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	<title>derechoalderecho &#187; Familia</title>
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	<description>Comentarios sobre derecho, justicia y democracia en Puerto Rico</description>
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	<itunes:summary>En esta iniciativa, profesores y profesoras de Derecho junto a otros colaboradores, intentamos crear un espacio recurrente para dar cuenta y opinar brevemente sucesos, eventos y textos relativos al Derecho como, por ejemplo, Opiniones, sentencias y sucesos relativos al Tribunal Supremo de Puerto Rico. Este foro de discusión pública, busca proveer un espacio de reflexión y análisis critico de esta disciplina, sus instituciones y sus racionalidades. Sobre todo buscamos provocar diálogo, discusión y deliberación entre nosotros y nosotras y en beneficio de nuestras instituciones jurídicas, incluyendo la academia… ¡queremos generar discusión y que el espacio se convierta en un lugar propio de generación de debate, deliberación y democracia!!! “Pensando el Derecho” es producido por Alberto Meléndez y está disponible bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Puerto Rico (CC BY-NC-SA 3.0) http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/pr/. Música por Revolution Void, “Effects of Elevation”, disponible en http://www.jamendo.com/en/album/2225</itunes:summary>
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	<managingEditor>direitoaldireito@gmail.com (Derechoalderecho.org)</managingEditor>
	<copyright>El Podcast Pensando el Derecho está disponible bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Compartir Igual 3.0 Puerto Rico. http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/3.0/pr/</copyright>
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		<title>derechoalderecho &#187; Familia</title>
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		<title>Controversia, Causalidad y Género</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Feb 2012 01:38:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Guillermo Rebollo Gil</dc:creator>
				<category><![CDATA[Constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
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		<category><![CDATA[violencia doméstica]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Guillermo Rebollo Gil. Asunto: Hombre de 58 años mató a su hijo de 8 de un balazo mientras dormía y procedió a quitarse la vida. Esto, luego de agredir a su esposa y madre del niño. Otros detalles relevantes: La mujer es cadete de la policía. Huyó de la casa con su hijo mayor. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/grebollogil/" title="Posts by Guillermo Rebollo Gil" rel="author">Guillermo Rebollo Gil</a>. </p><p class="dropcap-first">Asunto: Hombre de 58 años mató a su hijo de 8 de un balazo mientras dormía y procedió a quitarse la vida. Esto, luego de agredir a su esposa y madre del niño.<br />
Otros detalles relevantes: La mujer es cadete de la policía. Huyó de la casa con su hijo mayor. Dejó al chiquillo durmiendo. Intentó buscar ayuda. No funcionó.<br />
Dictamen: El hombre es un cobarde. El niño nunca tiene la culpa. La mujer es responsable por ambas víctimas.<br />
La controversia en este caso no versa sobre los hechos materiales, sino sobre la victimología. Son tres y no son iguales. Primeramente, el niño: No merecía morir. Punto. En segundo plano, el hombre, quien no suponía morir así: cobardemente, de su propia mano, libre de un posible acto justiciero. Finalmente, la mujer, quien los sobrevive y es marcada por la victimización de ambos. Me explico.<br />
Es fácil interpretar la matanza del niño a manos del padre agresor como una manera de castigar (ejemplarmente) a la madre. Castigarla, quizás, por lo que fuera el motivo de su ira en el momento y principalísimamente, por la presunción equivocada de que la misma no se extendería a sus hijos. Al menos no a ese. Al menos no de esa forma. De ahí que se discuta hoy acerca del buen o mal juicio de la mujer al dejar al chiquillo durmiendo y huir. Más aún, que se cuestione su decisión de mantenerse y mantener a sus hijos en el marco de una relación abusiva.<br />
Dichos debates, cuestionamientos y críticas, en vez de contribuir a la discusión seria sobre la violencia de género, facilitan la aparición discursiva de una co-autora del delito de asesinato que debe responder por el niño en tanto debió haber prevenido la muerte del inocente a manos de un cobarde suicida. Prevenirla no solo al momento del delito, sino “desde un principio.” El problema, claro, es que es difícil precisar exactamente cuándo la vida del niño entró en peligro, o cuándo ella debió salirse de una “mala” relación, o cuándo “trabajar la relación desde adentro” la transformó en una “masoquista” o en una “mujer sin dignidad” o “con la autoestima baja” etc.<br />
Peor aún, la ausencia del verdadero y único autor del delito agudiza este aparente afán de responsabilizar a la mujer por el carácter y las consecuencias de la relación abusiva en que se encontraba inmersa. Se podría argumentar, incluso, que el suicidio opera en este contexto como un suceso interruptor en la cadena de la causalidad. Al menos en la cadena ideológica. Es decir, si el asesinato del niño funge como castigo de la madre, el suicidio representa la absolución del padre. Al hacerlo, dicho actor puede ser casi inmediatamente despachado como cobarde o como loco, sin mayores indagaciones en torno a su responsabilidad como autor de hecho (y sujeto ideológico), mientras que la mujer queda aquí para responder por un hijo y un esposo muertos. Ahora bien, esto no implica una segunda victimización de la mujer, a ser sumada a la violencia sufrida dentro de los contornos de su relación con el difunto. Más bien se trata de la consecuencia lógica, perversa de esa cadena de causalidad que origina no de los hechos, sino del “dictamen” del caso.<br />
Asunto: Hombre mató a su hijo para castigar a la mujer y fue absuelto.<br />
Otros detalles relevantes: La mujer intentó buscar ayuda. No funcionó.<br />
Dictamen: La mujer es culpable.<br />
La controversia versa sobre la manera en que atendemos las múltiples víctimas y sus respectivas victimizaciones en esta tragedia. En particular, la única víctima aquí que es total sin ser perfecta. Imperfección que radica en no poder alegar inocencia ni cobardía. En ser simplemente una más. De las de todos los días.</p>
<p>(Basta ya)</p>
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		<title>The (In)Visibility of the Battered Face (escrito inédito)</title>
		<link>http://derechoalderecho.org/2011/10/10/the-invisibility-of-the-battered-face-escrito-inedito/</link>
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		<pubDate>Tue, 11 Oct 2011 00:20:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Chloé Georas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte y derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría]]></category>
		<category><![CDATA[colonialidad]]></category>
		<category><![CDATA[género]]></category>
		<category><![CDATA[Lorena Bobbit]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Chloé Georas. Although my article &#8220;Coloniality, performance and gender: The saga of Lorena Bobbitt&#8221; has been published on several occasions, there is one final section of said article that I have failed to publish.  I believe that this failure may have been an act of self-censorship given the conservative atmosphere that looms heavily over [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/cgeoras/" title="Posts by Chloé Georas" rel="author">Chloé Georas</a>. </p><p class="dropcap-first">Although my article &#8220;Coloniality, performance and gender: The saga of Lorena Bobbitt&#8221; has been published on several occasions, there is one final section of said article that I have failed to publish.  I believe that this failure may have been an act of self-censorship given the conservative atmosphere that looms heavily over debates on our island.  In order to counter the &#8220;chilling effects&#8221; of the conservative push and <a href="http://derechoalderecho.org/2011/09/28/penes-rostros-y-derecho-introduccion-a-the-invisibility-of-the-battered-face/">as promised and presented in my last post</a>, below is the unpublished section entitled &#8220;The (In)Visibility of the Battered Face&#8221;:</p>
<p>The evidence of John Wayne’s abusive behavior towards Lorena was profuse throughout the trial. Many witnesses testified that Lorena was frequently beaten and bruised by her husband. Neighbors, co-workers, friends, clients and doctors all had damning testimony concerning John Wayne. <a class="fn-ref-mark" href="#footnote-1" id="refmark-1"><sup>[1]</sup></a> One of the most harrowing testimonies was from Lynn Acquaviva, a client of Lorena.</p>
<p style="padding-left: 60px">It was a very hot day. I’m going to say it was approximately July. Ms. Bobbitt was attired in multiple layers of clothing which I found unusual for the weather, but I didn’t say anything. She was wearing leggings, a tank top or t-shirt. A sort of shirt over that under which you could see the t-shirt. And then a sweater over that.</p>
<p style="padding-left: 60px">As she worked on my hands that morning I noticed as she moved around, tossed her head back from side to side to move her hair away, and her sweater and shirts would slide from one side or the other, extensive iridescent royal blue bruising across the top of her skull, down the side of her skull, down her neck, across her chest. As her sweater would move up, and her legging would move up as she sat at the chair, the iridescent royal bruising continued over those parts of her body as well.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-2" id="refmark-2"><sup>[2]</sup></a></p>
<p>In addition, although the defense did not deploy the term race, there was also testimony regarding racism in the relationship. A co-worker, Margaret McGary, &#8220;heard him call her, &#8220;stupid,&#8221; and say—kind of relate that to being Spanish, and once he said, &#8220;You’re lucky that I took you,&#8221; or something; &#8220;Most men wouldn’t want a foreigner like you.&#8221;"<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-3" id="refmark-3"><sup>[3]</sup></a> According to Lorena’s testimony, John Wayne implied that a mixed race child would be ugly <a class="fn-ref-mark" href="#footnote-4" id="refmark-4"><sup>[4]</sup></a>, interfered with her application of a green card<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-5" id="refmark-5"><sup>[5]</sup></a> and made reference to how no police officer would believe her complaints because of her bad English<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-6" id="refmark-6"><sup>[6]</sup></a>. In response to the defense lawyer’s question, &#8220;did he talk about your figure?,&#8221; Lorena said:</p>
<p style="padding-left: 60px">Yes, he said that I’m Spanish, that I don’t have blond hair, I don’t have blue eyes, and I’m too small and skinny, and he want a bigger woman. And he told me that I was Spanish, and I didn’t deserve him. All this was with bad words together. For example, he would say &#8220;F&#8221; Spanish—I’m sorry, I can’t say it. <a class="fn-ref-mark" href="#footnote-7" id="refmark-7"><sup>[7]</sup></a></p>
<p><a href="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/4076015472_02fc11c821_b.jpg" rel="lightbox[2530]"><img class="alignnone size-medium wp-image-2421" src="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/4076015472_02fc11c821_b-300x199.jpg" alt="" width="300" height="199" /></a>However, despite the abundant evidence of physical and verbal abuse, the obsession over the reconstruction and recovery of John Wayne’s penis obscured the relationship between his plight and his abusive behavior. The trial lays out the homoerotic fascination with the penile reconstruction saga by showing how so many men, from policemen to doctors, literally and delicately handled the member to ensure its return to its rightful place <a class="fn-ref-mark" href="#footnote-8" id="refmark-8"><sup>[8]</sup></a>.  The world obsessed over the recovery and re-memberment of the appendage when John Wayne, an epitome of White American militaristic manhood, lost his penis at the hands of his &#8220;delicate&#8221; Latina wife.</p>
<p>Popular media portrayed John Wayne as having &#8220;suffered a mutilation that few had previously endured, the cruelest cut, every man’s worst nightmare.&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-9" id="refmark-9"><sup>[9]</sup></a> Initially there was concern over John Wayne’s capacity to urinate, but it quickly honed into the question of the possibility of future erections. &#8220;The shock of recognition of the male body’s vulnerability turned from horror into pride as discussions concerning sexual ability came to dominate even the medical discourse on Bobbitt, itself a discourse replete with imagery of virility and potency.&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-10" id="refmark-10"><sup>[10]</sup></a> Howard Stern held a New Year’s Eve Telethon to cover John Wayne’s medical and legal expenses.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-11" id="refmark-11"><sup>[11]</sup></a> The obsession over the recuperation of the member reached its apex with what became the number one porno movie in the US: &#8220;Bobbitt: Uncut&#8221; (1994). John Wayne shows the world what they have all been waiting to see, but his penis cannot quite keep the erection, undercutting the recovery fantasy of the film.</p>
<p>In the process Lorena’s battered body was blocked from visibility behind the efforts to re-member the towering penis. The photos of the severed penis were heavily sought after in general and frequently shown over the internet in contrast to images of the abuse Lorena had withstood for years. The obsession over the bodily recovery of John Wayne &#8220;obfuscates the abuse suffered by Lorena Bobbitt. Masculine dismemberment monopolizes attention, turning it away from the violence done daily to women’s bodies.&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-12" id="refmark-12"><sup>[12]</sup></a></p>
<p>It is hard to imagine similar efforts to recover a body part of a woman who has been mutilated by a man. Has there ever been a breast rescue mission? Could a severed breast invoke such frantic concern?<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-13" id="refmark-13"><sup>[13]</sup></a> John Wayne’s penis, as a fetish of White male imperial power, obviously had much more traction to invoke social concern than a lost breast. It’s not just that it is impossible for society to assimilate the reality of abuse, but for Lorena herself, she could not face the fact of her abuse that pictures of battered women made too graphic for comfort. Before the final cut, Lorena could not countenance looking at photos in a brochure on domestic abuse given to her by Mrs. Jones, a neighbor.</p>
<p style="padding-left: 60px">I went back to the apartment and I tried to just look at it, but I didn’t want to look at it because I saw ugly pictures. I didn’t feel comfortable looking at it, so I put it—I just put them away.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-14" id="refmark-14"><sup>[14]</sup></a></p>
<p>But after the final rape and before the severance, Lorena recovers her capacity to see the &#8220;photos&#8221; of violence in her head that she had earlier refused to look at in the brochure.</p>
<p style="padding-left: 60px">I get the glass of water [...], trying to calm myself [...] and I saw the knife.</p>
<p style="padding-left: 60px">(The witness remains in tears)</p>
<p style="padding-left: 60px">I remember many things, things that—I remember a lot of things he said to me; I remember the first time he raped me; I remember when he told me about the syringes to go through my bones and I was going to die [at the abortion clinic].</p>
<p style="padding-left: 60px">I remember the put downs that he told me. There was just so many pictures on my head. And they were just pictures there, in my head.</p>
<p style="padding-left: 60px">I remember the insults and the bad words that he told me. I remember every time that we had anal sex—anal sex with me. It hurt me, it hurt me.</p>
<p style="padding-left: 60px">I remember everything, everything, I remember when he told me about the abortion. I remember everything.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-15" id="refmark-15"><sup>[15]</sup></a></p>
<p>Felman speaks of the cultural invisibility of the battered face and domestic violence in the O.J. Simpson trial and how the legal process ratified the invisibility of the domestic violence.  The cultural boundaries between seeing and not seeing depend on the limits and exclusions of a frame of reference<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-16" id="refmark-16"><sup>[16]</sup></a> that pits the historical trauma of gender (the battered face) against that of race in a competition for visibility. For Felman the legal process in the O.J. Simpson trial made them mutually exclusive and created a &#8220;judicial blindness&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-17" id="refmark-17"><sup>[17]</sup></a> that privileged race over gender in the adversarial structure of the trial.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-18" id="refmark-18"><sup>[18]</sup></a></p>
<p style="padding-left: 60px">[...] two traumas-that of race and that of gender-have been set in competition with each other in the adversarial structure of the lawyers’ arguments in such a way as to confuse and radically complicate both the perception of the trauma [...]. Yet, in the adversarial structure of litigation, the two &#8220;domestic&#8221; traumas (gender, race) also dispute, deny each other’s claims to visibility. Each trauma, in competing for exclusive visibility, at the same time blinds us to the other. The result is that the trial can by no means totalize, or give to see in its totality, the trauma underlying it. The complexity of the traumatic structure of the trial thus effectively prevented the trauma from becoming fully visible, in creating a specific form of judicial blindness that, paradoxically, was part of the legal achievement of the trial.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-19" id="refmark-19"><sup>[19]</sup></a></p>
<p>One of the jurors in the Simpson trial went so far as to refer &#8220;to her judicial experience of looking at the evidence of domestic violence as a &#8220;sheer waste of time.&#8221; As a key witness to the trial, she therefore testified to the recalcitrant invisibility of the domestic violence, as well as to the jury’s legal and judicial act of looking through the beaten body [...]. [T]he jury did not so much &#8220;nullify the evidence&#8221; as it nullified its visibility of the face. In other words, the jury used the court’s authority to ratify, indeed, the inherent cultural invisibility of the battered face.&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-20" id="refmark-20"><sup>[20]</sup></a></p>
<p>In contrast, Lorena’s lawyers were successful in making visible the battered face at the level of the trial.  However, as discussed in other sections of this article, the strategy to make visible the abuse was articulated through a legal portrayal that reified Lorena as belonging to a timeless and unchanging culture locked in the mores of tradition, Catholicism and family values.  The defense embedded Lorena in a space of backwardness and fixity from which she purportedly could only break away by psychotic ruptures of excess and irrationality.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-21" id="refmark-21"><sup>[21]</sup></a> In order for the battered face to become visible, Lorena had to be &#8220;tropicalized&#8221; by the defense, namely, the defense had to resemantize Lorena as a devout Catholic who fervently believed in family values, marking what Aparicio and Chavez-Silverman call hegemonic &#8220;tropicalizations&#8221; whereby Latino symbols or cultural productions are mainstreamed within &#8220;more normative and dominant values that make them attractive to a dominant American public whose reception reaffirms its dominance over minority cultures. [...]  This whole gamut of themes suggests cultural integration yet also transforms them into objects of consumption rather than social and cultural practices.&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-22" id="refmark-22"><sup>[22]</sup></a> Furthermore, the visibility of Lorena’s battered face for the jury may have also hinged on the defense’s legal strategy of presenting Lorena as the supplicant immigrant and her subservient gendered performance during the trial rather than on the actual battering alone.<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-23" id="refmark-23"><sup>[23]</sup></a></p>
<p>The defense did not explicitly invoke the angle of racial abuse in making visible the battered face, but rather focused on violence related to gender. In this way, testimony of Lorena and her witnesses pertaining to racism seemed to fall under the rubric of gender abuse more generally.  Making visible the battered face was contingent on the privileging of gender abuse at the expense of undercutting the angle of John Wayne’s racist treatment of Lorena. Contrary to the O.J. Simpson trial wherein the privileging of race over gender in the adversarial structure of the trial led to the invisibility of the battered face, in Lorena’s trial the defense tellingly played down the racial dimension and privileged the gendered dimension of abuse in order to make the battered face visible. This strategic subsumption or erasure of race under gender most likely reflects the defense’s concern to avoid being accused of &#8220;playing the race card,&#8221; which would have subjected them to harsh criticisms in the highly volatile terrain of racial cultural anxieties of the US and undermined the probability of Lorena walking away as a free woman from the trial.  Overall, although the defense’s strategy was successful from a conventional legal standpoint, the indictment of gender violence was an ambivalent indictment insofar it was at the expense of tropicalizing, stereotyping and pathologizing Lorena.</p>
<p>Ultimately, it was in the spectatorial rings beyond the trial that the most transgressive social implications of the cut were detonated. The Bobbitt trial marked moments of schism in many popular appropriations of Lorena’s purported breach as in fact redressive action for past forms of abuse, gendered, racial or colonial in nature. For instance, in Ecuador there were popular reinterpretations of the trial in the context of anti-imperialist struggles against abuses by multinational interests, which could equally apply to counter-hegemonic readings by certain women and minorities in the US who felt vindicated by Lorena’s actions.  The Lorena trial was read as the story of a &#8220;First-World man exploiting a Third-World woman,&#8221; making Lorena’s cut an &#8220;incisive critique of a specific regime of power: phallocracy, phallocentrism, patriarchy in all its forms. As the Lorena Bobbitt for Surgeon General buttons in the U.S. intimated, Lorena’s carving skills were surgical strikes.&#8221;<a class="fn-ref-mark" href="#footnote-24" id="refmark-24"><sup>[24]</sup></a></p>
<p>With her rise to notoriety, Lorena’s body became a performative vehicle that could undermine the very norms projected upon her, enabling subversive parodic misreadings <a class="fn-ref-mark" href="#footnote-25" id="refmark-25"><sup>[25]</sup></a> and, as a result, Lorena’s location in the social imaginary became one of terminal ambivalence. As a highly volatile figure in the contact zone of the trans-American imaginary, Lorena became the site for the deployment of tropes of Americanness that either revealed the discursive seams of the coloniality of power or subjected her to &#8220;tropicalized&#8221; reinterpretations of the cut that occluded its radical implications.</p>
<p></span></p>
<div id="footnote-list" style="display:inherit"><span id=fn-heading>Notas al calce</span> &nbsp;&nbsp;&nbsp;(↵ returns to text)
<ol>
<li id="footnote-1" class="fn-text">Ella Jones, a neighbor, said that Lorena had confessed to being raped. PETER KANE, THE BOBBITT CASE: TRANSCRIPTS OF THE SEX TRIAL THAT SHOCKED THE WORLD 124 (Pinnacle Books, 1994) (hereinafter &#8220;Transcript&#8221;).<span style="font-family: Cambria">  Bobbie Jo Lore, a co-worker, saw bruises and witnessed &#8220;hysterical crying&#8221; on more than one occasion. Id. at 126. Terri McCumber, a friend also noticed bruises and witnessed an incident of violence at the beach. Id. at 126-129. Susan Inman, a doctor, referred Lorena to protective services after Lorena told her she had been raped. Id. at 131-132. Roma Anastasi, a customer, noticed Lorena’s swollen face and depression as well as John Wayne’s harassment to get money from his wife. Id. at 139-140. Mary Jo Willoughby, a neighbor, saw more bruises and abuse. Beth Ann Wilson, the apartment manager, noticed the bruises and emotional upheaval of Lorena. Id. at 141-142. Mercedes Castro, a friend of Lorena’s family, took pictures of Lorena’s bruised body as evidence of abuse. Carol Palmer, a forensic scientist, did a PERK exam that revealed sperm as evidence of the sexual intercourse that John Wayne had originally denied.<a href="#refmark-1">↵</a></li>
<li id="footnote-2" class="fn-text">Id. at 136-137.<a href="#refmark-2">↵</a></li>
<li id="footnote-3" class="fn-text">Id. at 296.<a href="#refmark-3">↵</a></li>
<li id="footnote-4" class="fn-text"> Id. at 195.<a href="#refmark-4">↵</a></li>
<li id="footnote-5" class="fn-text">Id. at 188-189.<a href="#refmark-5">↵</a></li>
<li id="footnote-6" class="fn-text">Id. at 197.<a href="#refmark-6">↵</a></li>
<li id="footnote-7" class="fn-text">Id. at 205.<a href="#refmark-7">↵</a></li>
<li id="footnote-8" class="fn-text">On the way to the hospital and believing his penis was lost forever, John Wayne said to his friend, &#8220;they better be able to make me a new penis.&#8221; Id. at 40. Thanks to the very timely and detailed instructions of Lorena, Sergeant Willard Hurley &#8220;and some rescue personnel searched for Mr. Bobbitt’s penis.&#8221; Id. at 72. Howard Perry, a police officer, had &#8220;received information that the penis was at the intersection&#8221; and when located, he &#8220;picked up the penis and placed it in a clear, plastic bag and packed it in ice.&#8221; Id. at 69. The organ arrived at the hospital in the knick of time, that is, precisely when John Wayne was entering the operating room. The urologist testified that John Wayne &#8220;had a complete amputation of the penis [...] severed right at the body wall.&#8221; Id. at 75. Yet, &#8220;fortunately it had been brought to the hospital on ice by the police department in very good condition and the first thing, of course, I had to inspect it and it appeared very clean and very undamaged in every respect apart from obviously this cut. And it appeared that we had a good chance to re-implant it.&#8221; Id. at 77. The testimony included three photos of the severed penis and its process of reattachment. John Wayne later thanked on national television his surgeons for the wonderful job of reconstruction. Id. at 40.<a href="#refmark-8">↵</a></li>
<li id="footnote-9" class="fn-text">Kim Masters, Sex, Lies and an 8-inch Carving Knife, Vanity Fair, November 1993, at 170.<a href="#refmark-9">↵</a></li>
<li id="footnote-10" class="fn-text">Melissa Deem, From Bobbitt to SCUM: Re-memberment, Scatological Rhetorics, and Feminist Strategies in the Contemporary United States, 8 Public Culture 511, 516 (1996).<a href="#refmark-10">↵</a></li>
<li id="footnote-11" class="fn-text">Elizabeth Gleick &amp; Rochelle Jones, Battle of the Bobbitts, People, November 22, 1993, at 57-58.<a href="#refmark-11">↵</a></li>
<li id="footnote-12" class="fn-text">Deem, supra note 10 at 516.<a href="#refmark-12">↵</a></li>
<li id="footnote-13" class="fn-text">Clearly breast replacement surgery after a mastectomy and breast enlargements or cosmetic surgeries figure prominently in media representations and discussions of women’s bodies, but they are driven to a significant degree by male desire contrary to the breast rescue mission which invokes a scenario of abuse.<a href="#refmark-13">↵</a></li>
<li id="footnote-14" class="fn-text">Transcript, supra note 1 at 211.<a href="#refmark-14">↵</a></li>
<li id="footnote-15" class="fn-text">Id.<a href="#refmark-15">↵</a></li>
<li id="footnote-16" class="fn-text">SHOSHANA FELMAN, THE JURIDICAL UNCONSCIOUS 82 (Harvard University Press 2002).<a href="#refmark-16">↵</a></li>
<li id="footnote-17" class="fn-text">Id. at 60-61.<a href="#refmark-17">↵</a></li>
<li id="footnote-18" class="fn-text">Id. at 61.<a href="#refmark-18">↵</a></li>
<li id="footnote-19" class="fn-text">Id. at 60-61.<a href="#refmark-19">↵</a></li>
<li id="footnote-20" class="fn-text">Id. at 79<a href="#refmark-20">↵</a></li>
<li id="footnote-21" class="fn-text">This latter point is addressed in detail in the third section of the published article. Said section analyzes the stories put forward by both the defense and the prosecution and how they reenacted highly problematic racial and sexual tropes characteristic of the coloniality of power.<a href="#refmark-21">↵</a></li>
<li id="footnote-22" class="fn-text">Frances Aparicio (interviewed by Juan Zevallos Aguilar), Latino Cultural Studies, in CRITICAL LATIN AMERICAN AND LATINO STUDIES 3, 25 (Juan Poblete ed., University of Minnesota Press 2003). &#8220;Many oppositional cultural practices are tropicalized in this way. Hegemonic tropicalization gives way to a discourse that delineates the Latino as an exotic and primitive other, the dominant society’s object of desire. These discourses continue unabated in tourism, education, cinema, music and literature.&#8221; Id. at 29.<a href="#refmark-22">↵</a></li>
<li id="footnote-23" class="fn-text">This latter point is addressed in detail in the fourth section of the long English version of the published article. Said section analyzes Lorena’s performance at trial from the perspective of Butler’s theory of gender performativity.<a href="#refmark-23">↵</a></li>
<li id="footnote-24" class="fn-text">Suzana Sawyer, Bobbittizing Texaco: Dis-membering Corporate Capital and Re-membering the Nation in Ecuador, 17 Cultural Anthropology 150 (2002).<a href="#refmark-24">↵</a></li>
<li id="footnote-25" class="fn-text">Butler distinguishes between domesticated and subversive parodic appropriations: &#8220;Parody by itself is not subversive, and there must be a way to understand what makes certain kinds of parodic repetitions effectively disruptive, truly troubling, and which repetitions become domesticated and recirculated as instruments of cultural hegemony. A typology of actions would clearly not suffice, for parodic displacements, indeed, parodic laughter, depends on context and reception in which subversive confusions can be fostered.&#8221; JUDITH BUTLER, GENDER TROUBLE: FEMINISM AND THE SUBVERSION OF IDENTITY 139 (Routledge 1990).<a href="#refmark-25">↵</a></li>
</ol>
</div>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F10%2F10%2Fthe-invisibility-of-the-battered-face-escrito-inedito%2F&amp;linkname=The%20%28In%29Visibility%20of%20the%20Battered%20Face%20%28escrito%20in%C3%A9dito%29" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F10%2F10%2Fthe-invisibility-of-the-battered-face-escrito-inedito%2F&amp;linkname=The%20%28In%29Visibility%20of%20the%20Battered%20Face%20%28escrito%20in%C3%A9dito%29" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" height="16" alt="Facebook"/></a><a 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		<title>Penes, rostros y derecho: Introducción a &#8220;The (In)Visibility of the Battered Face&#8221;</title>
		<link>http://derechoalderecho.org/2011/09/28/penes-rostros-y-derecho-introduccion-a-the-invisibility-of-the-battered-face/</link>
		<comments>http://derechoalderecho.org/2011/09/28/penes-rostros-y-derecho-introduccion-a-the-invisibility-of-the-battered-face/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 28 Sep 2011 23:54:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Chloé Georas</dc:creator>
				<category><![CDATA[Arte y derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
		<category><![CDATA[Teoría]]></category>
		<category><![CDATA[colonialidad]]></category>
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		<category><![CDATA[Lorena Bobbit]]></category>
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		<description><![CDATA[Por: Chloé Georas. Mi artículo “Colonialidad, “performance” y género: La saga de Lorena Bobbitt” ha sido publicado en cuatro ocasiones, una publicación en inglés de una versión larga y tres publicaciones en español de una versión más corta. [1] No obstante, queda una sección final titulada “The (In)visibility of the Battered Face” que nunca publiqué. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/cgeoras/" title="Posts by Chloé Georas" rel="author">Chloé Georas</a>. </p><p class="dropcap-first">Mi artículo “Colonialidad, “performance” y género: La saga de Lorena Bobbitt” ha sido publicado en cuatro ocasiones, una publicación en inglés de una versión larga y tres publicaciones en español de una versión más corta. <a href="#f1"> [1]</a> No obstante, queda una sección final titulada “The (In)visibility of the Battered Face” que nunca publiqué. No sé si fue un acto de auto-censura dado el conservadurismo de toda índole que arropa nuestro país, pero me he quedado con la espinita de que no lo publiqué y decidí lanzarlo a través del espacio de Derecho al derecho.</p>
<p>Para contextualizar la sección inédita, aún en inglés, incluyo una introducción en español para facilitar al menos parte de la lectura para aquellos que no dominen bien el inglés.</p>
<h3>El Corte Más Cruel <a href="#f2"> [2]</a></h3>
<p>El 23 de junio de 1993 en Manassas, Virginia, luego de años de abuso verbal y físico que según testimonios culminó en otro episodio de violación marital, Lorena Bobbitt tomó un cuchillo de mesa de mango rojo y ocho pulgadas de largo y le cortó el pene a su esposo y ex-Marine, John Wayne Bobbitt. <a href="#f3"> [3]</a> Se fugó en un carro, llevándose el pene que luego descartó en un área de vegetación, donde fue rescatado <a href="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/photo.jpg" rel="lightbox[2412]"><img class="alignnone size-medium wp-image-2424" src="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/photo-279x300.jpg" alt="" width="279" height="300" /></a>por una brigada de rescate policíaco y reenlazado quirúrgicamente al cuerpo de su esposo. John Wayne fue enjuiciado y absuelto de los cargos de violación marital. Enfrentando una posible condena de hasta veinte años por daño doloso, Lorena alegó no recordar el acto e invocó las defensas de incapacidad mental y el Síndrome de la Mujer Maltratada en respuesta al argumento del fiscal de que fue un acto de venganza. Lorena fue juzgada no culpable por razón de incapacidad mental y pasó meramente unos días en un hospital mental antes de ser puesta en libertad. <a href="#f4"> [4]</a></p>
<p>A través de su corte transgresivo “sentido alrededor del mundo”, <a href="#f5"> [5]</a> Lorena Bobbitt no sólo amputó el órgano que simbolizaba su miseria, sino que logró fama instantánea. La maquinaria globalizada de los medios de comunicación diseminó la infame saga de Bobbitt, apropiada de maneras variadas según ansiedades culturales profundamente enraizadas.</p>
<p>En el artículo exploré cómo diferentes acercamientos teóricos a los aspectos narrativos, performativos y culturales de los juicios, especialmente los juicios famosos, articularon la fascinación del público con la saga de Bobbitt. La versión abreviada en español del artículo contiene tres secciones: La primera sección contextualiza el escenario del caso al explorar la localización de los latinos en el imaginario social americano y trans-americano con un énfasis particular en los debates poscoloniales de la “colonialidad del poder”. La segunda sección explora cómo los análisis narrativos y performativos pueden ofrecer interpretaciones nuevas de los juicios famosos para apreciar mejor sus implicaciones culturales y políticas. La tercera sección analiza las historias presentadas por la defensa y la fiscalía y cómo éstas reinscriben tropos de índole racial y sexual, altamente controvertidos, característicos de la colonialidad del poder. <a href="#f6"> [6]</a> La versión larga en inglés contiene, además de las secciones mencionadas, una cuarta sección que analiza el “performance” de Lorena en el juicio desde la perspectiva de la performatividad de género teorizada por Judith Butler y discute la estrategia legal de presentar a Lorena como la inmigrante suplicante. <a href="#f7"> [7]</a> La quinta y última sección es la que ha permanecido inédita, la cual analiza los niveles variables de (in)visibilidad del rostro maltratado de Lorena en los múltiples anillos de espectadores que participaron de la saga de Bobbitt (por ejemplo, las maquinarias mediáticas, el juicio y las audiencias internacionales) y hace hincapié en la ambivalencia terminal de la localización de Lorena en el imaginario social trans-americano.</p>
<p>Luego de esta introducción, mi próximo &#8220;post&#8221; será precisamente dicha sección inédita titulada &#8220;The (In)Visibility of the Battered Face&#8221;.</p>
<p><strong>Notas al Calce</strong></p>
<p><a name="f1"></a>[1] La publicación larga en inglés se titula “Performance, Literary and Cultural Studies in the Courtroom and Beyond: The Bobbitt Saga” y fue publicada en la Revista Jurídica del Colegio de Abogados de Puerto Rico (2008). Las tres publicaciones en español son de una versión más sintetizada y fueron en la Revista Electrónica del Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales Ambrosio Lucas Gioja (2011) (http://www.derecho.uba.ar/revistagioja/articulo_esp.php?ided=6&amp;idsec=11&amp;art=98); en la antología, impresa y digital, Derecho, género e igualdad: Cambios en las estructuras jurídicas androcéntricas del Centre Antígona de la Universidad Autónoma de Barcelona (2010) (http://centreantigona.uab.cat/docs/VOL1.pdf); y, en ocasión del Encuentro Académico Latinoamericano: Justicia, Género y Sexualidad de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile (2010) fue seleccionado para una publicación digital (http://www.redalas.net/images/stories/actividades/ponencias-encuentro/ChloeGeoras.pdf).</p>
<p><a name="f2"></a>[2] The Unkindest Cut of All: Enough Already, U.S. News &amp; World Report, 31 de enero de 1994, a la página 14.</p>
<p><a name="f3"></a>[3] En lo sucesivo Lorena Bobbitt será abreviada como “Lorena” y John Wayne Bobbitt como “John Wayne”.</p>
<p><a name="f4"></a>[4] Pasajes del juicio en este artículo fueron publicados por PETER KANE, THE BOBBITT CASE: TRANSCRIPTS OF THE SEX TRIAL THAT SHOCKED THE WORLD (Pinnacle Books, 1994). En lo sucesivo será abreviado como “Transcripción”.</p>
<p><a name="f5"></a>[5] Rush Limbaugh, No Tears for Lorena, Newsweek, 24 de diciembre de 1994, a la página 56.</p>
<p><a name="f6"></a>[6] Pueden leer la versión en español que contiene las mencionadas tres secciones en los enlaces provistas en la nota al calce <a name="f1"></a>[1].</p>
<p><a name="f7"></a>[7] Esta cuarta sección sólo está disponible en la versión impresa del artículo en inglés, mencionada en la nota al calce <a name="f1"></a>[1].</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F09%2F28%2Fpenes-rostros-y-derecho-introduccion-a-the-invisibility-of-the-battered-face%2F&amp;linkname=Penes%2C%20rostros%20y%20derecho%3A%20Introducci%C3%B3n%20a%20%E2%80%9CThe%20%28In%29Visibility%20of%20the%20Battered%20Face%E2%80%9D" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F09%2F28%2Fpenes-rostros-y-derecho-introduccion-a-the-invisibility-of-the-battered-face%2F&amp;linkname=Penes%2C%20rostros%20y%20derecho%3A%20Introducci%C3%B3n%20a%20%E2%80%9CThe%20%28In%29Visibility%20of%20the%20Battered%20Face%E2%80%9D" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img 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		<title>Atando los cabos sueltos del machismo en el sistema judicial de Puerto Rico</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Aug 2011 20:11:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aníbal Rosario Lebrón</dc:creator>
				<category><![CDATA[Evidencia]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Penal]]></category>
		<category><![CDATA[TSPR]]></category>
		<category><![CDATA[tribunales]]></category>
		<category><![CDATA[Violencia Machista]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Aníbal Rosario Lebrón. En un país de menos de cuatro millones de habitantes en el que en apenas siete meses han muerto al menos 25 mujeres por causa de la violencia machista, no es de extrañar que se pregone por todos los rincones el mito de las mujeres que abusan del sistema judicial mediante [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/arosario/" title="Posts by Aníbal Rosario Lebrón" rel="author">Aníbal Rosario Lebrón</a>. </p><p class="dropcap-first">En un país de menos de cuatro millones de habitantes en el que en apenas siete meses han muerto al menos <strong>25</strong> <strong>mujeres</strong> por causa de la violencia machista, no es de extrañar que se pregone por todos los rincones el mito de <strong>las mujeres que abusan del sistema judicia</strong>l mediante la fabricación de casos de violencia doméstica en contra de sus (ex)parejas. Lo promueven esos machos que gritan, empujan, abusan, destruyen psiquis y matan mujeres a diario como “defensa a su honra”; tratando de escapar así de las consecuencias legales y morales de sus actos. Lo promueven las abogadas y los abogados de defensa como recurso para obtener veredictos de no culpabilidad a favor de sus clientes, sin pensar en las consecuencias que sus actos tienen en la promoción de una violencia que ha hecho – y continúa a hacer –  estragos en nuestra sociedad.  Lo promueven los jueces y las juezas  que reducen sentencias porque aún piensan que asesinar a una (ex)pareja  por un “ataque de celos” no es un acto premeditado, sino un acto de súbita pendencia o un arrebato de cólera.  Lo promueven los medios de comunicación con las intrigas novelísticas en que <strong>mujeres despechadas o malvadas</strong> toman venganza y  destruyen la reputación de <em>santos varones</em> al acusarlos de tan vil crimen. Y lo promueven las mujeres y hombres que con su silencio y anuencia llegan a veredictos  – dentro y fuera del tribunal –  de no culpabilidad basándose únicamente en el mito de <strong>la mujer mentirosa  que abusa del sistema judicial</strong>. Pero que lo promueva – bien sea por inadvertencia – el propio sistema de justica, es una acción intolerable que debe ser rechazada y corregida prontamente por nuestras legisladoras y legisladores y por el Tribunal Supremo de Puerto Rico.</p>
<p><a href="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/domestic-violence1.jpg" rel="lightbox[2404]"><img class="alignnone size-full wp-image-2410" title="Domestic Violence por Garry Weaser, Todos los derechos de autor sobre la fotografía están reservados. http://www.guardian.co.uk/society/2010/aug/04/government-shelves-domestic-violence-scheme" src="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/domestic-violence1.jpg" alt="" width="299" height="203" /></a>Recientemente, lo sencillo que es manipular el sistema de justicia para promover este mito de la <strong>mujer que abusa del sistema judicial</strong> y perpetuar los esquemas de machismo que nos destruyen quedó evidenciado en el  caso de violencia doméstica en contra del ex-representante Luis Farinacci. El jurado encontró no culpable al ex-representante, aunque varios testigos corroboraron lo alegados actos de violencia que sufrió la señora Liza Yajaira Rivera por parte de Farinacci. ¿Qué creó la duda razonable en el jurado? Una solicitud de préstamo que había presentado Liza Yajaira para comprarse un auto de lujo en la cual mintió. La defensa aprovechó este acto previo de mendacidad no relacionado con la acusación de violencia doméstica  para desacreditar la credibilidad de Liza Yajaira. Con ese simple acto de mendacidad la defensa consiguió acceso directo al imaginario que impera en la Isla de la <strong>mujer despechada/malvada que abusa del sistema judicial por venganza o simplemente para mortificar a su ex(pareja)</strong>. Una vez allí, el asunto fue bastante sencillo.</p>
<p>Liza Yajaira dejó de ser la alegada víctima de actos horrendos, para convertirse en <strong>una mentirosa más</strong>; en una de esas <strong>mujeres</strong> <strong>que mienten y quieren destruir a sus (ex)parejas</strong> acusándolos de violencia doméstica porque sufren de despecho o simplemente gozan de importunar a sus (ex)parejas para obtener lo que de otro modo no pueden obtener. La alegada víctima pasó a ser la alegada agresora. Liza Yajaira por haber mentido una que otra vez en su pasado, <strong>por ser mujer</strong> – <strong>sobre todo por ser mujer</strong> –,  y por hablar de violencia machista en los tribunales era ahora <strong><em>la mujer despechada</em></strong><em> <strong>que fabrica casos de violencia doméstica</strong></em>. Así el trabajo de la Fiscalía fue transformado por la defensa. Fiscalía ya no debía probar que Farinacci la maltrataba, debía probar que Liza Yajaira no quería hacerle daño a su alegado agresor y que estaba allí porque verdaderamente era una víctima y no una <strong>mujer despechada o malvada</strong>. Y todo eso sólo porque mintió una vez para comprarse un auto de lujo.</p>
<p>¿Qué tiene que ver la gimnasia con la magnesia? Pues usualmente nada. Para eso es que hemos creado un sistema probatorio; para evitar que actos que no tienen nada que ver con lo que se juzga sean tomados en cuenta por los juzgadores; para que nuestros prejuicios no se conviertan en los dictadores de sentencias; para poder encontrar la verdad y hacer justicia. Sin embargo, el sistema nunca es perfecto y siempre quedan algunos cabos sueltos. Cabos sueltos que a veces suelen ser muy peligrosos cuando se combinan con culturas de odio. Cabos sueltos que puede derrocar la justicia cuando son aprovechados por grupos que pretenden preservar su poder mediante la subyugación de otros. En este caso, como en el pasado, esos cabos sueltos perjudican grandemente a <strong>las mujeres</strong>.</p>
<p>En el pasado nuestro sistema probatorio debió atar los cabos sueltos de las reglas de evidencia y de los estatutos penales y civiles que obstaculizaban el debido juzgamiento de las agresiones sexuales y actos de hostigamiento sexual en contra de las mujeres.<a title="" href="#_ftn1">[1]</a> Tuvimos que ajustar las reglas para que las mujeres pudieran testificar sin miedo a ser victimizadas y juzgadas por sus decisiones en el pasado. En el pasado ajustamos las reglas para que esos cabos sueltos del machismo no se convirtieran en fuente de subyugación y el sistema judicial quedara libre de la violencia en contra de las mujeres imperante en nuestra sociedad. Así, se logró deshacerse de los factores que desincentivaban a las mujeres a acudir a los tribunales a buscar amparo para este tipo de agresiones al tiempo que se preservaba el derecho de todo acusado a un juicio justo y a impugnar la prueba en su contra.</p>
<p>Hoy, llega el momento de atar esos cabos sueltos del machismo nuevamente.  Nuestro País necesita que <strong>las mujeres </strong>se sientan cómodas en acudir a los tribunales y denunciar los actos de violencia en su contra sin temer por ser demonizadas como <strong>mentirosas, despechadas y malvadas</strong>. Es el momento de que el sistema juzgue adecuadamente los crímenes de violencia doméstica. Hace falta mucho más que salas especializadas de violencia doméstica. Hace falta que el sistema reconozca que es víctima y partícipe de esa violencia machista que ha matado e incapacitado a miles de mujeres en nuestro País.</p>
<p>Hablo de <strong>las mujeres</strong>, aunque una reforma aplique a todas las víctimas de violencia doméstica, porque estos cabos sueltos que permiten la impugnación de la alegada víctima de violencia doméstica por cualquier acto de mendacidad afecta casi exclusivamente a <strong>las mujeres</strong>. Por ejemplo, si el caso de Farinacci hubiera sido a la inversa la defensa no hubiera tenido disponible el imaginario del hombre despechado/malvado que miente para hacerle daño a su agresora. Por el contrario, en el imaginario puertorriqueño estaría la idea un hombre “afeminado”, “medio hombre” que es víctima de su mujer. Por tanto, sería imposible que mintiera en este caso aun si lo hubiera hecho en el pasado, porque “humillarse” y “renunciar a su masculinidad” así voluntariamente en público no es un recurso disponible para los hombres a menos que los eventos hayan ocurrido en realidad.</p>
<p>El caso no es igual para <strong>las mujeres</strong>, el imaginario político y machista de nuestro pueblo hace que un simple acto de mendacidad la coloque en una posición precaria, en la posición de la <strong>mujer despechada o malvada que abusa del sistema judicial</strong>. Aun cuando existan testigos que puedan verificar su versión y que no puedan ser desacreditados por actos de mendacidad, este imaginario es casi imposible de superar. Los testigos que pueden verificar los actos de violencia – que en la mayoría de los casos son casi inexistentes, ya que la violencia suele ocurrir en la vida íntima de la pareja – no suelen servir para superar esta visión peyorativa de las víctimas de violencia doméstica, ya que por la naturaleza de estos actos estos testigos suelen estar asociados por lazos sanguíneos o emocionales a la alegada víctima. Así que la desacreditación de la credibilidad de la alegada víctima se propaga instantáneamente a los otros testigos de la Fiscalía, ya que los testigos suelen considerarse como que están viciados a favor de la alegada víctima por los lazos que los unen con ella.  De este modo, el imaginario de la<strong> mujer despechada/malvada que abusa del sistema judicial </strong>controla el juicio aprovechándose de esos cabos sueltos en el derecho probatorio y ningún testigo de corroboración puede hacer mucho para cambiar ese panorama y punir al verdadero agresor.</p>
<p>¿Pero cuáles específicamente son esos cabos sueltos?  Se trata de poder traer prueba con poco valor probatorio debido a su falta de pertinencia o bajo nivel de pertinencia pero con un alto valor inflamatorio para el testimonio de la alegada víctima al tiempo que se permite que prejuicios sean los principios juzgadores del caso.  Si bien la Regla 401 de Evidencia establece que “[e]videncia pertinente es aquélla que tiende a hacer la existencia de un hecho, que tiene consecuencias para la adjudicación de la acción, más probable o menos probable de lo que sería sin tal evidencia” y la mentira en una solicitud en un préstamo de auto no tiende a probar la existencia de una acto de violencia doméstica, la propia regla provee para que este acto inconexo con la acusación se vuelva pertinente. La regla provee a su vez que evidencia pertinente incluye aquélla “que sirva para impugnar o sostener la credibilidad de una persona testigo o declarante.”</p>
<p>Si bien todos somos conscientes que una mentira no hace a una persona un mentiroso recurrente, al igual que un solo asesinato no convierte a una persona en asesino recurrente. Las reglas de evidencia parecen obviar ese primer pequeño destello de sabiduría común a favor tanto de las personas acusadas de un delito como las demandadas en una causa de acción civil.   Así  la regla 609 provee que en el contrainterrogatorio se podrá inquirir sobre actos específicos de veracidad o mendacidad<strong> a discreción del tribunal</strong> para impugnar el carácter mendaz o veraz del testigo si bien no se permitirá prueba extrínseca sobre ello. Esta discreción del Tribunal debería estar un poco más limitada en los casos de violencia doméstica, para que la defensa no pueda utilizar actos específicos de mendacidad de la alegada víctima no relacionados con la acusación para argumentar que es <strong>una</strong> <strong>mujer que abusa del sistema judicial</strong> que acusa falsamente al acusado sin más prueba que aquella de que mintió en el pasado en nada que tiene que ver con un procedimiento judicial o con la acusación de violencia doméstica, y que el acusado está sufriendo los efectos negativos comúnmente asociados a ser acusado de un delito. De este modo, se propendería un verdadero ambiente seguro y empático a las víctimas de violencia doméstica más allá del de las salas especializadas; y el Estado sería un partícipe activo en la erradicación de una cultura machista que destruye cada día con más fuerza la sociedad puertorriqueña.</p>
<p>Una posible enmienda a las Reglas de Evidencia a estos efectos podría ser la siguiente.</p>
<p><strong>REGLA 615. IMPUGNACIÓN MEDIANTE CONDUCTA ESPECÍFICA EN CASOS DE VIOLENCIA DOMÉSTICA</strong></p>
<p>(A) En cualquier acción criminal  en la que se alegue conducta constitutiva del delito de violencia doméstica, se podrá inquirir en el contrainterrogatorio sobre actos específicos de veracidad o mendacidad de la alegada víctima según se dispone en la Regla 609 siempre y cuando el Tribunal luego del procedimiento provisto en esta regla determine que la defensa posee prueba para demostrar al juzgador que la alegada víctima intenta acusar maliciosamente o falsamente a la persona acusada.</p>
<p>(B) Procedimiento para determinar si se podrá inquirir sobre actos específicos de veracidad o mendacidad de la alegada víctima</p>
<p>(1) La determinación en cuanto a si la persona acusada podrá inquirir en el  contrainterrogatorio sobre actos específicos de veracidad o mendacidad de la alegada víctima, la hará una Jueza o un Juez distinto al que interviene en la consideración de los méritos de la acción criminal en una vista en la que se brinde a las partes la oportunidad de presentar prueba al respecto. El acusado deberá:</p>
<p>(a) presentar una moción sostenida en declaración jurada en la cual describa de forma específica:</p>
<p>i.            la evidencia en la que pretende basar su contrainterrogatorio,</p>
<p>ii.            que  además del acto específico de mendacidad de la alegada víctima no relacionado con el caso en cuestión posee evidencia de que la alegada víctima ha mentido en procedimiento judiciales anteriores o que miente en la presente acusación de violencia doméstica,</p>
<p>iii.            que  posee prueba que la alegada víctima desea causar daños a la persona acusada mediante la acusación más allá de los efectos negativos comúnmente asociados a ser acusado de un delito,</p>
<p>iv.            el propósito del contrainterrogatorio;</p>
<p>(b) someter la moción por lo menos 14 días antes del juicio, excepto si el Tribunal, por justa causa, establece un plazo distinto o permite que se presente durante el juicio;</p>
<p>(c) notificar la moción al Ministerio Público y a la alegada víctima. Cuando ésta sea menor o incapacitada, la notificación deberá efectuarse a su tutor o representante legal.</p>
<p>(2) Al terminar la vista, si el Tribunal determina que el contrainterrogatorio sobre actos específicos de veracidad o mendacidad de la alegada víctima que se propone realizar la persona acusada es pertinente y que su naturaleza inflamatoria o perjudicial no tendrá un peso mayor que su valor probatorio, dictará una orden escrita indicando que dicha línea de interrogatorio es permitida y determinará la extensión de dicho cuestionamiento. La persona acusada entonces podrá realizar el contrainterrogatorio sobre actos específicos de veracidad o mendacidad de la alegada víctima de acuerdo con la orden del Tribunal.</p>
<p>Este texto garantizaría los derechos del acusado a un juicio justo y a impugnar la prueba en su contra a la vez que proveería a las víctimas las garantías necesarias para entrar a un proceso judicial en el que no sean doblemente victimizadas.  Así podríamos encaminarnos a atar todos esos cabos sueltos en el derecho probatorio que continúan a ser espacio para el machismo y la violencia. Esperemos que esta corta reflexión mueva a nuestras legisladoras y legisladores así como a nuestras juezas y jueces del Tribunal Supremo a atar los cabos sueltos del machismo en el sistema judicial de Puerto Rico.</p>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ftnref1">[1]</a> Véase la Ley núm. 16 de 1998; RR. 412-413 de Evidencia; <span style="text-decoration: underline;">Comisión para los Asuntos de la Mujer v. Giménez Muñoz</span>, 109 DPR 715 (1980).</p>
</div>
</div>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F08%2F17%2Fatando-los-cabos-sueltos-del-machismo-en-el-sistema-judicial-de-puerto-rico%2F&amp;linkname=Atando%20los%20cabos%20sueltos%20del%20machismo%20en%20el%20sistema%20judicial%20de%20Puerto%20Rico" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F08%2F17%2Fatando-los-cabos-sueltos-del-machismo-en-el-sistema-judicial-de-puerto-rico%2F&amp;linkname=Atando%20los%20cabos%20sueltos%20del%20machismo%20en%20el%20sistema%20judicial%20de%20Puerto%20Rico" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img 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		<title>Interpretación Discriminatoria y Odiosa</title>
		<link>http://derechoalderecho.org/2011/03/26/interpretacion-discriminatoria-y-odiosa/</link>
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		<pubDate>Sat, 26 Mar 2011 16:06:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Esther Vicente</dc:creator>
				<category><![CDATA[Constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
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		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[discrimen]]></category>
		<category><![CDATA[discrimen por género]]></category>
		<category><![CDATA[fundamentalismo]]></category>
		<category><![CDATA[interpretación]]></category>
		<category><![CDATA[Ley 54]]></category>
		<category><![CDATA[Nueva Mayoría]]></category>
		<category><![CDATA[violencia doméstica]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Esther Vicente. La denuncia expone que el día de los hechos el señor Flores Flores cruzó su vehículo frente al automóvil de la perjudicada, le quitó las llaves, se montó en el auto y comenzó a discutir con ella y a golpearla. Cuando la perjudicada intentó salir del vehículo, el acusado la sujetó fuertemente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/evicente/" title="Posts by Esther Vicente" rel="author">Esther Vicente</a>. </p><p class="dropcap-first">La denuncia expone que el día de los hechos el señor Flores Flores cruzó su vehículo frente al automóvil de la perjudicada, le quitó las llaves, se montó en el auto y comenzó a discutir con ella y a golpearla. Cuando la perjudicada intentó salir del vehículo, el acusado la sujetó fuertemente por el brazo, la haló y agarró por el pelo y le apretó fuertemente el cuello, causándole marcas.</p>
<p>La interpretación del alcance de la Ley 54, esbozada por el Juez Asociado del Tribunal Supremo señor Kolthoff Caraballo, en el caso <a href="http://derechoalderecho.org/wp-content/uploads/110324desicionsupremoley54-1.pdf"><em>Pueblo v. Flores Flores</em>, del 23 de marzo de 2011,</a> deja sin la protección que provee la Ley 54 a la perjudicada de tan claro acto de maltrato agravado. No sólo priva a la mujer que tuvo que enfrentar tan duro evento, sino que envía un mensaje a los operadores del sistema de justicia de que la Ley 54 sólo ha de utilizarse para proteger a aquellas personas que se conformen a un particular estilo de vida – personas en relación de pareja matrimonial tradicional.</p>
<p>La opinión del Juez Kolthoff constituye un tortuoso malabarismo que maltrata y lacera una pieza legislativa que ha provisto remedios a miles de personas agobiadas por la violencia en la pareja. También agrede el derecho a la igual protección de las leyes y discrimina contra un sector importante de la sociedad puertorriqueña – las mujeres sobrevivientes de violencia doméstica en una relación de pareja con un hombre distinto al marido o quien está casado con otra mujer. <span id="more-2052"></span></p>
<p>La Ley Número 54 del 15 de agosto de 1989 se diseñó, se redactó, se defendió y se promulgó con el propósito expreso de proveer protección a la vida, a la seguridad y a la dignidad de las sobrevivientes de violencia en la relación de pareja. No se adoptó para proteger a la familia. Tanto es así que los remedios que provee garantizan el desalojo del agresor y su arresto inmediato, sacándolo así de la vida <em>familiar</em> que la conducta violenta ya ha destruido.</p>
<p>Al participar en la redacción y defensa del proyecto de ley que se convirtió en la Ley 54 el movimiento de mujeres se aseguró de que se extendiera la protección de la Ley al mayor número posible de personas afectadas por este mal social. Por ello se definió específicamente la relación de pareja como aquella existente entre cónyuges, ex cónyuges, cohabitantes, ex cohabitantes, personas que sostienen o han sostenido una relación consensual íntima y las que han procreado un hijo o una hija en común. Esta definición fue objeto de múltiples discusiones y fue acogida por los y las legisladoras tras convencerse de que el movimiento de mujeres no aceptaría una ley que limitara la protección a las parejas tradicionales.</p>
<p>La Ley 54 es un logro del movimiento de mujeres en Puerto Rico y se aprobó gracias al esfuerzo concertado y constante de grupos y organizaciones diversas que defienden los derechos de las mujeres en nuestro país. No fue una dádiva de los que detentaban el poder en el 1989, sino el producto del reclamo y del trabajo político y jurídico de varios años.</p>
<p>No cabe duda de que aunque la ley se redactó en lenguaje neutro, las mujeres son las mayores beneficiarias de sus remedios, como lo demuestran los datos que provee la Policía de Puerto – entre un 99% y un 85% de las personas que informan incidentes de violencia, son mujeres. Ello es así porque la violencia en la relación de pareja se alimenta de las visiones y roles estereotipados que promueven la subordinación de las mujeres &#8211; a los que se une el Tribunal Supremo con la sentencia emitida en el caso <em>Pueblo v. Flores Flore</em>s. Y, es que aunque la sentencia emitida en este caso no sienta precedente, sí envía un mensaje sumamente discriminatorio a los operadores del sistema de justicia.</p>
<p>Por voz de tres de sus jueces – el Juez Asociado señor Martínez Torres y la Jueza Asociada señora Pabón Charneco se unieron al ponente &#8211; la mujer que solicitaba protección por un acto de maltrato agravado quedó sin acceso a los remedios que provee la Ley 54. Es lamentable este resultado para una mujer puertorriqueña. Constituye una segunda victimización, la negación de sus derechos constitucionales a la igual protección de las leyes y la violación de su derecho a la garantía constitucional que prohíbe la discriminación.</p>
<p>Se trata de una decisión discriminatoria y odiosa. Discriminatoria porque se ensaña con un sector de la población que no se acomoda a la visión tradicional del tipo de relación de pareja que tenemos derecho a formar en Puerto Rico.  Odiosa, porque abona al clima de prejuicio que aún se respira en esta Isla contra las mujeres que se alejan del mandato fundamentalista de ser hija-madre-esposa abnegada y subordinada.</p>
<p>Ya el Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso <em>Romer v. Evan</em>s de 1996 estableció que este tipo de acción gubernamental, que señala a un sector, le estigmatiza y le niega la protección de la ley es inconstitucional. No puede convertirse en norma en nuestro país la interpretación discriminatoria y odiosa que los jueces Kolthoff, Pabón y Martínez han esbozado sobre el alcance de la Ley 54. Gracias a la intervención acertada de la Jueza Asociada señora Fiol Matta, a la que se unieron la Jueza Asociada señora Rodríguez Rodríguez y el Juez Presidente señor Hernández Denton, esa tragedia constitucional pudo limitarse en su alcance.</p>
<p>Llegado es el momento de asegurarnos que la interpretación discriminatoria y odiosa de la Ley 54 no de al traste con su constitucionalidad.</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F03%2F26%2Finterpretacion-discriminatoria-y-odiosa%2F&amp;linkname=Interpretaci%C3%B3n%20Discriminatoria%20y%20Odiosa" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2011%2F03%2F26%2Finterpretacion-discriminatoria-y-odiosa%2F&amp;linkname=Interpretaci%C3%B3n%20Discriminatoria%20y%20Odiosa" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" height="16" alt="Facebook"/></a><a class="a2a_button_twitter" 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		<title>Seguimos conversando (III): El poder del discurso y Vermont</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Apr 2009 21:14:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hiram Meléndez Juarbe</dc:creator>
				<category><![CDATA[Constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
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		<guid isPermaLink="false">http://derechoalderecho.org/?p=1014</guid>
		<description><![CDATA[Por: Hiram Meléndez Juarbe. Ahora, por vía legislativa, Vermont aprobó el matrimonio entre personas de mismo sexo.  En dos entradas anteriores (1 y 2) me he referido a esta dinámica deliberativa que, en cierta forma, se ha desatado en un mundo post Lawrence v Texas.  Hay que notar el efecto Lawrence sobre el debate público. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/elplandehiram/" title="Posts by Hiram Meléndez Juarbe" rel="author">Hiram Meléndez Juarbe</a>. </p><p class="dropcap-first">Ahora, por vía legislativa, Vermont <a href="http://www.nytimes.com/2009/04/08/us/08vermont.html?_r=1&amp;hp">aprobó el matrimonio entre personas de mismo sexo</a>.  En dos entradas anteriores (<a href="http://derechoalderecho.org/2008/11/05/el-matrimonio-en-california-y-la-conversacion-constitucional/">1</a> y <a href="http://derechoalderecho.org/2009/04/04/matrimonio-y-la-conversacion-constitucional-ii-diez-anos-de-la-clinica-de-discrimen-por-orientacion-sexual/">2</a>) me he referido a esta dinámica deliberativa que, en cierta forma, se ha desatado en un mundo post <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Lawrence_v._Texas">Lawrence v Texas</a>.  Hay que notar el efecto<em> Lawrence</em> sobre el debate público. A pesar de que el Tribunal Supremo explícitamente esquivó el tema del matrimonio (y otros &#8220;beneficios sociales&#8221; como la adopción) y se limitó al asunto de la prohibición criminal a la sodomía (revocando a <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Bowers_v._Hardwick">Bowers v. Hardwick</a>), sin dudas estableció un nuevo punto de partida desde donde todo debate hoy se sostiene. Ya no es premisa legítima, como pudo haber sido bajo <em>Bowers</em>, concebir a parejas del mismo sexo como parias; criminales sin dignidad ni respeto. Hoy la premisa es otra. Y, aunque ello no se debe sólo a <em>Lawrence</em>, sin dudas hay algo de aquello que nos recordaba Bourdieu:  el poder de nombrar (lo legal y lo ilegal) ayuda a constituir nuestra realidad. El poder de <em>Lawrence</em> no está en lo que resolvió, sino en el mundo discursivo que ayudó a construir.</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2009%2F04%2F07%2Fseguimos-conversando-iii-el-poder-del-discurso-y-vermont%2F&amp;linkname=Seguimos%20conversando%20%28III%29%3A%20El%20poder%20del%20discurso%20y%20Vermont" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2009%2F04%2F07%2Fseguimos-conversando-iii-el-poder-del-discurso-y-vermont%2F&amp;linkname=Seguimos%20conversando%20%28III%29%3A%20El%20poder%20del%20discurso%20y%20Vermont" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" height="16" alt="Facebook"/></a><a 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		<title>El menosprecio como objetivo: La Constitucionalidad de la Ley 54</title>
		<link>http://derechoalderecho.org/2009/02/17/el-menosprecio-coomo-objetivo-la-constitucionalidad-de-la-ley-54/</link>
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		<pubDate>Tue, 17 Feb 2009 13:15:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hiram Meléndez Juarbe</dc:creator>
				<category><![CDATA[Constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[TSPR]]></category>
		<category><![CDATA[discrimen]]></category>
		<category><![CDATA[igual protección de las leyes]]></category>
		<category><![CDATA[menosprecio]]></category>
		<category><![CDATA[orientación sexual]]></category>
		<category><![CDATA[Tribunal Supremo]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Hiram Meléndez Juarbe. La llamada Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, Ley Núm. 54 del 15 de agosto de 1989, establece una serie de mecanismos para prevenir y castigar la violencia doméstica en Puerto Rico. Por su texto la ley no establece distinciones por razón de orientación sexual. Explícitamente reconoce [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/elplandehiram/" title="Posts by Hiram Meléndez Juarbe" rel="author">Hiram Meléndez Juarbe</a>. </p><p class="dropcap-first">La llamada Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, Ley Núm. 54 del 15 de agosto de 1989, establece una serie de mecanismos para prevenir y castigar la violencia doméstica en Puerto Rico. Por su texto la ley no establece distinciones por razón de orientación sexual. Explícitamente reconoce protección a personas en una &#8220;relación de pareja&#8221;, término muy amplio e incluyente que cobija una diversa gama de relaciones, incluyendo una relación entre personas &#8220;que sostienen o han sostenido una relación consensual íntima&#8221;. No obstante, en Pueblo v. Leandro Ruiz Martínez (2003), el Tribunal Supremo de Puerto Rico resolvió que las relaciones afectivas reconocidas en la ley se limitan a las sostenidas por personas de sexo distinto. Esta determinación es lamentable: al atribuirle una orientación sexual determinada a un lenguaje neutral, el Tribunal da por sentado que la única concepción imaginable de una relación íntima es la heterosexual y configura una de las exclusiones más burdas en su jurisprudencia. Por esta razón la Ley 54, según interpretada, se abre a un planteamiento constitucional serio.<span id="more-841"></span></p>
<p>En una <a href="http://www.indret.com/code/getPdf.php?id=1212&amp;pdf=594_es.pdf">publicación reciente</a> en la Revista Electrónica de la Universidad Pompeu Fabra, <a href="http://www.indret.com/es/">InDret</a>, analizo este estado de derecho desde el punto de vista de la garantía constitucional a la igual protección de las leyes. Cuando la ley (por sus términos o según interpretada por los tribunales) crea una protección general aplicable a un amplio universo de actividades y personas, pero excluye de esa aplicación a un grupo selecto y discreto igualmente situado a los incluidos en la ley, se crea una fuerte inferencia de que la única razón por la cual opera el destierro legal es el menosprecio; y el menosprecio, por sí solo, nunca es un fin constitucionalmente legítimo. Si no existe una justificación que razonablemente explique por qué se excluyen a parejas homosexuales o lesbianas de la Ley 54, que no sea sencillamente falta de aprobación o desprecio a esos grupos, esta exclusión -­no la ley- es inconstitucional. Puedes descargar el artículo <a href="http://www.indret.com/code/getPdf.php?id=1212&amp;pdf=594_es.pdf">aquí</a>.</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2009%2F02%2F17%2Fel-menosprecio-coomo-objetivo-la-constitucionalidad-de-la-ley-54%2F&amp;linkname=El%20menosprecio%20como%20objetivo%3A%20La%20Constitucionalidad%20de%20la%20Ley%2054" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2009%2F02%2F17%2Fel-menosprecio-coomo-objetivo-la-constitucionalidad-de-la-ley-54%2F&amp;linkname=El%20menosprecio%20como%20objetivo%3A%20La%20Constitucionalidad%20de%20la%20Ley%2054" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" height="16" alt="Facebook"/></a><a 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		<title>La “madre subrogada”: ¿Ni madre, ni subrogada?</title>
		<link>http://derechoalderecho.org/2008/11/21/la-%e2%80%9cmadre-subrogada%e2%80%9d-%c2%bfni-madre-ni-subrogada/</link>
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		<pubDate>Fri, 21 Nov 2008 15:29:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Glenda Labadie Jackson</dc:creator>
				<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
		<category><![CDATA[derecho de familia]]></category>
		<category><![CDATA[madre]]></category>
		<category><![CDATA[madre subrogada]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Glenda Labadie Jackson. Los vertiginosos avances en el campo de la reproducción asistida han puesto de relieve controversias que hace tan sólo unas décadas eran inimaginables. Algunas de las que más notoriedad pública han recibido en el último tiempo giran en torno a la figura de la &#8220;maternidad subrogada&#8221;. La frase &#8220;maternidad subrogada&#8221; -y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/glabadie/" title="Posts by Glenda Labadie Jackson" rel="author">Glenda Labadie Jackson</a>. </p><p class="dropcap-first">Los vertiginosos avances en el campo de la reproducción asistida han puesto de relieve controversias que hace tan sólo unas décadas eran inimaginables. Algunas de las que más notoriedad pública han recibido en el último tiempo giran en torno a la figura de la &#8220;maternidad subrogada&#8221;.</p>
<p>La frase &#8220;maternidad subrogada&#8221; -y otras con mayor y más fuerte carga valorativa como la de &#8220;maternidad por alquiler&#8221;- se ha acuñado para designar los supuestos en los que una mujer accede, a petición de una persona o pareja, a gestar y a dar a luz una criatura con la intención de entregársela cuando nazca.</p>
<p><span id="more-707"></span>Uno de los escenarios más frecuentes de subrogación es aquél en el que una mujer ofrece su útero para recibir un embrión en cuya concepción no ha intervenido y es la pareja o persona peticionaria quien guarda vínculo biológico con la criatura por nacer.</p>
<p>De ahí que, en este contexto resulta imprecisa la frase &#8220;maternidad subrogada&#8221;. Subrogar es &#8220;sustituir o poner una persona o cosa en lugar de otra&#8221;. En consecuencia, aquí sería más atinada la frase &#8220;gravidez subrogada&#8221;, pues de lo que realmente se trata es de &#8220;prestar&#8221; o &#8220;sustituir&#8221; el útero y no la maternidad o la cualidad de madre, que ciertamente puede trascender el criterio biológico.</p>
<p>Hoy día el óvulo, la gestación y el rol social materno pueden ser aportados hasta por tres mujeres distintas. Antes de que ello fuera social y científicamente posible, el Derecho adjudicaba la maternidad a la mujer que diera a luz, lo que no presentaba mayores conflictos no sólo porque la preñez se manifiesta física y externamente, sino también porque los tres mencionados roles solían recaer en una sóla mujer.</p>
<p>Con el advenimiento del método de subrogación la respuesta a la interrogante de a quién el Derecho le reconoce la cualidad de &#8220;madre&#8221; puede presentar agudos conflictos. Claro está, sin un óvulo fertilizado no hay posibilidad de vida, como tampoco la hay si el embrión no puede ser acomodado en el útero de la mujer que lo anida. En caso de suscitarse una controversia, el resultado al que se arribe podría, a primera vista, parecer arbitrario ante la incuestionable realidad de que ambas mujeres son igualmente imprescindibles para darle vida a una criatura. De lo que se trata, pues, es de realizar el delicado y espinoso ejercicio de identificar una solución que acomode los intereses o valores que podrían entrar en conflicto.</p>
<p>La tendencia moderna, que se comienza a dibujar ya en un minoritario, aunque creciente, grupo de jurisdicciones de los Estados Unidos, se perfila hacia el progresivo reconocimiento legal de los acuerdos de subrogación. Se protege con ello la autonomía individual de las personas en el ámbito de la reproducción y en el de las diversas formas de constitución familiar</p>
<p>Comienza a proliferar la visión de que los acuerdos de subroga-ción merecen protección jurídica dada la naturaleza privada de las relaciones entre las partes involucradas. Se valora, además, el dere-cho de la portadora de controlar y tomar decisiones sobre su cuer-po y el derecho fundamental -de la parte peticionaria o de los pe-ticionarios- de concebir y criar a sus hijos, independientemente del método mediante el cual éstos hayan sido concebidos.</p>
<p>Sugiero que el debate se centre en la introspección de nuestra so-ciedad y de nuestras propias familias y en el análisis de cuáles son las cualidades que hacen que una madre o un padre lo sean y si éstas deben ser determinadas primordialmente por vínculos con-sanguíneos. Tal vez el punto de partida, después de todo, se halle en el refranero popular de Puerto Rico que nos recuerda que &#8220;ma-dre no es la que pare&#8221;.</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F11%2F21%2Fla-%25e2%2580%259cmadre-subrogada%25e2%2580%259d-%25c2%25bfni-madre-ni-subrogada%2F&amp;linkname=La%20%E2%80%9Cmadre%20subrogada%E2%80%9D%3A%20%C2%BFNi%20madre%2C%20ni%20subrogada%3F" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F11%2F21%2Fla-%25e2%2580%259cmadre-subrogada%25e2%2580%259d-%25c2%25bfni-madre-ni-subrogada%2F&amp;linkname=La%20%E2%80%9Cmadre%20subrogada%E2%80%9D%3A%20%C2%BFNi%20madre%2C%20ni%20subrogada%3F" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" 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		<title>El matrimonio en California y la conversación constitucional</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Nov 2008 19:01:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hiram Meléndez Juarbe</dc:creator>
				<category><![CDATA[Constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[Derechos Humanos]]></category>
		<category><![CDATA[Familia]]></category>
		<category><![CDATA[derecho al matrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[dignidad]]></category>
		<category><![CDATA[intimidad]]></category>
		<category><![CDATA[matrimonio gay]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: Hiram Meléndez Juarbe. Luego que el Tribunal Supremo de California declarara que, bajo la constitución de este estado, toda persona tenía derecho a contraer matrimonio independiente del sexo de los contrayentes, la ciudadanía californiana aprobó por referendo una enmienda constitucional para proveer que el matrimonio sólo procederá entre personas de sexo opuesto. Para los [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/elplandehiram/" title="Posts by Hiram Meléndez Juarbe" rel="author">Hiram Meléndez Juarbe</a>. </p><p class="dropcap-first">Luego que el Tribunal Supremo de California declarara que, bajo la constitución de este estado, toda persona tenía derecho a contraer matrimonio independiente del sexo de los contrayentes, <a href="http://www.latimes.com/news/local/politics/cal/la-me-gaymarriage6-2008nov06,0,3317246.story">la ciudadanía californiana aprobó por referendo una enmienda constitucional</a> para proveer que el matrimonio sólo procederá entre personas de sexo opuesto.<span id="more-512"></span></p>
<p>Para los que proponemos que el matrimonio debe reconocerse a toda persona, este resultado electoral representa un golpe. Es muy fácil concluir que por contar con el cedazo popular, contrario a la decisión judicial, esta elección es supremamente legítima y, por ende, irrevocable por los tribunales (federales). La democracia, sin embargo, no siempre requiere obediencia ciega a los dictámenes de la mayoría. Fue la mayoría de la población norteamericana la que mantuvo por décadas a ciudadanos bajo un régimen de separación racial y fue esa misma mayoría la que en Puerto Rico aprobó leyes para amordazar la libertad de expresión cuando el movimiento nacionalista brillaba en la isla. La historia se desborda de instancias en que las mayorías abusan y atropellan.</p>
<p>Así, aun cuando la mayoría de la población dispone un mandato claro, estos mandatos deben sujetarse a los principios constitucionales que enmarcan su radio de acción. El respeto a la dignidad humana y el compromiso con la igualdad, así como el respeto a la diferencia, son instancias concretas de valores constitucionales que impiden a las mayorías tomar ciertas decisiones.  Los derechos constitucionales son, precisamente, reclamos que tenemos frente al estado y frente a las mayorías pues sin ellos no podríamos instaurar un sistema respetuoso de los valores políticos (libertad, igualdad, dignidad) que sirven de premisa a todo el sistema. Los derechos constitucionales, entonces, impiden que destrocemos la zapata filosófica sobre la que se monta nuestra vida en comunidad.</p>
<p>Ahora bien, si el referendo en California enseña algo es que hay más de una forma de promover derecho transformador. No sólo a través de los tribunales se canalizan las conversaciones constitucionales. La ciudadanía por sí misma tiene formas para encausar sus propuestas, haciéndose responsables de los cambios sociales y partícipes del proceso político. Esta discusión no sólo es saludable, sino necesaria para desarrollar un sentido maduro de auto determinación política&#8230; para sentirnos capaces de forjar nuestro destino.   El que los Californianos, como sostengo, se hayan equivocado no le resta al hecho de que el proceso político está abierto (en algunos lugares más que en otros) para que mantengamos una conversación seria sobre los asuntos políticos y constitucionales de nuestra era. Ahora bien, esta conversación no puede ni debe excluir a los tribunales pues, si hay una proposición básica a la que debemos estar alerta es que, los pueblos aunque sabios a veces atropellan; y es contra ese atropello que la constitución y los tribunales acuden.</p>
<p>Vamos a ver cómo continúa la conversación en otros lugares del planeta y cómo se involucran los grupos sociales, políticos y las diferentes instituciones del Estado. Lo importante es que la conversación continúe.</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F11%2F05%2Fel-matrimonio-en-california-y-la-conversacion-constitucional%2F&amp;linkname=El%20matrimonio%20en%20California%20y%20la%20conversaci%C3%B3n%20constitucional" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F11%2F05%2Fel-matrimonio-en-california-y-la-conversacion-constitucional%2F&amp;linkname=El%20matrimonio%20en%20California%20y%20la%20conversaci%C3%B3n%20constitucional" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" height="16" alt="Facebook"/></a><a 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		<title>Intimidad e identidad: decisiones fundamentales</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Sep 2008 20:24:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Hiram Meléndez Juarbe</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Por: Hiram Meléndez Juarbe. En otro post comenté en torno al derecho a la intimidad relacionado con el control sobre nuestra información personal, especialmente en la era digital. Sin embargo, el derecho a la intimidad protege nuestra facultad de tomar ciertas decisiones importantes; decisiones que son fundamentales porque a través de ellas definimos parte de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: <a href="http://derechoalderecho.org/author/elplandehiram/" title="Posts by Hiram Meléndez Juarbe" rel="author">Hiram Meléndez Juarbe</a>. </p><p class="dropcap-first">En <a href="http://derechoalderecho.org/2008/09/30/la-constitucion-en-ceros-y-unos-intimidad-y-seguridad-publica/">otro post </a> comenté en torno al derecho a la intimidad relacionado con el control sobre nuestra información personal, especialmente en la era digital. Sin embargo, el derecho a la intimidad protege nuestra facultad de tomar ciertas decisiones importantes; decisiones que son fundamentales porque a través de ellas definimos parte de nuestra identidad. La doctrina constitucional de Estados Unidos clasifica esta modalidad de intimidad bajo el debido proceso de ley sustantivo de la enmienda XIV a la Constitución federal. Nuestra Constitución protege nuestra facultad de tomar estas decisiones íntimas al amparo del derecho a la intimidad y a la dignidad humana en su Artículo II. A través de estas decisiones regimos nuestro destino (individualmente y en relación con otros), decidimos quiénes somos y queremos ser y, por ende, la forma en que nos proponemos vivir. A esos fines, nos recuerda el Tribunal Supremo de Estados Unidos en Casey (posteriormente reiterado en Lawrence v. Texas):<span id="more-277"></span></p>
<blockquote><p>At the heart of liberty is the right to define one’s own concept of existence, of meaning, of the universe, and of the mystery of human life. Beliefs about these matters could not define the attributes of personhood were they formed under compulsion of the State.</p></blockquote>
<p>Las decisiones individuales así protegidas por el Tribunal Supremo desde principios del siglo veinte cubren diversos intereses. Entre éstos podemos mencionar: el uso de anticonceptivos; el aborto; la procreación; el llamado derecho a una muerte digna; el derecho a decidir si queremos o no entrar en relaciones íntimas como el matrimonio o relaciones con personas del mismo sexo, además de otras decisiones sobre la vida en familia. Estos valores, junto a principios de igualdad, se encuentran en el centro de luchas contemporáneas relacionadas con, por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la igualdad de beneficios para estas parejas.</p>
<p>Ahora bien, claramente hay una diferencia entre, por un lado, tener derecho a que el Estado no limite nuestra libertad (como cuando impide el ejercicio de derechos reproductivos) y, por otro lado, tener un derecho afirmativo a que el Estado activamente ofrezca los mecanismos necesarios para que aspiraciones auto definitorias se materialicen. Pero si asumimos con seriedad nuestro compromiso constitucional con valores fundamentales de dignidad e intimidad (vistos desde el punto de vista de la definición personal), veremos que nuestra Constitución impone una obligación al Estado no sólo de impedir violaciones a derechos, sino también de invertir y activamente intervenir en favor de esfuerzos definitorios individuales.</p>
<p>En este sentido, lo que algunos llaman &#8220;beneficios&#8221; gubernamentales como la adopción, el matrimonio, protecciones en el derecho de familia y sucesiones, entre otros, no son meramente dádivas que el Estado puede distribuir con completa discreción&#8230; son mecanismos indispensables para que las personas, ya sea individualmente o en asociación con otros, se definan a sí mismos, por lo que en algún nivel estos mecanismos deben garantizarse por el gobierno. Así pues, ante la decisión profundamente definitoria de entablar relaciones íntimas con otros (sea del sexo que sea) el Estado tiene una obligación de conferir aquellos mecanismos que ayuden a completar procesos íntimos como, por ejemplo, formar una familia y tener la paz y tranquilidad de contar con una red de apoyo legal que le dé estabilidad a su futuro y al de sus seres queridos.</p>
<p>Con la esperanza de que estas aspiraciones se materialicen en nuestra tierra, <a href="http://melendezjuarbe.com/HMJ_Madman.pdf">en un artículo reciente</a> publicado por el <span style="font-style: italic;">Georgetown Journal of Gender and the Law</span>, escribí sobre estos temas. Confío que, como pueblo, desarrollaremos la madurez necesaria para vivir en una sociedad que valore los principios más básicos de libertad, igualdad y dignidad. Sólo es cuestión de tiempo.</p>
<p><a class="a2a_button_printfriendly" href="http://www.addtoany.com/add_to/printfriendly?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="PrintFriendly" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/printfriendly.png" width="16" height="16" alt="PrintFriendly"/></a><a class="a2a_button_facebook" href="http://www.addtoany.com/add_to/facebook?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Facebook" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/facebook.png" width="16" height="16" alt="Facebook"/></a><a class="a2a_button_twitter" href="http://www.addtoany.com/add_to/twitter?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Twitter" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/twitter.png" width="16" height="16" alt="Twitter"/></a><a class="a2a_button_stumbleupon" href="http://www.addtoany.com/add_to/stumbleupon?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="StumbleUpon" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/stumbleupon.png" width="16" height="16" alt="StumbleUpon"/></a><a class="a2a_button_myspace" href="http://www.addtoany.com/add_to/myspace?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="MySpace" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/myspace.png" width="16" height="16" alt="MySpace"/></a><a class="a2a_button_orkut" href="http://www.addtoany.com/add_to/orkut?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Orkut" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/orkut.png" width="16" height="16" alt="Orkut"/></a><a class="a2a_button_technorati_favorites" href="http://www.addtoany.com/add_to/technorati_favorites?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Technorati Favorites" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/technorati.png" width="16" height="16" alt="Technorati Favorites"/></a><a class="a2a_button_blogger_post" href="http://www.addtoany.com/add_to/blogger_post?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Blogger Post" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/blogger.png" width="16" height="16" alt="Blogger Post"/></a><a class="a2a_button_linkedin" href="http://www.addtoany.com/add_to/linkedin?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="LinkedIn" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/linkedin.png" width="16" height="16" alt="LinkedIn"/></a><a class="a2a_button_delicious" href="http://www.addtoany.com/add_to/delicious?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Delicious" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/delicious.png" width="16" height="16" alt="Delicious"/></a><a class="a2a_button_read_it_later" href="http://www.addtoany.com/add_to/read_it_later?linkurl=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;linkname=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" title="Read It Later" rel="nofollow" target="_blank"><img src="http://derechoalderecho.org/wp-content/plugins/add-to-any/icons/read_it_later.png" width="16" height="16" alt="Read It Later"/></a><a class="a2a_dd a2a_target addtoany_share_save" href="http://www.addtoany.com/share_save#url=http%3A%2F%2Fderechoalderecho.org%2F2008%2F09%2F30%2F277%2F&amp;title=Intimidad%20e%20identidad%3A%20decisiones%20fundamentales" id="wpa2a_20">Share/Bookmark</a></p>]]></content:encoded>
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