“Hacer visibles las voces” (Por Reinaldo Santiago Berríos)

Cuarto artículo de la serie especial: http://derechoalderecho.org/recinto292/

Por: Reinaldo Santiago Berríos

Esta reflexión se da, como todos sabemos, en un contexto particular. Se nos ha requerido como sociedad un aislamiento físico para evitar la propagación del COVID-19. Para no detener el semestre académico nos hemos movido a atender de manera electrónica todo asunto pendiente. En el 2020 pareciera completamente lógico continuar nuestras vidas de manera virtual, pero en esa lógica no se toma en cuenta las actividades educativas-alternas que corren paralelamente con el semestre académico pero que se dan al margen de lo normativo de la Escuela de Derecho. Específicamente me refiero al curso donde, junto a otres 6 compañeres y la profesora Érika Fontánez Torres, visitábamos a 10 compañeros en el anexo 292 de la cárcel de Bayamón. Alli tomábamos junto a ellos un curso de Introducción al Derecho. Ya era un reto de por sí lo que implicaba este curso pero ahora resulta que se detuvo, que es imposible continuarlo porque la esencia de esta clase no era leer material por nuestra cuenta e internalizar unos conceptos; iba más allá. Se trata de un curso que me invitaba a pensar en otras formas de aprender el derecho para otro quehacer. 

Haberlo terminado de manera abrupta deja un sabor agridulce dentro de la mejor experiencia que he tenido en la escuela de derecho. Con el acercamiento a los temas, las formas alternas de educar, el uso del espacio físico, las experiencias compartidas, las emociones incluidas en el proceso educativo y utilizadas como parte del aprendizaje, este curso me permitió afirmar que otra educación legal es necesaria y posible. Como diría Camilo, que se parta desde una espiritualidad jurídica, o sea desde la empatía con les otres y no meramente un análisis normativo y aislado.

La integración de todes en el grupo es uno de los aspectos que más guardo. Podía pensar que la dinámica iba a ser ellos por un lado, nosotres por otro y la profesora desde su posición, pero no hubo espacio para esa división. La utilización del espacio (sentados en círculos e integrados uness con otres) permitió que cada persona allí presente se sintiera en la libertad de aportar desde su respectiva experiencia o desde su análisis de los materiales. La profesora, a diferencia de los espacios tradicionales donde el estudiantado puede sentirse intimidado por la organización física de forma jerárquica, fue una facilitadora y parte esencial de la discusión. Su genuino interés por compartir ideas y de generar conocimiento con les estudiantes, hizo posible elevar discusiones enriquecedoras. 

“Se trata de hacer visibles las voces y las experiencias de los que viven día a día las consecuencias de un sistema imperfecto”.

El permitirnos aportar, todes, desde nuestra respectiva experiencia o entendimiento de los materiales fue construyendo algo más allá de un salón de clase. Por ejemplo, el solo hecho de comenzar la clase con una ronda para hacernos presentes en el lugar cambia por completo la dinámica del curso. Ayuda a crear una conexión y fomenta en aprendizaje entre pares. Crea una atmósfera de tranquilidad que nos aleja de los ambientes estresantes que vivimos día a día en muchos de los cursos de la escuela. 

Esta experiencia implica en el campo jurídico un reto a la educación legal; esa que solo busca cubrir lo normativo, las doctrinas vigentes, sin incluir el contexto y que perpetúa un sistema que ha sido opresor. También implica elevar a la discusión los derechos de las personas que están confinadas. Derechos que implican velar por la dignidad de cada une de las personas que el Estado mantiene privados de su libertad, de repensar el poder punitivo que ejerce el estado y sus operadores, y de repensar la existencia de las instituciones carcelarias de la forma en que se conocen hoy. 

La experiencia me ha levantado la inquietud de que otro modelo de rehabilitación -terapéutico y educativo- es necesario. Mediante el poder del Estado no se combaten todos los crímenes pues son palpables los asuntos de raza, de clase y género que hacen más vulnerables a unos grupos que a otros. Son los más marginados y los que carecen de recursos para su defensa quienes terminan presos del sistema. 

En fin, es una experiencia que me invita a arrancar el discurso legal a los operadores del Derecho; a pensar, reflexionar y criticar el derecho desde afuera, desde los márgenes. Se trata de hacer visibles las voces y las experiencias de los que viven día a día las consecuencias de un sistema imperfecto. Validar ese sistema desde los que lo crean, mantienen y lo reproducen para beneficiarse es desarrollar un campo aislado de los problemas contextuales y, por lo tanto, ignorando las implicaciones. Por eso es necesario hablar de derecho en un contexto y reconociendo la materialización que tienen las normas en nuestro día a día.

Mayo 2020

Érika Fontánez Torres

Érika Fontánez Torres es Catedrática de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Enseña los cursos de Derecho civil patrimonial y Teoría General del Derecho. Trabaja temas relacionados al Derecho y la Teoría Social y Política, la Sociología y la Teoría General del Derecho. Ha hecho investigación socio-jurídica aplicada a los temas de Propiedad, Género, Democracia y Medioambiente. Es abogada colaboradora de la Clínica de Asistencia Legal de la misma Escuela. Visita sus blogs y Observando al Derecho: Miradas desde la Teoría Social.