito de Cortes de Apelaciones de Estados Unidos. El estado busca que se revoque una decisión del tribunal inferior que falló a favor de Valle en cuanto a la eliminación del  cargo de conspiración por el cual fue acusado. United States v. Valle, 301 F.R.D. 53 (2014).

Para acceder al documental:

https://www.youtube.com/watch?v=EmBCXjnjrJk

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