Abogacía y Movimientos Sociales (Irving S. Rodríguez Acosta)

Reseña/Reflexión: Morales-Cruz, Myrta. Abogacía y Movimientos Sociales: Una historia sobre la “Coalición Cero Desalojos”. SELA (Seminario en Latinoamérica de Teoría Constitucional y Política) Papers, 1 de enero de 2012.

Por: Irving S. Rodríguez Acosta

Estudiante, Escuela de Derecho UPR

En mi primer año de estudios jurídicos un estudiante (un conocido) denunció los comentarios homofóbicos del profesor del curso de Profesión Jurídica ante la administración de la universidad. Semanas luego, este profesor llega al curso -molesto- indicando que “el abogado no debe ser temeroso, y siempre debe acercarse al juez ante cualquier situación”. Fue, en mi opinión, otro punto de enseñanza sobre la enseñanza jurídica en sí. En estas cortas palabras el profesor manifestó todo un entramado de entendidos sobre su posición de poder, sobre la posición de poder de los jueces y la opresión de un sistema que, de manera jerárquica, mantiene una división entre seres humanos y otros seres humanos a raíz de ese poder. La mayoría de los cursos de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico comprenden un esquema de educación bancaria, según la teoría de Paulo Freire en Pedagogía del Oprimido. Bajo la educación bancaria, la docencia se presenta como una figura autoritaria mientras cada estudiante es representado en un nivel inferior dado a la falta del conocimiento jurídico. Este esquema es emulado al final de la carrera del aspirante a la abogacía. Este, una vez culminado sus estudios, se siente en la capacidad educativa de la docencia y logra ver a las personas que no estudiaron Derecho del mismo modo en como se les veía: con inferioridad. Aunque bien esta mirada ya se presenta en cada aspirante desde las primeras semanas de estudio, es en realidad acentuado al finalizar la carrera.

Lo que problematiza Paulo Freire, Jacques Rancière y Myrta Morales-Cruz [en este trabajo] es un esquema que enajena al aspirante del espacio social al cual una vez perteneció y lo coloca en una espera de entendimiento de superioridad. Es dado a ello que el abogado no se coloca en un nivel equitativo con su cliente, y a su vez, no se contempla a sí mismo como catalítico para los movimientos políticos y democráticos. Si desde los estudios jurídicos el aspirante a la abogacía comprende estas dimensiones de poder y ve su privilegio, no como característica específica de ese poder, sino como una herramienta de emancipación: la función del abogado en la sociedad sería distinta. Se alcanzaría un verdadero grado de justicia. Lo que expone Morales-Cruz resuena mucho con otro estudioso de Paulo Freire, el actor y dramaturgo Augusto Boal.

Augusto Boal

Boal, quien funda el teatro del oprimido, mezcla el teatro épico de Bertolt Bretcht con la tesis de Paulo Freire. En el teatro épico la puesta en escena representa una realidad alterna a la cotidianeidad del público mientras se ancla al público en sí en un estado de consciencia sobre lo que ve. Se obvian las presentaciones en la puesta escénica que sugieren una realidad, sino que hacen claro la realidad presentada. En la trama de Madre Coraje y sus hijos, por ejemplo, una madre escapa de la guerra con su carruaje con sus tres hijos. Se gana la vida vendiendo materiales, pero escogiendo lo que vende según las personas que se encuentra en el camino y el bando al cual pertenecen. Al final sus tres hijos mueren de manera trágica, y Bretcht, como dramaturgo del teatro épico, ancla a la audiencia no solo con el dolor de la madre sino con la realidad de la guerra en sí. Les hace cuestionar la realidad épica del personaje, la situación, evitando la catarsis teatral: se enfoca en el tema de la guerra y no su dolor, no quiere que la audiencia sienta lástima, sino que cuestione que la guerra en sí causa dolor. La pieza, después de todo, se presentó en pleno 1933 cuando Hitler estaba en poder.

Boal utiliza la misma técnica que Bretcht en cuanto a la eliminación de la catarsis con anclar al público en la realidad cotidiana, pero llega a niveles más altos. Dentro del teatro del oprimido la situación que se presenta en la puesta en escena es una en donde la audiencia elige, en donde la audiencia actúa y en donde la audiencia se dirige a sí misma. De modo que, tanto actor como director y el público quedan en el mismo plano. Existen varias formas de hacer teatro del oprimido: Teatro Legislativo, Teatro Periodístico, Teatro Invisible, Teatro Imagen y Teatro Foro. Aunque todas estas formas de hacer teatro del oprimido tienen sus particularidades, la que goza de mayor vínculo con la propuesta de Morales-Cruz es la del Teatro Legislativo. No obstante, voy a extenderme un poco en explicar brevemente cada una de las posteriores para que se entienda mejor el Teatro Legislativo.

¿Cuan distinto sería el abogado si se entiende a sí mismo como actor entre medio de actores? ¿Cuán poderoso sería el pueblo si se entiende a sí mismo director y actor de la comunidad a la cual pertenece?

El Teatro Periodístico toma una noticia actual y bajo una serie de técnicas se presenta la noticia como pieza teatral. Una de estas técnicas puede ser la de añadir material a la noticia (material que el público decide) para que la pieza teatral sea una representación de la noticia en sí, con lo añadido. Actuación improvisada de los hechos de la noticia. Información de otros hechos similares a lo largo de la historia, para hacer similitud con los hechos de la noticia y problematizar su contenido, entre otros. Ahora bien, El Teatro Invisible es de mis favoritos. Los actores se preparan con anterioridad sobre lo que van a presentar. La presentación se hace en un espacio público, digamos: el Tren Urbano. Al llegar al Tren Urbano los actores comienzan la pieza, que puede durar de una estación a otra. La pieza en sí es altamente realista. Presenta una situación que puede ser problemática: un acoso sexual, un insulto homofóbico, etc. La audiencia (los viajantes del Tren Urbano) nunca sabrán que es una pieza teatral. Los actores se proyectan como individuos de la contemporaneidad que, una vez salen del tren, tampoco comprueban si su pieza logró el efecto deseado. Se descansa en que el impacto social de lo vivido crea una nueva consciencia.

A su vez, el Teatro Imagen y el Teatro Foro van casi de la mano, o de manera individual. El Teatro Imagen es la técnica de representar con los cuerpos una situación sin diálogos. Digamos: un primer actor se posiciona en el piso, sentado, tapándose la mano derecha el rostro. Un segundo actor se posiciona al lado del primero, este está de perfil frente a la audiencia y se ve molesto, con un puño alzado. La imagen representada es la de una escena de violencia. La finalidad del Teatro Imagen es la secuencia en cadena de diversas imágenes bajo un mismo o varios temas, para que la audiencia vea una realidad en cuerpos presentes.

El Teatro Foro da paso al Teatro Legislativo, y se nutre de las diversas técnicas antes dicha. Como primer ejercicio una persona del colectivo teatral elige a una persona del público para que esta seleccione una problemática actual. Los del colectivo teatral comienzan la escena, pero, una vez terminada la escena el público tiene la opción de entrar a la misma como actores o actrices, y tratar, desde su activa participación como partes ya de la pieza, de mover la trama hacia el rumbo deseado. Las piezas pueden nutrirse de Teatro Imagen como pie forzado, o nacer de una noticia, o incluso haber sido planificada con anterioridad sin que las personas de la audiencia supieran de esa pre-selección. Una vez culminada la pieza en sí, otro miembro del grupo (al que Boal llama el joker) invita a la audiencia a un debate sobre la puesta en escena. La finalidad del joker es que se logre un análisis sobre la situación como problema social.

El Teatro Legislativo surge del Teatro Foro. En vez de transformar al público en actores de la pieza como en el Teatro Foro, el Teatro Legislativo busca transformar al público en legislador. El Teatro Legislativo comienza con crear diversos espacios de Teatro Foro en donde se pueda capturar el sentir de la sociedad. De esos análisis sociales dentro del Teatro Foro, se analizan las soluciones necesarias para resolver los problemas puestos en escena. Las soluciones son recogidas por lo que Boal llama la “célula metabolizadora”, un equipo de trabajo de personas especializadas en los temas (juristas, psicólogos, maestros, etc.) quienes redactan las propuestas, y una vez redactadas, son de nuevo presentadas a la audiencia que inició y culminó el Teatro Foro. De ser aprobadas por votación se llevan al cuerpo legislativo. La técnica de Boal, de 1993 hasta 2006 ha creado doce leyes en Río de Janeiro.

La función del abogado en este tipo de dinámica cae dentro de la metabolización de las soluciones como propuestas. Su función, como indica Morales-Cruz, es una activa, en donde está a la par con la audiencia/la comunidad/sociedad a la cual se atiende. ¿Cuan distinto sería el abogado si se entiende a sí mismo como actor entre medio de actores? ¿Cuán poderoso sería el pueblo si se entiende a sí mismo director y actor de la comunidad a la cual pertenece?

Referencia:

1. Puesta en escena de un performance bajo la técnica del Teatro Legislativo en 1990 Teatro Legislativo 1990s, HEMISPHERIC INSTITUTE. https://hemisphericinstitute.org/es/hidvl-collections/item/2767-teatro-legislativo.html. (20 de octubre de 2020.

Érika Fontánez Torres

Érika Fontánez Torres es Catedrática de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Enseña los cursos de Derecho civil patrimonial y Teoría General del Derecho. Trabaja temas relacionados al Derecho y la Teoría Social y Política, la Sociología y la Teoría General del Derecho. Ha hecho investigación socio-jurídica aplicada a los temas de Propiedad, Género, Democracia y Medioambiente. Es abogada colaboradora de la Clínica de Asistencia Legal de la misma Escuela. Visita sus blogs y Observando al Derecho: Miradas desde la Teoría Social.