“La ley y los casos se vuelven humanos” (Por Valeria Barquero Sotomayor)

“Al comenzar a tomar clases en el complejo correccional de Bayamón los casos ya no eran doctrinas ni precedentes para memorizar, los casos tenían nombre y apellido, eran nuestros compañeros del recinto 292“.

Tercer artículo de la serie especial http://derechoalderecho.org/recinto292/

Por Valeria Barquero Sotomayor

Estudiar en el recinto 292 ha trastocado mi experiencia universitaria, pero sobre todo la educación jurídica que había recibido hasta el momento. Como bien plantea Duncan Kennedy, en las facultades de Derecho la mayoría de les profesores niegan y hacen poco o ningún énfasis en el carácter político de los salones de clases. Estos no suelen plantear cuestionamientos que nos hagan reflexionar sobre la composición demográfica de les estudiantes de Derecho, por ejemplo: ¿por qué no hay gente trans en nuestros salones de clase?; ¿por qué hay tan poca gente negra? o ¿por qué la mayoría de los estudiantes provienen de escuela privada? La mayoría de les profesores nos entrenan para pasar un examen que nos proveerá “la clave del éxito”. Durante este proceso las historias detrás de los casos tienen poca o ninguna importancia. Lo primordial recae en aprender la doctrina, “la ley del caso”. De repente encontrarnos sentades estudiantes de derecho con compañeros privados de libertad, desenmascara lo político de la universidad y lo que podría ser de ella si existiera la voluntad para explorar sus potencialidades. Al comenzar a tomar clases en el complejo correccional de Bayamón los casos ya no eran doctrinas ni precedentes para memorizar, los casos tenían nombre y apellido, eran nuestros compañeros del recinto 292.

De los primeros cuestionamientos que un compañero nos hizo fue: ¿Por qué ustedes están aquí? Creo que fue una pregunta difícil de digerir para todes, ya que reflexionar este por qué, es algo que no debía tomarse de manera ligera. Nos obligó a cuestionar nuestros propios privilegios y en mi caso a preguntarme: ¿por qué ellos se encontraban en un complejo carcelario y nosotres en la Escuela de Derecho?; ¿por qué estudiar derecho?; ¿por qué convertirme en operadora del derecho? Un derecho que mantenía a personas encadenadas, detrás de rejas y bajo condiciones infrahumana. ¿Por qué sumergirnos ante semejante perversidad? La pregunta inicial nos invitaba a mirarnos y no mentirnos.  Creo que el por qué tiene todo que ver con construir algo que nos tuviese sentido y esto suponía hacerlo desde otros lugares, lugares como la cárcel, con el fin de que los complejos correccionales en un futuro cercano dejen de existir. Aunque no tengamos respuestas a todos los cuestionamientos queda claro que lo que comenzamos a construir con nuestros compañeros del recinto 292 no puede quedarse en el salón de clases. El por qué conlleva una responsabilidad de pensar y hacer, porque no queda de otra.

Como ya deben suponer, el COVID-19 detuvo nuestra experiencia educativa. Para nosotres, no fue tan fácil como conectarnos a través de zoom con nuestros compañeros privados de libertad y continuar con nuestra clase de introducción al derecho, por razones obvias. Las personas confinadas no cuentan con acceso a medidas de cuidado que les proteja contra el COVID-19, su salud no es la prioridad y su educación mucho menos. Además, el encuentro que se lograba todos los jueves era uno que no necesariamente podía lograrse a través de la modalidad en línea porque un componente clave era el compartir, el vernos y el tenernos físicamente. Pues en un espacio en donde las cadenas en los pies son la norma cuando se interactúa con “civiles”, entrar en contacto, hablarnos, escucharnos y abrazarnos se convierten en gestos que no podíamos dar por sentado.

El espacio de encuentro ensancha los límites de la estructura tradicional del derecho y la educación jurídica en sí. Romper con las nociones del lego/ abogadx y leernos como iguales dentro de la pluralidad de experiencias y saberes configura una nueva forma de concebir la educación jurídica. No entramos a la cárcel como observadores ni como depositantes de conocimiento, por lo contrario, tanto la profesora, les estudiantes privados de libertad y nosotres nos logramos sumergir en un proceso de aprendizaje que nos incluía a nosotres mismes, nuestros sentires, experiencias y vivencias y eso lo cambia todo.

Las potencialidades que pueden lograrse desde espacios como el recinto 292 tiene implicaciones transgresoras para el sistema carcelario, el derecho penal y la educación jurídica tradicional. Es a través de cursos como estos que vamos ejerciendo prácticas que rompen con la universalización y neutralidad del derecho, quebrantando a su vez con la lógica del campo jurídico. La ley y los casos se vuelven humanos y solo así logramos entender que otra educación jurídica es necesaria.

 Que sepan mis compas gallitos, que los pienso constantemente y que ante tanto atropello y abandono gubernamental anhelo que nuestras voces hagan eco de sus gritos. 

marzo-mayo 2020.

Érika Fontánez Torres

Érika Fontánez Torres es Catedrática de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Enseña los cursos de Derecho civil patrimonial y Teoría General del Derecho. Trabaja temas relacionados al Derecho y la Teoría Social y Política, la Sociología y la Teoría General del Derecho. Ha hecho investigación socio-jurídica aplicada a los temas de Propiedad, Género, Democracia y Medioambiente. Es abogada colaboradora de la Clínica de Asistencia Legal de la misma Escuela. Visita sus blogs y Observando al Derecho: Miradas desde la Teoría Social.