“Uno aprende más cuestionándose” (Adrie M. Simons Obregón)

Quinto artículo de la serie especial http://derechoalderecho.org/recinto292/

Por: Adrie M. Simons Obregón

Cuando me pongo a pensar en cuales eran mis expectativas para este curso cuando me matriculé el semestre pasado me rio de lo mal que estaba en algunas cosas. Pensar que yo iba a entrar al Recinto 292, con la profesora y los otros estudiantes de Derecho, a enseñarle de derecho a los estudiantes del programa de bachillerato, a ellos que la vida les ha enseñado mucho más de los que yo espero aprender en mis tres años en la Escuela. Si cierro los ojos aún puedo ver cómo pensaba que iba a ser la composición del salón, la profesora de frente, ellos sentados en pupitres mirándola, y nosotros en una mesa en un lado del salón, nada muy creativo, la composición de cualquier salón común que perpetúa niveles de superioridad. Pero este no era un salón común y al segundo de entrar al Recinto 292 me di cuenta, cuando vi las mesas acomodadas de forma circular, allí todos éramos iguales y veníamos a aprender. Otras cosas que estaba preparada a sentir antes de comenzar eran miedo o incomodidad, las sentí, pero no a causa de mis nuevos compañeros, sino por la institución penitenciaria, que está diseñada para eso. También sentí felicidad cada vez que entraba a clase y hablamos de nuestra semana y tristeza cuando nos despedíamos.

            Durante mi bachillerato tuve la oportunidad de tomar varios cursos que despertaron en mí diferentes intereses, como la importancia de la planificación y la arquitectura, amor por la literatura. Mi primer año en Derecho me hizo entender cosas que antes eran completamente abstractas, pero ninguna ha cambiado mi percepción de la vida o me ha hecho ver un problema como este curso. Mi experiencia universitaria ha cambiado por completo, mis compañeros de la 292 me enseñaron a enfrentar las cosas con un pensamiento crítico, a usar mi voz y comenzar discusiones en el salón de clase. Gracias, Raul, por motivarnos a utilizar nuestras voces. En el Recinto 292 aprendí que uno aprende más cuestionándose que contestando preguntas objetivas a base de lo que decía la lectura, algo que pienso implementar en los años de estudio que me queden y en la práctica. 

Y aprendí –con cada clase, con cada reflexión que compartíamos, con cada sándwich que me comía en la cooperativa del complejo correccional, donde tenia la oportunidad de hablar con otros confinados-aprendí que este sistema hay que eliminarlo, que las condiciones en las que viven no son dignas, que esto es un sistema punitivo que no busca reeducar para la reinserción a la comunidad”.

            Toda la estructura de este curso era diferente, lo que hizo la discusión de los temas una rica y emotiva. Cuando tuve que discutir la lectura de Mauro Benente, que habla del lugar enunciativo, debo admitir que tenía un miedo horrible, nunca me ha gustado hablar en el salón de clase, pero esta vez era diferente porque sabia que mis compañeros iban a estar prestándome atención, interrumpiendo y dando sus opiniones y no sabia si iba a poder contestarle. A los cinco minutos, paró de ser una presentación a ser una discusión de grupo, no tenia nada de qué preocuparme, todos estábamos ahí para aprender y analizar, no para juzgar, ni sentirnos más inteligente que el otro. Y aprendí –con cada clase, con cada reflexión que compartíamos, con cada sándwich que me comía en la cooperativa del complejo correccional, donde tenia la oportunidad de hablar con otros confinados– aprendí que este sistema hay que eliminarlo, que las condiciones en las que viven no son dignas, que esto es un sistema punitivo que no busca reeducar para la reinserción a la comunidad. Pero la educación debería ser el objetivo, y programas como este deberían ser accesibles para toda la comunidad penitenciaria para hacer un cambio verdaderamente positivo.

            El ultimo día que vi a mis compañeros lo he revivido en mi imaginación varias veces durante la cuarentena, de verdad creo que no ha habido un día que no piense en ellos y en las condiciones que deben estar. Casi no nos dejan entrar y estuvimos como una hora esperando en la recepción en lo que resolvían el malentendido; a ellos les habían dicho que ese día no había clase, ya unos habían empezado a trabajar. Tratando de recuperar el tiempo perdido fuimos directo a escuchar las deposiciones que iban a presentar la semana siguiente en el Congreso de Derechos Humanos, espero que pronto las puedan presentar porque merecen ser escuchadas. Luego tocó la despedida, nos dijimos lo importante que éramos uno para los otros, creo que no hubo un ojo seco ese día, hacíamos comentarios de que nos íbamos a ver la semana que viene, pero todos sabíamos que quizás era la ultima vez que nos veríamos en mucho tiempo. De todas las cosas que esta pandemia nos ha cohibido, definitivamente no terminar este curso con ellos fue lo peor.

A todos mis compañeros de la 292, los quiero y los extraño.

Mayo 2020

Érika Fontánez Torres

Érika Fontánez Torres es Catedrática de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Enseña los cursos de Derecho civil patrimonial y Teoría General del Derecho. Trabaja temas relacionados al Derecho y la Teoría Social y Política, la Sociología y la Teoría General del Derecho. Ha hecho investigación socio-jurídica aplicada a los temas de Propiedad, Género, Democracia y Medioambiente. Es abogada colaboradora de la Clínica de Asistencia Legal de la misma Escuela. Visita sus blogs y Observando al Derecho: Miradas desde la Teoría Social.