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Hacia una nueva mirada al fenómeno del narcotráfico

Mural en la Avenida Universidad (2015)Este escrito no pretende dar cuenta de toda la complejidad envuelta en el asunto de las drogas, sino que es una invitación a continuar el diálogo, no sólo desde una mirada, sino desde esas múltiples miradas que están excluidas. No sólo desde la mirada jurídica y salubrista, sino desde una mirada política, social, económica y cultural. Sólo así podremos realmente atender el asunto de las drogas responsablemente. En el estudio del narcotráfico se continúa dejando al margen de la discusión todo un sector legal que interviene y participa activamente en su producción. La discusión sobre el fenómeno del narcotráfico la podemos posicionar en el espacio internacional, en la era de la globalización y al interior de un mercado capitalista donde convergen fuentes de capital tanto legales, como ilegales. El narcotráfico podría estudiarse por un lado, desde el referente económico, como un negocio altamente lucrativo donde quedan imbricados los sectores legales e ilegales y por otro lado, desde el fenómeno criminal y el fenómeno de uso y la adicción.

Para el politólogo Luis Suárez Salazar (1987), en la discusión sobre el tema de las drogas se excluyen tres aspectos relevantes para abordar íntegramente el asunto. Estos son: (1) los materiales lícitos que intervienen en la fabricación y elaboración de drogas ilícitas, (2) las drogas socialmente aceptadas que tienen un efecto nocivo sobre el comportamiento del individuo y (3) las drogas sintéticas que se comercializan legalmente. Según Suárez (1987) es inconcebible que intentemos abordar el asunto de las drogas sin incorporar en el análisis los aspectos que tienen que ver con su comercialización y distribución. En la producción de las drogas ilegales no tan sólo podemos hablar de materia prima, por ejemplo en el caso del cannabis o marihuana la semilla y la hoja, sino que en la elaboración del producto se utilizan productos legales tales como fertilizantes y otros químicos para modificar la planta genéticamente y obtener un mejor producto. El funcionamiento y producción del narcotráfico requieren del mercado legal para funcionar, lo que a su vez lucra al mercado legal. En cuanto a las drogas socialmente aceptadas, como el alcohol y el tabaco, que tienen efectos aun más nocivos en el individuo y su uso no esta prohibido. Por otro lado, con las drogas sintéticamente producidas, como la metadona, podemos hablar del proceso de sustitución de drogas ilegales por drogas legales. Lo que se ha cuestionado por muchos, ya que terminan siendo más adictivas y nocivas para el individuo. La metadona se administra con fines de reducir y eventualmente ‘eliminar la adicción’ a la heroína.

Con estos aspectos en mente nos corresponde dar una nueva mirada al asunto de las drogas que incorpore todo ese sector legal, para así  poder crear mecanismos y medidas políticas que puedan intervenir con esos sectores que disfrutan de las ganancias de la ilegalidad funcionando bajo el manto de la legalidad. Suárez (1987) utiliza el concepto de imbricación financiera para hablar sobre las trasnacionales legales y las trasnacionales de las drogas ilegales y como estas se benefician y lucran mutuamente. Las grandes sumas de dinero que son producto de la comercialización de las drogas ilegales terminan depositadas en el sistema bancario y en el mercado.

Estas ganancias no sólo sostienen la banca, sino también funcionan como un sistema económico eficiente para sectores de la población que se encuentran marginados y excluidos del modelo económico legal. Son muchas las personas, en particular jóvenes, que tienen que recurrir al narcotráfico para sobrellevar las duras condiciones en las que se encuentran. Otros reciben asistencia monetaria de personas con posiciones de poder en el narcotráfico a cambio de favores o de mantener silencio. Una de las funciones sociales mas relevantes de la comercialización de drogas ilegales es funcionar como medio laboral, económico y social. Con esto no planteo que se expanda y se perfeccione como sistema económico exitoso, porque si bien es efectivo para estos asuntos, este sistema también trae consigo problema de criminalidad y violencia intensificada. Lo que propongo es que estemos conscientes de que cualquier acción de política pública que tomemos para trabajar el asunto tiene que tomar en consideración esos sectores que se pueden ver afectados. Por ejemplo en algunos países de Sur América el negocio de las drogas ha llegado al nivel de financiar proyectos de vivienda pública y ser un medio de subsistencia para poblaciones que se dedican a su cultivo.

En cuanto al fenómeno criminal y su relación con el narcotráfico, la criminalización de las drogas impulsa su mejor producción y comercialización, ya que mantiene el negocio de las drogas al margen de cualquier regulación económica que le pueda imponer el Estado. La criminalización de las drogas tiene  una función política muy útil para los grupos dominantes y el Estado. Vemos como la mayoría de las personas en ser procesadas criminalmente provienen de sectores poblacionales que están excluidos, marginados y vulnerables. Sectores que se les asocia con todo lo supuestamente es indeseable para una sociedad. Entiéndase: la cafrería, la vagabundería, el mantengo, la falta de escolaridad, la pobreza y otros males sociales. Una intervención clasista y discriminatoria para atender el problemas de las droga permite al Estado controlar y mantener en constante vigilancia a estos sectores. Lo podemos constatar cada vez que se desata un operativo policíaco en los residenciales y barriadas pero no en urbanizaciones de control de acceso.

La guerra contra las drogas permite al Estado aumentar la vigilancia y seguridad sobre los ciudadanos en general, lo que a su vez incide sobre la libertad de estos (Szabó, Garzón y Muggah, 2013). Esto suele ocurrir cuando por motivos del control del negocio de las drogas se suscitan crímenes horrendos y se incrementa la violencia en las calles. Esto a su vez, lleva a los ciudadanos a reclamar mayor seguridad y vigilancia aunque su libertad personal se vea profundamente perjudicada. La violencia que se genera por el control del negocio de las drogas permite al Estado privilegiar el discurso punitivo sobre cualquier otro discurso posible, el cual se reproduce desde el referente de mano dura y que trae consigo, un procesamiento clasista y discriminatorio, la prohibición, un sistema penal represivo que se enfoca en castigar por castigar y en llenar las cárceles. Sobre las cárceles sabemos que no son el mecanismo adecuado para trabajar con el asunto de las drogas, ya que imposibilita una rehabilitación del usuario.

En cuanto a la adicción y uso de drogas, Antonio Escohotado (2006) plantea que las drogas vienen a ser medios para alcanzar estados alternativos de percepción y alcanzar realidades alternativas. Las drogas son una forma de buscar espacio en el interior de las personas en momentos que se vive un social muy saturado. Quienes hacen uso de las drogas buscan formas de sobrellevar una cotidianidad que les es cargada, rutinaria y asfixiante. Las drogas vienen siendo una forma de escapar esta realidad la cual no es aceptable para todos. No quiero decir con esto que recurramos ahora a las drogas para escapar nuestros problemas, sino tratar de entender que las drogas tienen una utilidad social para el individuo y que atender su uso o abuso requiere una nueva mirada política y social.

Para Escohotado (2006) la solución es establecer pautas de consumo responsable o prevención ante el uso, y no seguir recurriendo a los discursos trillados de abstención y prohibición. Es decir saber comportarse con las drogas como con el alcohol u otra substancia legal y socialmente aceptable. Nuestra sociedad no prohibe el alcohol, sino que educa sobre su uso responsable y adecuado. Así debe ser con las drogas, ya que la abstención y la prohibición absoluta no han tenido efecto alguno.

Bajo esa nueva mirada, propongo que ubiquemos la medicalización, despenalización de las drogas y nuevas pautas de consumo responsable. Nuestra legislatura consideró varios proyectos destinados para despenalizar cantidades menores de marihuana para uso personal o eliminar la prisión como una de las penas por su consumo y la autorización del uso médico del cannabis. El proyecto aun esta en el calendario legislativo,  solamente contamos con una Orden Ejecutiva para reglamentar el uso del cannabis medicinal. Los grandes retos que tenemos para poder desarrollar estos proyectos se deben a sectores conservadores y moralistas que pretenden imponer sus valores sobre el resto de la sociedad.

No podemos continuar con un discurso que se empeña en controlar y criminalizar las decisiones de ciudadanos que deciden consumir responsablemente una sustancia de la cual disfrutan o de la cual muchos ciudadanos podrían beneficiarse medicamente (Gutiérrez, 2014). Hoy día podemos dar cuenta que el uso responsable de ciertas drogas, como la marihuana, no es un riesgo para quien la consume ni para el resto de la sociedad. Quizás al final del día el uso de ciertas drogas prohibidas representan un problema de gobernabilidad y por eso las prohibimos (Román,1998). De ser así, nos debemos preguntar: ¿Serán las drogas una amenaza al orden actual de cosas? ¿Amenazan el control de los cuerpos que el Estado pretende tener? ¿Serán una nueva forma subversiva para detener y frenar los afanes paternalistas del Estado? A estas interrogantes quisiera que les encontremos respuestas como sociedad y comunidad política que no aguanta un día más en esta fracasada y mal nombrada: “guerra” contra el narcotráfico.

Publicado originalmente en Descriminalización.org

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  1. Escohotado, A. (2006). Entrevista en Carta Blanca. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=opx27EK_zd8.
  2. ________________. (2005). Historia General de las Drogas. España: Ed. Espasa.
  3. Gutiérrez, G. (2014). La Prohibición, Más Allá de las Sustancias. Recuperado de: http://garygutierrezpr.com/2014/10/10/la-prohibicion-mas-alla-de-las-sustancias/.
  4. Riera Casany, J.M. (2009). El narcotráfico, ¿futuro rector de la economía mundial? Recuperado de http://www.lasdrogas.info/opiniones/281.
  5. Román López, M. (1993). Estado y Criminalidad en Puerto Rico. San Juan, PR: Publicaciones Puertorriqueñas.
  6. _______________. (1998). Lo Criminal y Otros Relatos de Ingobernabilidad. San Juan, PR: Publicaciones Puertorriqueñas.
  7. _______________. (1989). Narcotráfico, procesos de criminalización y drogas: Una lectura alternativa. Revista de Ciencias Sociales Universidad de Puerto Rico 28 (1-2):ene. -jun, 1-14.
  8. Suárez Salazar, L. (1987). El narcotráfico en las relaciones interamericanas: una aproximación estructural. En Cuadernos de Nuestra América 4, no. 8.
  9. Szabó, I., Garzón, J.C. y Muggah, R. (2013). Violencia, drogas y armas ¿Otro futuro posible?*. Documento preparado para el Foro Regional: “Seguridad Ciudadana, Política de Drogas y Control de Armas”.
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