Familias no tradicionales, relaciones no monógamas y el “nuevo” Código Civil (P. de la C. 1654)

La sociedad contra-sexual demanda la abolición de la familia nuclear como célula de producción, de reproducción y de consumo. La práctica de la sexualidad en parejas . . . está condicionada por los fines reproductivos y económicos del sistema heterocentrado. La subversión de la normalización sexual, cualitativa (hetero) y cuantitativa (dos) de las relaciones corporales se pondrá en marcha….  

      -Artículo 10 del Manifiesto contra-sexual, Paul B. Preciado (2002)

 

Introducción.

 En Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos,Zygmunt Bauman (2005) nos invita a pensar en las relaciones en momentos de gran incertidumbre, individualización y descontento con la modernidad. En clave de la obra de Bauman, diría que nuestros tiempos se caracterizan por una ruptura con los modelos tradicionales y con un estallido, altamente complejo, de nuevas formas de relaciones afectivas y sexuales, proyectos amorosos y modelos familiares. Hoy día, para hablar de este fenómeno tenemos que: reconocer la amplia diversidad de formas en que se gestiona el amor, los afectos y relacionarnos más allá de las relaciones no monógamas; aceptar que la familia tradicional es una institución en crisis; y pensar la relación de estas con el contexto económico y político. Ejemplo de esa diversidad lo vemos en: las relaciones poliamorosas, las relaciones abiertas, los matrimonios polígamos (más allá de su concepto tradicional), las familias compuestas de personas del mismo sexo o género, la crianza colectiva, las personas que – por diversidad de razones- recurren a técnicas de reproducción asistida, entre otros. Ante esta realidad, parecería necesario reflexionar sobre el nacimiento, desarrollo y debilitamiento de esos modelos; y, aun más importante, considerar los retos políticos y jurídicos. En el caso de Puerto Rico, pretendo que esta reflexión aporte al surgimiento de nuevos posicionamientos para discutir las reformas que se están proponiendo al Código Civil (en particular, aquellas al Libro de Familia).

Familias no tradicionales y las relaciones no monógamas: un adiós definitivo a los modelos e instituciones del pasado.

 La familia tradicional y las relaciones monógamas han experimentado una serie de transformaciones a través del tiempo. Friedrich Engels (1884), en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, discute el origen y alguna de esas transformaciones. Engels analiza el desarrollo del matrimonio y de la familia a través de una transición que podríamos dividir bajo tres formas: el matrimonio por grupos, el matrimonio sindiásmico y el matrimonio monógamo.

El matrimonio por grupo era característico de lo que Engels y otros llamaban el estadio de salvajismo. El mismo era propio de las poblaciones primitivas y tenía muy pocas restricciones -por no decir ningunas-. Se basaba en la reciprocidad, el intercambio libre de parejas y en la crianza colectiva de los hijos. La segunda forma, el matrimonio sindiásmico, fue el resultado de un proceso de exclusión gradual, en donde las primeras civilizaciones comenzaron a imponer restricciones y prohibiciones matrimoniales entre parientes consanguíneos. Esta segunda forma de matrimonio implicaba la unión entre un hombre y una mujer, donde solo a la mujer se le exigía estricta fidelidad. La tercera forma, matrimonio monógamo, es la que ha existido -con modificaciones- hasta nuestros días. Es la asociación exclusiva entre un hombre y una mujer. Podemos rastrear los inicios de esta forma de matrimonio en los griegos y romanos. El matrimonio monógamo se convirtió en la forma necesaria para el origen de un sistema económico basado en el dominio y posesión masculina y en la conservación y acumulación de riquezas, a expensas de la subordinación de ciertos grupos. Esto ha sido analizado nítidamente en las obras de Eva Illouz y de Silvia Federici. [1] Por un lado, Illouz (1992) se interesa por la relación que existe entre el amor romántico y el sistema capitalista. Para ella, no es posible pensar el amor romántico sin entender su conexión con las prácticas de consumo e interacción en el capitalismo tardío. Con la descripción de dos procesos: mercantilización del romancey romantización de los bienes de consumo, Illouz (1992) señala que las prácticas amorosas responden a una lógica de mercado, que los sujetos (los enamorados) se asumen dentro de estas prácticas como consumidores y que el amor romántico es cómplice del desarrollo y sostenimiento del sistema capitalista. Por su parte, Federici (2004) retoma las reflexiones de Marx y de Engels para profundizar y reiterar que el origen del capitalismo se debió a: la división sexual del trabajo, el surgimiento del matrimonio monógamo, la función que desempeña la mujer en las formas de reproducción, la apropiación del Estado de los cuerpos y la labor de las mujeres y la imposición del trabajo doméstico no remunerado y forzado.

El resto de las transformaciones que experimentaron la familia y el matrimonio se dieron a partir de la Edad Media (influenciada por la Iglesia Católica); y, posteriormente, con el surgimiento de la burguesía, el matrimonio adquirió formalmente los rasgos de un contrato (Engels, 1884). Lo que ahora se consideraba un acuerdo jurídico regulado por la ley no lograría -tampoco pretendía hacerlo- atender la desigualdad de las mujeres respecto a los hombres. Engels (1884), va más allá y dice que, bajo el concepto burgués, nunca podía haber verdadera libertad de contratación entre la pareja, pues el matrimonio respondía a los acuerdos económicos pactados entre las familias.

Este desarrollo, a su vez, para Engels (1884) – en clave de la obra de Johann Jakob Bachofen- representó la transición del derecho materno, característico de las primeras civilizaciones en donde las mujeres disfrutaban de mayores derechos y libertades, a la monogamia, donde el régimen sitúa al hombre como la cabeza de la familia. Es importante tener en mente que este desarrollo fue decisivo para el establecimiento de muchas de las normas jurídicas que rigen hoy día, en especial aquellas relacionadas con la filiación, el parentesco y el Derecho de Sucesiones. La conservación y transmisión de riquezas fue uno de los motivos para que se debilitara la fijación del parentesco por vía de la madre (derecho materno en las primeras civilizaciones) y se fortaleciera por vía del padre, característico de las normas que aún nos rigen.

En este sentido, el matrimonio monógamo fue el origen de muchos elementos hoy cuestionados: la heteronormativa, la exclusividad (exigida mayormente a la mujer), la subordinación, la posesión, la división sexual, la desvalorización de la labor doméstica y la dominación masculina. Si algo nos permite concluir este desarrollo, es que la familia tradicional y las relaciones monógamas no fueron el resultado de casualidades divinas o un asunto exclusivamente de naturaleza humana, sino que respondieron a exigencias políticas y económicas particulares.

El punto de partida de ese cuestionamiento lo ubicaría en el trayecto de la modernidad, en donde se comienza a debilitar la institución de la familia y del matrimonio (Eichler, 1999; Gillies, 2003; Román, 2013). En el siglo XX ese debilitamiento ya es evidente. [2] Diría que hay tres indicios de esto:

Un primer indicio se puede estudiar a partir de las aportaciones de las feministas que iniciaron la lucha por la emancipación de las mujeres. Aquí destacaría las obras de Mary Wollstonecraft (1972) y las anarquistas Emma Goldman (1910) y Luisa Capetillo (1911). Ellas denunciaron la institución de la familia y el matrimonio por ser opresivas para el libre desarrollo de las mujeres y por situar a las mujeres en una profunda desigualdad

El segundo indicio se pudo ver en la lucha del movimiento feminista a partir de los años cincuenta, el movimiento por el amor libre y la libertad sexual en los años sesenta y el activismo queer de los años setenta. Durante esas décadas surgieron varias voces que denunciaban las instituciones de la familia y el matrimonio por ser una invención burguesa, heteronormativa, que se prestaba para oprimir a las mujeres y mantenerlas en una posición de subordinación (Beauvoir, 1949; Millet, 1969; Dworkin, 1974; Rich, 1980). Estos mismos argumentos han formado parte de una denuncia al interior de la comunidad gay, en contra del matrimonio igualitario, por entender que ha fortalecido una institución en crisis (Vidarte, 2007; Lemebel, 2011).

El tercer indicio sería el estallido de modelos y proyectos afectivos que caracterizan nuestra contemporaneidad: el poliamor, el amor libre, la procreación no tradicional, la crianza colectiva y todo aquello que escapa aquellas maneras tradicionales de relacionarse.Entre todas, he decidido enfocarme en solo dos: poliamor y maternidad subrogada.

El poliamor es un concepto sombrilla para agrupar todos aquellos proyectos afectivos y sexuales que no se limitan a dos personas ni a las prácticas cotidianas de la pareja tradicional (Vasallo, 2015). Existen diversas maneras de practicarlo. Hay quienes practican el amor libre dentro de una relación núcleo; otras en que se unen tres personas y conviven en una relación; y otras que simplemente incorporan pasajeramente a terceros como una forma de lidiar con un conflicto en la relación núcleo. [3] El poliamor es visto, muchas veces, como una alternativa política para romper con la monogamia y con aquellos otros elementos que rodean las instituciones tradicionales. Así, pues, varias activistas feministas insisten en el valor político del poliamor para construir formas de relacionarnos más solidarias, menos violentas, menos jerárquicas, más cooperativistas, más receptivas a las necesidades de cada una y como una forma de desmantelar el sistema de opresión a las mujeres (Esteban, 2011; Vasallo, 2015; Herrera Gómez, 2015; Wuwei Climent, 2017; Etxebarría, 2018). Además, el poliamor se posiciona abiertamente en contra de la normativa legal que regula el matrimonio y otras formas de pareja legalmente reconocidas.

De otra parte, la maternidad subrogada es una de las técnicas de reproducción asistida utilizada por aquellos individuos o parejas que no pueden tener hijos o que desean procrear hijos de forma no convencional. La mayoría de las personas que recurren a este medio son personas con alguna incapacidad reproductiva o por parejas compuestas por personas del mismo sexo. La maternidad subrogada ha levantado muchísimos debates al interior del movimiento feminista. Por un lado, algunas consideran que se presta para la explotación de mujeres pobres, la compraventa y trata de niños y la comodificación de los órganos reproductivos. Por otro lado, están quienes la favorecen bajo el derecho a la privacidad e intimidad, el derecho a la autonomía corporal y a tomar decisiones sobre el propio cuerpo -sin intervenciones excesivas del estado-, y el derecho a procrear. Me posiciono con las segundas. Más allá de este debate, la maternidad subrogada supone un cuestionamiento a todas aquellas normas sobre filiación, parentesco y cuidado de los hijos en el Derecho de Familia.

Decirle adiós definitivo al matrimonio monógamo y a la familia tradicional, implica romper con elementos perversos que les subyacen. Esto será cuesta arriba, pues las relaciones no tradicionales son recibidas con hostilidad social, reflejada en las restricciones jurídicas. Por nombrar algunas: normas que limitan el matrimonio a dos personas, la criminalización del adulterio y la bigamia, las regulaciones que restringen el número de habitantes en una residencia y las normativas sobre la procreación y crianza de hijos (Emens, 2009, pág. 260). Todas están pensadas para perpetuar y garantizar la estabilidad de los modelos tradicionales. Por tal razón, no sorprende que al surgir controversias y conflictos entre las personas que están “fuera” de la norma social y jurídica, estas quedan desprotegidas y sin una solución. Para evitar estas injusticias, las operadoras jurídicas tenemos que enfrentarnos a la complejidad que nos exige esta realidad inescapable de nuestros días y traducirla en términos jurídicos.

“Nuevo” Código Civil: ¿mismos modelos e instituciones?

 Mucho se ha dicho sobre las desventajas de tener un Código Civil que no esta atemperado a la realidad social y económica de nuestros días. El Código Civil que rige en Puerto Rico -Código Civil de 1930- contiene disposiciones similares (por no decir las mismas) al Código Civil aprobado en España en el 1890. Ese Código, a su vez, era un vástago del Código Napoleónico de 1804. Nuestro Código Civil ha sido reformados en múltiples ocasiones -siendo la reforma del 1976 una de las más trascendentales- pero, aun así, sigue respondiendo a una realidad social y económica que no se asemeja en nada a la del siglo XXI. Por esto fue necesario plantearnos una reforma amplia en el 1997 y crear una Comisión con estos fines. Tras dos borradores preparados por esta Comisión, surge el P. de la C. 1654, radicado el pasado 18 de junio, con la intención de actualizar un cuerpo de normas decimonónico. Sin embargo, de una lectura a las reformas que se están proponiendo para el Libro Segundo: Las instituciones familiares -y a otros libros-, veremos que esa anhelada reforma se quedará corta, pues aún se sigue insistiendo en modelos e instituciones que se encuentran en crisis y que no responden a la realidad de la sociedad puertorriqueña del este siglo. Veamos.

En cuanto al matrimonio -las figuras que le rodean y sus efectos- se insiste en definirlo y reconocerlo para dos personas. Dice el Artículo 398: “El matrimonio es una institución civil que procede de un contrato civil en virtud del cual dos personasse obligan mutuamente a ser cónyuges.” También se les exige a los cónyuges guardarse fidelidad, y se mantiene el adulterio como causal de divorcio y como una prohibición para que una persona adultera se case con quien adulteró.

En cuanto a la filiación, se mantienen las normas de reconocimiento y presunciones pensadas en el modelo de pareja de dos personas, y se mantienen normas que no se corresponden a las transformaciones provenientes de las técnicas de reproducción asistida. Por ejemplo, el Artículo 621 dice: “El parto determina la maternidad natural”. Sabemos que esto no necesariamente tiene que ser así. Una de las modalidades de maternidad subrogada permite que una persona tenga una madre natural (la que aporta el óvulo), una madre gestante (la que provee el vientre) y una madre social y legal (la que cría y la que tiene derechos y responsabilidades sobre el hijo). Es decir, el parto no siempre determina la maternidad natural. Habría que redactar un artículo que reconozca esta realidad y provea mecanismos para determinar la filiación según cada caso particular.

En cuanto a las técnicas de reproducción asistida y una de sus modalidades más conocidas, la maternidad subrogada -utilizada en Puerto Rico desde antes del 2000- el Proyecto no establece reconocimiento o regulación alguna. Es decir, nos quedamos con el vacío legal que hemos tenido hasta hora, dejando a decenas de familias, parejas e individuos en total incertidumbre jurídica.

En cuanto a la adopción y el parentesco por adopción, se deja la regulación existente que establece la adopción individual o de dos individuos, pero nunca más de dos personas. Por ejemplo, si una pareja de tres personas decide adoptar un hijo formalmente, el estado vigente se los prohíbe de jure, pues socialmente podrán los tres criarlo, pero habrá una tercera o tercero que no tendrá los derechos y obligaciones del resto de los adoptantes.

Las normas sobre custodia, patria potestad, capitulaciones matrimoniales, derechos propietarios y derechos hereditarios también se mantienen ancladas al mismo modelo de familia tradicional y relaciones monógamas.

Este ejercicio lo podemos hacer con el Proyecto completo y notaríamos que la supuesta reforma no es más que una modificación ligera de algunas figuras que ya habían sido cambiadas por la jurisprudencia o por otras leyes. Lo que se incluya y lo que se excluya del Código Civil importa, pues en él se rigen aspectos esenciales de nuestras vidas. En las reformas se sigue promoviendo la familia tradicional y el matrimonio monogámico que criticaba Engels y muchas feministas, y se sigue excluyendo de protección y reconocimiento jurídico otros modelos y proyectos.

La posibilidad de reformar el Código Civil en su totalidad es una oportunidad única que no podemos desperdiciar. No insistamos en mantener concepciones e instituciones obsoletas. No todas formamos o queremos formar una familia tradicional. No todas queremos formar parte de un proyecto amoroso convencional. Algunas queremos construir vínculos afectivos desde nuestro deseo de libertad radical. Tenemos la posibilidad de sustituir un cuerpo de normas que ya no responde a la realidad contemporánea por un cuerpo de normas que sí lo haga, y que reconozca, proteja y sea receptivo a la diversidad de proyectos amorosos y de modelos familiares existentes o que puedan surgir.

Mirar fuera de Puerto Rico: experiencias de otros ordenamientos.

Durante el mes de julio se celebró en Barcelona el seminario: Formation of family relationships: Breaking away from the two-parent paradigm. [4] Tuve la oportunidad de participar en el seminario, y durante dos días escuchar a más de una decena de expertas, abogadas en su mayoría, exponer la experiencia de sus países con el reconocimiento de modelos familiares y relaciones no tradicionales.  De allí surgieron varias conclusiones. Primero, el paradigma de familia tradicional (dos padres) ya caducó. En la mayoría de los países la realidad social escapa las normas vigentes sobre procreación. Varios países ya reconocen las familias multiparentales (multiparent families): Holanda, Francia (por vía de adopción), Brazil, Argentina, entre otros.  Segundo, el Derecho de Familia tiene que atemperarse a los retos y nuevas transformaciones en las relaciones familiares y de parejas. Las conferenciantes concluyeron que las normas sobre familia tienen que ser revaluadas, en especial aquellas que quedan afectadas por las técnicas de reproducción asistida. Tercero, negarse a reconocer y extender protecciones y derechos a estas formas contemporáneas de construir familias y estar en parejas, acarrea una mayor cantidad de problemáticas y arbitrariedades.

Por todo lo anterior, mi exhortación es que asumamos los cuestionamientos y retos que nos plantea el debilitamiento de la familia tradicional y utilicemos este momento de “derrumbe” para la redacción de un Código Civil en donde nos encontremos todas.

 

Notas:

[1] Otras pensadoras también han aportado a esta reflexión, pero aquí me interesa reseñar las de Illouz y de Federici, pues son indispensables a la hora de replantearnos las aportaciones de Marx, Engels, Erich Fromm, Ulrich Beck, Alan Badiou y otros.

[2] El divorcio tuvo un papel importante en este debilitamiento.

[3] El libro de Dossie Easton y Janet Hardy (2017): The Ethical Slut, Third Edition: A Practical Guide to Polyamory, Open Relationships, and Other Freedoms in Sex and Love, es un referente obligatorio para quienes deseen conocer y practicar algunas de estas formas no tradicionales de estar en una relación.

[4] Este seminario fue organizado en la Universidad Pompeu Fabra, por los profesores Josep Ferrer Riba y Esther Farnós Amorós. A la profesora Esther Vicente, quien también participó del seminario, agradezco sus intervenciones durante el seminario y las conversaciones que tuvimos al finalizar, pues de ellas salieron varias reflexiones que aparecen en este escrito.

Fuentes:

Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Madrid: Editorial S.L. Fondo de la cultura económica de España.

Beauvoir, S. (1949). The Second Sex. Paris: Èditions Gallimard.

Capetillo, L. (1911). Mi Opinión sobre los Derechos, Responsabilidades y Deberes de la Mujer.

Dworkin, A. (1974). Woman hating. New York: Plume.

Eichler, M. (1999). Cambios familiares: familias, políticas e igualdad de género. En A. Facio y L. Fries (Eds.), Género y Derecho(págs. 443-485). Santiago de Chile: La Morada.

Emens, E. (2009). Compulsory Monogamy and Polyamorous Existence. En M. Albertson Fineman, J. Jackson y A. Romero (Eds.), Feminist and Queer Legal Theory. Intimate Encounters, Uncomfortable Conversations(págs. 259- 311). Farnham, UK: Ashgate Publishing.

Engels, F. (1884). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.

Esteban, M. L. (2011). Crítica del pensamiento amoroso. Barcelona: Edicions Bellaterra.

Etxebarría, L. (2018). La pareja tradicional es una institución en crisis. Pikara Magazine. Recuperado de: http://www.pikaramagazine.com/2018/01/la-pareja-tradicional-es-una-institucion-en-crisis/.

Federici. S. (2004). Caliban and the Witch. New York: Autonomedia.

Gillies, V. (2003). Family and Intimate Relationships: A Review of the Sociological Research. Families & Social Capital ESRC Research Group Working Paper No. 2, 1-23.

Goldman, E. (1910). Anarchism and other Essays. New York: Mother Earth Publishing Association.

Herrera Gómez, C. (2015). No eres tú, es la estructura: desmontando la poliamoría feminista. Pikara Magazine. Recuperado de: http://www.pikaramagazine.com/2015/09/no-eres-tu-es-la-estructura-desmontando-la-poliamoria-feminista/.

Illouz, E. (1992). Consuming the Romantic Utopia. Love and the cultural contradictions of capitalism. California: University of California Press.

Lemebel, P. (2011). Pedro Lemebel, el artista de la diferencia. el desconcierto. Recuperado de http://www.eldesconcierto.cl/2015/02/03/pedro-lemebel-el-artista-de-la-diferencia/.

Millet, K. (1969). Sexual Politics. Illinois: University of Illinois Press.

Preciado, P. B. (2002). Manifiesto contra-sexual: Prácticas subversivas de identidad sexual. Madrid: Editorial Opera Prima.

Rich, A. (1980). Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence. Journal of Women’s History, 15 (3), 1-48.

 Román, M. (2013). Estructuras cambiantes, imaginarios defasados y e ingobernabilidad de los afectos. 80 grados. Recuperado de: http://www.80grados.net/estructuras-cambiantes-imaginarios-desfasados-e-ingobernabilidad-de-los-afectos/.

Vasallo, B. (2015). Redes afectivas y revoluciones. Barcelona: Pensaré Cartoneras.

Vidarte, P. (2007). Ética marica. Madrid- Barcelona: Editorial Egales.

Wollstonecraft, M. (1792). A Vindication of the Rights of Woman.

Wuwei Climent, N. (2017). La monogamia también es privilegio. Pikara Magazine. Recuperado de: .

 

Christian Ríos Vallejo

Es abogado. Está interesado en investigar temas como: el fenómeno carcelario, la violencia, el narcotráfico, la criminalidad, temas sobre género, cuerpo y sexualidad, y de Derecho Animal; desde una aproximación crítica y sociológica del Derecho.