¿Qué hacemos en la cárcel? (Por Laura I. Vélez Rivera)

Segundo artículo de la serie especial: http://derechoalderecho.org/recinto292/

Por: Laura I. Vélez Rivera

Un poco de contexto, a principios del semestre llegamos en caravana a la cárcel en Bayamón, antes nos habíamos reunido a preparar un plan de acción: la primera tarea era identificar los intereses de lxs participantes del curso y a partir de esto crear un prontuario e identificar materiales que facilitaran la discusión.  Partimos de la noción de que no nos conocíamos y  de que el interés e injerencia de lxs participantes es clave para la promoción del aprendizaje en cualquier contexto. Cuando digo lxs participantes me refiero a cada persona que está en el espacio, salvo el Sgto. Luna, que participa desde su plataforma, y mayormente desde el silencio. Co-construida la propuesta de prontuario, sujeto a los cambios que se pudiesen dar por consenso durante el semestre, vamos trabajando no solo con los temas por los que se mostró interés sino con la dinámica dentro del espacio. Las reuniones se dan en un salón multiusos dentro del anexo 292. Hay algunas mesas y sillas para todxs, y una pizarra, cuando entramos por primera vez estaba acomodado de manera que hubiese una separación entre les estudiantes, supuestos receptores de información, y el profesor, que viene a depositar y evaluar:  la dinámica tradicional, la jerarquización del espacio hecha más evidente por el lugar donde estamos. Es importante notar que la mitad del grupo tiene cadenas alrededor de los tobillos, estudiantes que en su mayoría llevan desde el 2014 (o más) en el bachillerato y que son sometidos a este tipo de medida absurda que devela, por si no estaba claro, la relación entre esclavitud y prisión. Alguno de los guardias en la entrada nos han querido advertir que no olvidemos que detrás de esas puertas y portones hay “criminales”, no les prestamos demasiada atención porque la batalla importante es otra en este momento. La verdad es que no miente, solo que sabemos que hay “criminales” en todas partes, que nadie tiene las manos limpias y que las personas que nos están esperando tras esas puertas son precisamente eso, personas, aunque haya quién le sorprenda, estudiantes que seguramente ya han hecho y discutido la lectura asignada tres veces y están más que listxs para la discusión, para mí, que voy por la mitad, eso es lo verdaderamente intimidante.

Hemos intentado romper con esa estructura educativa tradicional, jugamos con el currículo oculto, unimos nuestras mesas en un intento de círculo.  La persona con el título de profesora se sienta en el espacio que le complace, a veces tenemos la silla caliente para quien se va a dar la tarea de liderar la discusión del tema, pero no es frente a la pizarra, es donde cada quién se sienta más cómodx (dentro de lo permitido claro está). Intentaré pues a lo largo de esta reflexión crear una imagen del ambiente, pero la realidad es, que como pasa muchas veces ante paisajes hermosos, ni las fotos ni las palabras les hacen justicia.

Antes de comenzar cada clase nos damos la oportunidad de compartir un poco sobre qué estamos sintiendo… nuestra mañana, alguna discusión importante o impertinente, para mí este es el ejercicio más importante: nos permitimos crear comunidad y conocernos fuera de lo académico por eso de dar a entender que no todos los jueves se llega en la misma condición, que el aprendizaje no es lineal, que tomar en consideración la atmósfera es importante y eso no lo mide ningún examen. Algunxs son muy sobrixs con sus respuestas, algunxs tememos incomodar con el privilegio de andar en la “libre comunidad”, pero todxs compartimos algo, sea hablando o desde nuestros silencios y, aunque parezca un cliché, hemos despertado el cariño y desde ahí hemos comenzado a discutir a Bordieu, a Marx, Las teorías de la pena, las complejidades de la interseccionalidad, qué es y que debería ser el derecho, cuáles son las dinámicas que legitiman el poder punitivo y qué queremos/podemos hacer para cambiar el mundo (o salvarlo según Raúl), entre otros temas que se supone llenen las aulas de la escuela de derecho.

Qué hacemos en la cárcel? Rescatando la universidad, el amor por el aprendizaje, a nosotrxs mismxs y qué pena me da que tenga que ser aquí, pena haberles conocido, pues ojalá nunca se hubiesen dado las circunstancias que me tienen cantándole feliz cumpleaños a un chamaco de mi misma edad, al que quieren tener aquí por el resto de nuestras vidas o encontrarme en la mirada de quien lleva 20 años rescatando la esperanza todos los días…

Las tres horas que tenemos siempre se quedan cortas, no podemos llevar relojes a esta clase y hasta el tiempo se olvida pues las discusiones son maravillosas; no están cargadas de competencia, ni de querer impresionar, las presiones de la burocracia académica parecen quedar por debajo de la posibilidad de elevar la discusión y el análisis, las conversaciones son ricas en perspectivas, los debates son tensos y jocosos. ¿Qué hacemos en la cárcel? Rescatando la universidad, el amor por el aprendizaje, a nosotrxs mismxs y qué pena me da que tenga que ser aquí, pena haberles conocido, pues ojalá nunca se hubiesen dado las circunstancias que me tienen cantándole feliz cumpleaños a un chamaco de mi misma edad, al que quieren tener aquí por el resto de nuestras vidas o encontrarme en la mirada de quien lleva 20 años rescatando la esperanza todos los días,  porque aunque haya quien esté cansado de oír las palabras, nosotres sabemos que esto es un asunto de raza, clase y género.

He ahí uno de los golpes más duros con los que nos enfrentamos cada vez que queremos reflexionar sobre qué hacemos y dónde estamos este semestre. Parece mentira y se desborda la ironía: por un lado en este espacio se nos ha permitido conectar con nuestro niñx interior y a la vez abandonar el infantilismo con el que se nos trata en la escuela de derecho, se nos ha permitido a los estudiantes tomar riendas de nuestro aprendizaje, hablar del derecho y de las practicas educativas como el asunto político que son. Pensar en una educación liberadora, en otro tipo de derecho (si es posible) desde nuestro lugar de enunciamiento, desde el privilegio, desde la “libre comunidad” y llegar a la cárcel a discutirla con mis compañeros, asumir posturas y tomar acción: puede que esta sea la experiencia más terrible y más grata que haya tenido en mi vida.

De pronto nos toca escribir desde el aislamiento social, un chiste que se cuenta solo, no podemos salir después de las siete, si vamos a la farmacia nos será cuestionado, todas nuestras vidas deben ser registradas por aparatos electrónicos para que le conste al profesor que estamos trabajando, a nuestras familias que estamos vivxs y a nuestrxs amigxs que seguimos en resistencia.  No puedo parar de pensar en que esto, inevitablemente, significa un grado más de aislamiento para mis compañerxs, uno que por más que intente no puedo comprender y no quisiera imaginar. Los titulares leen “El gobierno está preparado para atender las situaciones que presente el covid 19 dentro de las instituciones penales”, sin embargo no ha podido remediar durante años, la falta de personal, la alimentación, la infraestructura… a mí no me engañan y a ellxs menos. El gobierno no está preparado afuera y se olvidará de los que están adentro así como los han dejado en el olvido los profesores de derecho penal y evidenciario en la escuela que ni les mencionan. A mi me ha tomado año y medio hablar en clase, cosa que sorprenderá a quién sea que me conozca fuera de este contexto, pero me propongo mencionarlxs casi con la frecuencia que lxs pienso. Me rehúso a ser cómplice en ese olvido.

Mayo 2020

Érika Fontánez Torres

Érika Fontánez Torres es Catedrática de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Enseña los cursos de Derecho civil patrimonial y Teoría General del Derecho. Trabaja temas relacionados al Derecho y la Teoría Social y Política, la Sociología y la Teoría General del Derecho. Ha hecho investigación socio-jurídica aplicada a los temas de Propiedad, Género, Democracia y Medioambiente. Es abogada colaboradora de la Clínica de Asistencia Legal de la misma Escuela. Visita sus blogs y Observando al Derecho: Miradas desde la Teoría Social.